Domingo, Enero 21, 2018

"Defender el derecho a la vida, a la libertad y a la inviolabilidad de cada persona"

MTI/ Texcoco Mass Media/J. Gabriel Cuevas P.
Publicada: Enero 08, 2018

El Papa Francisco.VATICAN//TEXCOCO PHOTO

CIUDAD DEL VATICANO, Roma.- (Texcoco Press).- Para la Santa Sede “hablar de derechos humanos significa sobre todo proponer de nuevo la dignidad de la persona en tanto que querida y creada por Dios a su imagen y semejanza”. El Papa Francisco habla al Cuerpo diplomático acreditado en el Vaticano y el tradicional discurso con las felicitaciones por el año nuevo es la ocasión para una mirada al estado del mundo según los ojos del otro lado del Tíber. Bergoglio decide detenerse sobre la Declaración universal de los derechos del hombre, firmada en 1948, hace 70 años, uniéndola al mensaje evangélico y a la cercanía mostrada por Jesús a todo ser humano. Al inicio de su largo y articulado discurso el Papa recuerda el centenario del fin de la I Guerra Mundial y cita dos advertencias. La primera: “La paz no significa nunca humillar al rival derrotado. La paz no se construye como la afirmación del poder del vencedor sobre el vencido. Lo que disuade de futuras agresiones no es la ley del temor, sino la fuerza de la serena sensatez que estimula el diálogo y la comprensión mutua para sanar las diferencias”. La segunda advertencia es que “la paz se consolida cuando las naciones se confrontan en un clima de igualdad”. Por esto, explica, es importante recordar que todas las comunidades políticas “son iguales en dignidad natura”. Si no se reconoce la dignidad de cada persona humana, se abre la vía a la difusión de la injusticia, de la desigualdad social y de la corrupción y se puede llegar a la “barbarie”. 

Nuevos derechos y “colonizaciones ideológicas” 

Francisco constata que “a lo largo de los años”, sobre todo después del ’68, “la interpretación de algunos derechos ha ido progresivamente cambiando”, incluyendo “una multiplicidad de «nuevos derechos», no pocas veces en contraposición entre ellos”. Esto ha llevado a la afirmación de “nociones controvertidas de los derechos humanos que contrastan con la cultura de muchos países, los cuales no se sienten por este motivo respetados en sus propias tradiciones socio-culturales, sino más bien desatendidos frente a las necesidades reales que deben afrontar”. Está también “el peligro —en cierto sentido paradójico— de que, en nombre de los mismos derechos humanos, se vengan a instaurar formas modernas de colonización ideológica de los más fuertes y los más ricos en detrimento de los más pobres y los más débiles. El Papa no lo especifica, pero es conocido por muchas de sus intervenciones anteriores que aquí se refiere a campañas de anti-concepción, aborto y promoción de la teoría de género, que se imponen a los países del Tercer Mundo a cambio de ayuda económica.

Niños y ancianos “descartados” 

Entre los derechos fundamentales todavía hoy violados, Bergoglio cita “el primero entre todos el derecho a la vida, a la libertad y a la inviolabilidad de toda persona humana... Pienso sobre todo en los niños inocentes, descartados antes de nacer; no deseados, a veces sólo porque están enfermos o con malformaciones o por el egoísmo de los adultos. Pienso en los ancianos, también ellos tantas veces descartados, sobre todo si están enfermos, porque se les considera un peso. Pienso en las mujeres, que a menudo sufren violencias y vejaciones también en el seno de las propias familias. Pienso también en los que son víctimas de la trata de personas, que viola la prohibición de cualquier forma de esclavitud. ¿Cuántas personas, que huyen especialmente de la pobreza y de la guerra, son objeto de este comercio perpetrado por sujetos sin escrúpulos?”. 

Derecho a la salud 

Francisco pide “el derecho a la salud de las personas y sus familiares... Es importante unir los esfuerzos para que se adopten políticas que garanticen, a precios accesibles, el suministro de medicamentos esenciales para la supervivencia de las personas más necesitadas, sin descuidar la investigación y el desarrollo de tratamientos que, aunque no sean económicamente relevantes para el mercado, son determinantes para salvar vidas humanas”. 

Derecho a la vida, derecho a la paz 

“Defender el derecho a la vida –explica el Papa-- implica también trabajar activamente por la paz, reconocida universalmente como uno de los valores más altos que hay que buscar y defender. Sin embargo, existen graves conflictos locales que siguen incendiando distintas regiones de la tierra”. Los esfuerzos colectivos para parar los conflictos “parecen ser cada vez menos eficaces ante la lógica aberrante de la guerra”. Francisco explica que “el desarme completo y el desarrollo integral están estrechamente relacionados entre sí” y que promover la paz “implica combatir la injusticia y erradicar, de manera no violenta, la causa de las discordias que conducen a las guerras”. La proliferación de armas “agrava ciertamente las situaciones de conflicto y supone grandes costes en términos materiales y de vidas humanas que socavan el desarrollo y la búsqueda de una paz duradera”. El Papa elogia el “resultado histórico alcanzado el año pasado con la aprobación del Tratado sobre la prohibición de armas nucleares” y advierte, con las palabras de la encíclica “Pacem in terris”, de Juan XXIII, de que el riesgo que “un hecho imprevisible” pueda inesperadamente activar el aparato bélico. Con las palabras del Papa Roncalli, Bergoglio repite: “Resulta un absurdo sostener que la guerra es un medio apto para resarcir el derecho violado”. 

El apelo por Corea y Siria 

Francisco considera que “es primordial que se pueda sostener todo esfuerzo de diálogo en la península coreana, con el fin de encontrar nuevas vías para que se superen las actuales confrontaciones”, y también es “importante que continúen las distintas iniciativas de paz a favor de Siria en un clima prepositivo de creciente confianza entre las partes”. “El deseo de todos es que, después de tanta destrucción, llegue el tiempo de la reconstrucción. Pero más que construir edificios es necesario reconstruir los corazones, volver a tejer la tela de la confianza mutua... En este sentido, es vital que se protejan a las minorías religiosas, entre las cuales se encuentran los cristianos, que desde hace siglos contribuyen activamente a realizar la historia de Siria”. El Papa recuerda a los refugiados y pide que “puedan regresar a su patria”, agradeciendo y pidiendo el apoyo de la comunidad internacional para los países que les han acogido, en especial Jordania, Líbano y Turquía. Bergoglio pide diálogo también para Irak, Yemen y Afganistán. 

El nudo de Jersualén y de Venezuela 

Francisco dirige un “pensamiento especial” a los israelíes y palestinos, y “expresa dolor por los que han perdido la vida en los recientes enfrentamientos”, renueva su “llamamiento a ponderar toda iniciativa para que se evite exacerbar las contradicciones”, e invita a “un compromiso por parte de todos para que se respete, en conformidad con las resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas, el status quo de Jerusalén, ciudad sagrada para cristianos, judíos y musulmanes. Setenta años de enfrentamientos obliga a que se encuentre una solución política que permita la presencia en la región de dos Estados independientes dentro de las fronteras internacionalmente reconocidas”. El Papa cita finalmente Venezuela que está atravesando una crisis política y humanitaria cada vez más dramática y sin precedentes. “La Santa Sede, mientras que exhorta a responder sin demora a las necesidades primarias de la población, desea que se creen las condiciones para que las elecciones previstas durante el año en curso logren dar inicio a la solución de los conflictos existentes, y se pueda mirar al futuro con renovada serenidad”. 

África y Ucrania 

Francisco pide no olvidar “el sufrimiento en tantas partes del Continente africano, especialmente en Sudán del Sur, en la República Democrática del Congo, en Somalia, en Nigeria y en la República Centroafricana, en las que el derecho a la vida está amenazado por el abuso indiscriminado de los recursos, por el terrorismo, la proliferación de grupos armados y por los conflictos que perduran”. No basta con indignarse, explica el Papa, “es necesario más bien que cada uno en su ámbito propio se esfuerce activamente por remover las causas de la miseria y construir puentes de fraternidad, premisa fundamental para un auténtico desarrollo humano”. Un compromiso común para “reconstruir puentes es urgente también en Ucrania”, donde el año apenas terminado “ha cosechado nuevas víctimas en el conflicto que aflige al país, y sigue produciendo gran sufrimiento a la población, en particular a las familias que habitan en las zonas afectadas por la guerra y que han perdido a sus seres queridos, con frecuencia ancianos y niños”. 

La familia y sus derechos 

El Papa recuerda que formar una familia es un derecho fundamental y la familia “tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado”. Francisco observa que, “por desgracia, se sabe que la familia, especialmente en Occidente, está considerada como una institución superada. Frente a la estabilidad de un proyecto definitivo, hoy se prefieren vínculos fugaces. Pero una casa construida sobre la arena de los vínculos frágiles e inconstantes no se mantiene en pie”. Se necesita “más bien la roca, sobre la que se establecen cimientos sólidos” que es precisamente “esa comunión de amor, fiel e indisoluble, que une al hombre y a la mujer”. Por esto Bergoglio considera “urgente que se lleven a cabo políticas concretas que ayuden a las familias, de las que por otra parte depende el futuro y el desarrollo de los Estados”. El desinterés por las familias, dice el Papa, “trae además otra dramática consecuencia —especialmente actual en algunas regiones— como es la caída de la natalidad. Estamos ante un verdadero invierno demográfico”. Y no podemos olvidar, añade, “la situación de las familias rotas a causa de la pobreza, de las guerras y las migraciones. Con demasiada frecuencia, tenemos ante nuestros ojos el drama de niños que cruzan solos los confines que separan al norte del sur del mundo, muchas veces víctimas del tráfico de seres humanos”. 

Migrantes y “miedos ancestrales” 

En la parte de su discurso dedicada al gran tema de las migraciones, Francisco afirma que hoy se habla mucho “en ocasiones sólo para suscitar miedos ancestrales. No hay que olvidar que las migraciones han existido siempre. En la tradición judeo-cristiana, la historia de la salvación es esencialmente una historia de migraciones. Tampoco hay que olvidar que la libertad de movimiento, como la de dejar el propio país y de volver a él, pertenece a los derechos humanos fundamentales. Es necesario por tanto salir de una extendida retórica sobre el tema y partir de la consideración esencial de que ante nosotros se encuentran sobre todo personas”. Acoger al otro, explica el Pontífice, “exige un compromiso concreto, una cadena de ayuda y de generosidad, una atención vigilante y comprensiva, la gestión responsable de nuevas y complejas situaciones que, en ocasiones, se añaden a los numerosos problemas ya existentes, así como a unos recursos que siempre son limitados”. Es necesario acoger practicando “el ejercicio de la virtud de la prudencia”: que “los gobernantes sepan acoger, promover, proteger e integrar, estableciendo medidas prácticas que, respetando el recto orden de los valores, ofrezcan al ciudadano la prosperidad material y al mismo tiempo los bienes del espíritu”. 

Un “gracias” a quien acoge 

El Papa agradece a los Estados que “se han prodigado en estos años en ofrecer ayuda a los numerosos emigrantes llegados a sus fronteras. Pienso sobre todo en el esfuerzo de no pocos países en Asia, África y en América, que acogen y ayudan a numerosas personas ”. Y cita la asistencia del Bangladesh al pueblo Rohingya. “Deseo además dar las gracias de modo especial a Italia que en estos años ha mostrado un corazón abierto y generoso, y ha sabido ofrecer también ejemplos positivos de integración”. “Espero que las dificultades que el país ha atravesado en estos años –añade con palabras que se dirigen al actual debate pre-electoral-- y cuyas consecuencias todavía perduran, no conduzcan a clausuras y preclusiones, sino más bien a descubrir de nuevo esas raíces y tradiciones que han alimentado la rica historia de la nación y que constituyen un tesoro inestimable para ofrecer a todo el mundo. Igualmente, expreso mi aprecio por los esfuerzos realizados por otros Estados europeos, especialmente Grecia y Alemania”. Europa, añade Bergoglio, “debe sentirse orgullosa de este patrimonio, basado en principios firmes y en una visión del hombre que ahonda sus raíces en su historia milenaria, inspirada en la concepción cristiana de la persona humana”. 

Acoger para integrar

Francisco recuerda los procesos de preparación para la adopción de dos Pactos Mundiales (Global Compacts) sobre refugiados y para una migración segura. Y se detiene sobre la palabra “integración”. “Quien acoge –explica-- está llamado a promover el desarrollo humano integral, mientras que al que es acogido se le pide la conformación indispensable a las normas del país que lo recibe, así como el respeto a los principios de identidad del mismo. Todo proceso de integración debe mantener siempre, como aspecto central de la regulación de los diversos aspectos de la vida política y social, la protección y la promoción de las personas, especialmente de aquellas que se encuentran en situación de vulnerabilidad”. Con esto la Santa Sede “no tiene la intención de interferir en las decisiones que corresponden a los Estados”, pero hace un llamamiento en favor “de los principios de humanidad y fraternidad”. 

El derecho a cambiar de religión 

Entre los derechos nombrados por el Pontífice está también “el derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, que incluye la libertad de cambiar de religión”. Por desgracia, continua Francisco, “se sabe que el derecho a la libertad religiosa, a menudo, no se respeta y la religión con frecuencia se convierte en un motivo para justificar ideológicamente nuevas formas de extremismo o un pretexto para la exclusión social, e incluso para la persecución en diversas formas de los creyentes”. 

El derecho al trabajo

El Papa destaca después la importancia del derecho al trabajo sin el cual “no hay paz ni desarrollo”. “Es triste ver cómo el trabajo en muchas partes del mundo es un bien escaso”, especialmente entre los jóvenes. “Con frecuencia resulta fácil perderlo, no sólo por las consecuencias de la alternancia de los ciclos económicos, sino también por el recurso progresivo a tecnologías y maquinarias cada vez más perfectas y precisas que reemplazan al hombre”. No falta por tanto un recuerdo a la tendencia “a exigir a los trabajadores ritmos cada vez más estresantes. Las exigencias del beneficio, dictadas por la globalización, han llevado a una reducción progresiva de los tiempos y días de descanso, perdiéndose así una dimensión fundamental de la vida”. Bergoglio señala el aumento del “flagelo del trabajo infantil”: “No podemos pretender que se plantee un futuro mejor, ni esperar que se construyan sociedades más inclusivas, si seguimos manteniendo modelos económicos orientados a la mera ganancia y a la explotación de los más débiles, como son los niños”. Eliminar las causas estructurales de este flagelo “debería ser una prioridad para los gobiernos y las organizaciones internacionales”. 

El compromiso para salvar la Tierra 

Después de citar los desastres naturales como los terremotos y los huracanes, independientes de la acción humana, Francisco indica “la responsabilidad primaria del hombre en la interacción con la naturaleza. El cambio climático, con el aumento global de las temperaturas y los efectos devastadores que conllevan, son también una consecuencia de la acción del hombre”. Por lo tanto, “es necesario afrontar, con un esfuerzo colectivo, la responsabilidad de dejar a las generaciones siguientes una Tierra más bella y habitable, trabajando a la luz de los compromisos acordados en París en 2015”. El espíritu que el Papa sugiere es el de los constructores de las catedrales de la Edad Media, los cuales sabían que no habrían visto terminado su propio trabajo, pero entendían que eran parte de un proyecto que sus hijos disfrutarían.

VATICAN/ANDREA TORNIELLI

© 2017 MALDONADETTI

Copyright 2007 Maldonadetti Trust Inc. Ltd | Política de Reserva | Escríbenos | Trabaja con nosotros