Martes, Enero 23, 2018

El Papa: "Confesemos nuestros pecados, no los de los demás"

MTI/ Texcoco Mass Media/J. Gabriel Cuevas P.
Publicada: Enero 03, 2018

El Papa Francisco durante la audiencia general en el Aula Paolo VI.VATICAN//TEXCOCO PHOTO

CIUDAD DEL VATICANO, Roma.- (Texcoco Press).- “Recuerdo una anécdota que contaba un viejo misionero de una mujer que fue a confesarse y comenzó a decir los errores del marido, después pasó a contar los errores de la suegra, y después los de los vecino... a un cierto punto el confesor le preguntó: “Señora, dígame, ¿ha terminado? Bien, ha terminado con los pecados de los demás, ahora empiece a decir los suyos...”. Con la primera audiencia del año Francisco ha iniciado de nuevo un ciclo de catequesis sobre la misa profundizando en el acto penitencial, es decir, la confesión “ante Dios y los hermanos” de los propios pecados –no los de los demás-- para poder recibir el perdón de Dios, cosa que el presuntuoso, “sacio como está de su presunta justicia”, no puede obtener. 

En su “sobriedad”, ha dicho el Papa, el acto penitencial “favorece la actitud con la que disponerse a celebrar dignamente los santos misterios, reconociendo ante Dios y los hermanos nuestros pecados. La invitación del sacerdote está dirigida a toda la comunidad en oración, porque todos somos pecadores. ¿Qué puede donar al Señor quien tiene ya el corazón lleno de sí mismo, del propio éxito? Nada, porque quien es presuntuoso es incapaz de recibir perdón, sacio como está de su propia justicia”. Al contrario, “quien es consciente de las propias miserias y baja los ojos con humildad, siente posarse sobre él la mirada misericordiosa de Dios. Sabemos por experiencia que solo quien sabe reconocer los errores y pedir perdón recibe la comprensión y el perdón de los demás”. 

“Escuchar en silencio la voz de la conciencia”, ha insistido Jorge Mario Bergoglio, “permite reconocer que nuestros pensamientos son distantes de los pensamientos divinos, que nuestras palabras y nuestras acciones son a menudo mundanas” y están guiadas por decisiones contrarias al Evangelio”. Por tanto, al inicio de la misa, “cada uno confiesa a Dios y a los hermanos que 'he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión'”, ha continuado el Papa, “sí, también de omisión, es decir, de haber dejado de hacer el bien que habría podido hacer. A menudo nos sentimos buenos porque --decimos-- ‘no hemos hecho mal a nadie’. En realidad, no basta con no hacer mal al prójimo, sino elegir hacer el bien aprovechando las oportunidades para dar buen testimonio de que somos discípulos de Jesús”. 

“Y bien –ha dicho Francisco-- subrayar que confesamos tanto a Dios como a los hermanos que somos pecadores: esto nos ayuda a comprender la dimensión del pecado que, mientras nos separa de Dios, nos divide también de nuestros hermanos, y viceversa: el pecado corta, corta la relación con Dios y con los hermanos, la relación con la familia y la sociedad, el pecado separa, divide”. 

Las palabras del acto penitencial, ha continuado el Pontífice, “están acompañadas del gesto de dar unos golpes en el pecho, reconociendo que he pecado por mi culpa, y no por la de los otros. Sucede a menudo que, por miedo o vergüenza, apuntamos con el dedo para acusar a los demás. Cuesta admitir que somos culpables, pero nos hace bien confesarlo con sinceridad. Confesar los propios pecados...”.

El Papa ha concluido la catequesis recordando algunos “luminosos ejemplos de figuras 'penitentes' que”, en la Biblia, “volviendo en sí tras haber cometido el pecado, encontraron la valentía para quitarse la máscara y abrirse a la gracia que renueva el corazón. Pensemos en el rey David y en las palabras atribuidas a él en el Salmo: 'Piedad de mi, o Dios, en tu amor; en tu gran misericordia cancela mi iniquidad'. Pensemos en el hijo pródigo que vuelve al padre; 'O Dios, ten piedad de mi, pecador'. Pensemos también en San Pedro, en Zacarías, en la mujer samaritana. Medirse con la fragilidad del barro con el que somos moldeados es una experiencia que nos fortalece, porque a la vez que nos ocupamos de nuestra debilidad, abre nuestro corazón para invocar la misericordia divina que transforma y convierte. Y esto es lo que hacemos en el acto penitencial al inicio de la misa”.

Durante la conclusión de la audiencia el Papa ha dirigido “un deseo de esperanza y de paz para el nuevo año” a los peregrinos italianos presentes en la primera audiencia del año. Especialmente festivos, con aplausos y canciones, los fieles de la Comunidade Católica Palavra Viva, que el Papa ha saludado notando que “¡no se puede tener dudas de que la “palavra” está viva ahí!”.

VATICAN/IACCOPO SCARAMUZZI

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