Martes, Enero 23, 2018

El Papa: los resentimientos nos hacen daño y a los demás

MTI/ Texcoco Mass Media/J. Gabriel Cuevas P.
Publicada: Diciembre 26, 2017

El Papa Francisco.VATICAN//TEXCOCO PHOTO

CIUDAD DEL VATICANO, Roma.- (Texcoco Press).- Todos los cristianos están llamados a «acoger a Jesús y ser sus valientes testigos, listos para pagar en persona el precio de la fidelidad al Evangelio». El Hijo de Dios remueve todos los «resentimientos que hacen tanto daño y nos hacen tanto daño». El Papa Francisco lo recordó durante el Ángelus de San Esteban, subrayando que el amor por el prójimo hace la vida «más bella y fructuosa».

En el día de la Fiesta de San Esteban (de este 2017), primer mártir, el Pontífice se asomó de la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico y recordó que «después de haber celebrado el nacimiento de Jesús en la tierra, hoy celebramos el nacimiento en el cielo de San Esteban, el primer mártir». Aunque «a primera vista» podría parecer que entre ambas celebraciones «no hay un vínculo, en realidad existe, y muy fuerte». El obispo de Roma explicó: «Ayer, en la liturgia de la Navidad, escuchamos proclamar: “El Verbo si hizo carne y vino a habitar entre nosotros”. San Esteban puso en crisis a los líderes de su pueblo porque, “lleno de fe y de Espíritu Santo”, creía firmemente y profesaba la nueva presencia de Dios entre los hombres»; es consciente de que «el verdadero templo de Dios es Jesús, Verbo eterno que ha venido a habitar entre nosotros, que se hizo en todo como nosotros, menos en el pecado».

Pero Esteban es acusado de predicar «la destrucción del templo de Jerusalén. La acusación que hacen en su contra es haber afirmado que “Jesús, este Nazareno, destruirá este lugar y subvertirá las usanzas que Moisés nos ha heredado”».

Francisco notó: «En efecto, el mensaje de Jesús es incómodo y nos incomoda», porque «desafía al poder religioso mundano y provoca a las conciencias». De hecho, después de su venida, es necesario convertirse, cambiar de mentalidad, renunciar a pensar como antes». Y Esteban «permaneció anclado al mensaje de Jesús hasta la muerte. Sus últimas oraciones: “Señor Jesús, acoge mi espíritu” y “Señor, no les imputes este pecado”, son eco fiel de las que pronunció Jesús en la Cruz: “Padre, encomiendo mi espíritu a tus manos” y “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”».

Esas palabras de San Esteban fueron posibles «no solo porque el Hijo de Dios ha venido a la tierra y ha muerto y resucitado por nosotros; antes de esos eventos había expresiones humanamente impensables».

El Papa recordó que Esteban «suplica a Jesús que acoja su Espíritu. Cristo resucitado, de hecho, es el Señor, y es el único mediador entre Dios y los hombres, no solo en la hora de nuestra muerte, sino también en cada instante de la vida: sin Él no podemos hacer nada».

Entonces, también nosotros, «frente al Niño Jesús, en el pesebre, podemos rezarle así: “Señor Jesús, te encomendamos nuestro espíritu, acógelo”, para que nuestra existencia sea verdaderamente una vida buena según el Evangelio».

Jesús es el mediador y «nos reconcilia no solo con el Padre, sino también entre nosotros. Él es la fuente del amor, que nos abre a la comunión con los hermanos, removiendo cualquier conflicto y resentimiento». El Papa añadió con énfasis: «Sabemos lo feos que son los resentimientos, hacen mucho daño y nos hacen mucho daño, y Jesús remueve todo esto y hace que nos amemos, este es el milagro de Jesús».

Por ello Bergoglio invitó: «Pidamos a Jesús, que nació por nosotros, que nos ayude a asumir esta doble actitud de confianza en el Padre y de amor por el prójimo; es una actitud que transforma la vida y la hace más bella y fructuosa».

Y a María, «Madre del Redentor y Reina de los mártires, elevemos con confianza nuestra oración, para que nos ayude a acoger a Jesús como Señor de nuestra vida y a convertirnos en sus valientes testigos, listos para pagar en persona el precio de la fidelidad al Evangelio».

Después del Ángelus el Papa dijo que había recibido «en estas semanas muchos mensajes de felicitaciones. Como no me es posible responder a cada uno, expreso a todos mi vivo agradecimiento, especialmente por el don de la oración. ¡Gracias de todo corazón! ¡Que el Señor les recompense con su generosidad!».

Al concluir se despidió deseándoles a todos una buena fiesta y pidiendo, como acostumbra, oraciones por él. 

VATICAN/DOMENICO AGASSO JR.

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