Martes, Enero 23, 2018

Francisco: No quiero trabajo negro o precario en el Vaticano

MTI/ Texcoco Mass Media/J. Gabriel Cuevas P.
Publicada: Diciembre 22, 2017

El Papa Francisco entre los empleados vaticanos y familiares.VATICAN//TEXCOCO PHOTO

CIUDAD DEL VATICANO, Roma.- (Texcoco Press).- Nada de trabajo negro o precario en el Vaticano: «No podemos predicar la doctrina social de la Iglesia y después hacer cosas que no corresponden». Lo dijo el Papa Francisco en un discurso que dirigió a los empleados de la Santa Sede y del Estado de la Ciudad del Vaticano a quienes, en compañía de sus familias, el Papa quiso encontrar en el Aula Pablo VI, por las felicitaciones navideñas, después del discurso de felicitaciones a la Curia romana en el Palacio Apostólico. Jorge Mario Bergoglio reflexionó sobre la necesidad de «custodiar» el trabajo, la familia y, sobre todo, a los hijos de la lengua, evitando el «terrorismo de los chismes». Y después pidió «perdón» porque «no siempre damos buen ejemplo. Hablo de nosotros, la fauna clerical»; «a veces yo también pierdo la paciencia».

«Quisiera agradecerle a cada uno de ustedes por el trabajo que hacen aquí. Cada uno tiene su trabajo, lo conoce, hay equipos de trabajo en el Vaticano…», dijo el Papa, y ese «trabajo es el que hace que funcione este tren que es el Vaticano, la Santa Sede, que parece tan pesado, tan grande, con tantos problemas… y, gracias a su trabajo, sale adelante: estoy consciente de que sin el trabajo de ustedes no saldría adelante. Antes saludé a un hombre que trabaja aquí desde hace 43 años. Gracias, a cada uno de ustedes, digo gracias por su trabajo. Pero –prosiguió el Papa– también hay un problema, hablando sobre el trabajo, en el Vaticano: una señora de ustedes, indicando a una joven, dijo “Ayuden a los trabajadores precarios”. El otro día tuve una reunión con el cardenal (Reihnard) Marx, presidente del Consejo para la Economía, con monseñor (Brian) Ferm, el secretario, y dije: “No quiero trabajo en negro en el Vaticano”. Les pido perdón, esto todavía existe», dijo Francisco refiriéndose en particular al artículo 11 del reglamento para los trabajadores de la Sede apostólica sobre los contratos de prueba que, subrayó el Papa, se puede aplicar «para una prueba, pero por uno o dos años, y no por más».

«Así como he dicho –prosiguió– que no se debe dejar a nadie sin trabajo: no hay que despedirlo a menos que haya otro trabajo afuera, otra conveniencia o un acuerdo conveniente para la persona. Así debemos trabajar aquí dentro, para que no haya trabajos ni trabajadores precarios. Es un problema de conciencia para mí: no podemos predicar la doctrina social de la Iglesia y después hacer cosas que no corresponden», dijo entre los aplausos de los presentes. «Se comprende que se deba poner a prueba por cierto tiempo a una persona, por uno o dos años sí; pero, en negro nada: esta es mi intención. Ustedes ayuden, ayuden también a los superiores, los que dependen del Gobernatorado, a resolver estos problemas de la Santa Sede». El trabajo, continuó el Pontífice, «es su camino de santidad, de felicidad y debe ser sacado adelante: tal vez hoy la maldición más fea es la de no tener trabajo. Conocerán a mucha gente… porque el trabajo nos da la dignidad y la seguridad del trabajo nos da la dignidad. Yo no quiero decir nombres, pero en los periódicos lo podrán encontrar: hoy he visto en un periódico –prosiguió, con lo que parecería una referencia implícita a casos como la acerería Ilva de Táranto– estos dos problemas de dos empresas importantes aquí en Italia que están en riesgo; y para salvarse la vida no se debe “racionalizar” el trabajo y despedir a tres o cuatro mil personas. Esto es feo, muy feo, porque se pierde la dignidad. Y este es un problema no solo del Vaticano, de Italia o de Europa, es un problema mundial, es un problema que depende de muchos factores en el mundo. Pero, conservar el trabajo y tener dignidad, llevar el pan a casa (“Pero, lo llevo yo, porque me lo gano yo, no porque me lo dan en la Caritas”). Gracias, pues, por su trabajo, ayuden a los superiores a terminar con las situaciones de trabajo no regulares, y conserven el trabajo, porque es su dignidad. Conserven el trabajo, pero háganlo bien, ¿eh? ¡Esto es importante!».

Después Francisco pasó a una segunda palabra «que me viene a la mente: familia. Yo –dijo– quisiera decirles con sinceridad: cuando sé que una de las familias de ustedes está en crisis, que hay niños que se angustian porque ven que la familia es un problema, yo sufro. Déjense ayudar. Quise que en el Gobernatorado el secretario fuera un bispo para que tuviera esta dimensión pastoral: salvar a las familias. Sé que no es fácil, que hay muchos problemas de personalidad, problemas psicológicos, muchos problemas en un matrimonio; pero traten de pedir ayuda a tiempo, hay que custodiar a las familias. Yo sé que entre ustedes hay algunos separados. Lo sé y sufro con ustedes –dijo Francisco. Y la h venido así, pero también ayudar, por lo menos que no sufran los niños, porque, cuando los padres pelean, los niños sufren. Es un consejo que les doy: nunca peleen frente a los niños, porque ellos no entienden. Custodiar la familia». El Papa también recordó que además del secretario del Gobernatorado están los capellanes, «que les dirán dónde ir para ayudar a la familia. Este es la joya grande, Dios nos creó familia, la imagen de Dios es matrimonio hombre y mujer, fecundos: multiplíquense, tengan hijos, sigan adelante. Yo –añadió el Papa– me quedé contento cuando vi a tantos, tantos niños».

«Tercera palabra que me viene a la mente», prosiguió el Papa. «Tal vez –añadió–, alguno de ustedes dirá “Ya párale con esto”… Es una palabra recurrente, recurrente: los chismes», dijo suscitando los aplausos de los presentes. «Tal vez me equivoque y en el Vaticano no se chismea, tal vez, no lo sé… Me decía uno de ustedes, un trabajador, un día que yo había predicado sobre los chismes y él había ido a misa con su esposa, “Si no se chismea en el Vaticano, te aíslan”. Imagínense, ¿eh? Ustedes han escuchado lo que he dicho sobre los chismes. El chismoso es un terrorista, hace como los terroristas, arroja la bomba, se va, la bomba explota y daña a muchos otros. No hagan el terrorismo de los chismes, por favor. Esta es la tercera palabra que me viene. Alguien podrá pedirme un consejo: ¿qué hacer para no chismear? ¡Muérdete la lengua, muérdete la lengua! Seguramente se te hinchará, pero habrás hecho el bien».

Para concluir, la cuarta palabra-clave del discurso del Papa. «Quisiera decirles: perdón. Porque nosotros no siempre damos el buen ejemplo. Nosotros, hablo de la “fauna clerical”, no siempre damos el buen ejemplo», dijo Bergoglio suscitando nuevos aplausos. «En la vida hay errores que cometemos nosotros los clérigos, pecados, injusticias, o a veces tratamos mal a la gente, un poco neuróticos, injusticias. Perdón por todos estos ejemplos nada buenos. Nosotros debemos pedir perdón, también yo, ¡porque a veces “tengo volados los pájaros”!». Francisco concluyó su discurso a los empleados vaticanos invitándolos, a la hora de dar las felicitaciones navideñas, a «no tener miedo de pedir perdón: si la conciencia les reprocha algo, busquen a un buen confesor, hagan una buena limpieza. Dicen que el mejor confesor es el cura sordo, no te hace pasar vergüenzas… pero, sin ser sordos, hay muchos misericordiosos, ve adelante, la Navidad es una buena oportunidad para hacer la paz también dentro de nosotros; todos somos pecadores. Yo ayer hice la confesión de Navidad, vino el confesor. Me hizo bien. Les deseo feliz Navidad, alegría, la que viene de dentro, y también no me gustaría olvidar a los enfermos que, acaso en sus familias, sufren. También a ellos les enviaré una bendición. Muchas gracias: custodiemos el trabajo, que sea justo, custodiemos la familia, custodiemos la lengua (y, por favor, perdónennos y hagamos una buena limpieza en el corazón durante esta Navidad, para estar en paz y felices. Y no se olviden de rezar por mí».

Antes y después del discurso, el Papa saludó a los empleados vaticanos y a sus familiares, con apretones de manos, abrazos, besos y tomándose algunas “selfies”.

VATICAN/IACCOPO SCARAMUZZI

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