Lunes, Noviembre 20, 2017

Doble Fondo
Osorio, Nuño y Meade le sacan a Peña Nieto
Juan Pablo Becerra-Acosta

MTI Milenio/Juan Pablo Becerra-Acosta
Publicada: Noviembre 13, 2017

TEXCOCO.- Siempre ha sido lo mismo con el PRI cuando ha escogido a su candidato presidencial: cada sexenio la designación surgió a través de un dedazo del presidente en turno. Ha sido privilegio de cada priista que ha vivido en Los Pinos tomar esa decisión. ¿Por qué habría de ser diferente ahora? ¿En qué momento ha cambiado el chip del priismo?

Nunca. Entre los suspirantes, entre los tapados, entre sus subordinados, Enrique Peña Nieto va a designar como candidato del PRI a quien se le dé la gana. Podrá escuchar a todos, o simular que los oye, pero optará por quien se le antoje. Es la última medida que goza cada presidente del PRI y él no va a renunciar a eso. Hablar de otro escenario es ocioso.

Podemos discutir lo antidemocrático de tal procedimiento, podemos reírnos de lo anacrónico que es, ¿y? Se ha debatido durante décadas cada vez que se acerca el fin de un sexenio, ha habido cismas al interior de ese partido, pero nunca ha cambiado nada. Los priistas han simulado pasarelas, procesos de elección interna, pero lo cierto es que su gran elector sigue siendo el dedo del Primer Priista de la Nación, como le llaman.

¿Quién va a ser el guapo que se le rebele a Peña Nieto? Amagaron con hacerlo algunos, pero son nada junto al poder presidencial dentro del PRI, donde el líder formal es un operador, un servidor del propio Presidente. ¿O no le rinde cuentas Enrique Ochoa?

Los priistas son eso que llaman institucionales, que no es otra cosa que doblegarse ante la voluntad y el poder de su jefe. Son incondicionales ante su líder. Son disciplinados seguidores de la doctrina de que “El que se mueve, no sale en la foto”:

  • ¿Qué hora es? La hora que usted diga, señor Presidente…

Así son. Sumisos. En sus genes todavía hoy pervive la creencia del tlatoani infalible (aunque se equivoque el presidente en turno, nunca se equivoca, siempre hay una explicación “institucional” a sus pifias o exabruptos). Creen en el inmortal hombre que no enferma ni muere aunque enferme o enloquezca. Creen que él tomará “la mejor decisión que le convenga a La Nación”. Así hablan, con mayúsculas. “El que decide es el que decide”, dicen, con esa su peculiar filosofía llena de dichos alucinantes.

El priismo es una religión despiadada (no tolera disidencias) que sucumbiría sin el ideal de sus tres imágenes sagradas: El Dedo Presidencial, la Banda Presidencial y la Silla del Águila. Y hacía ese lugar, hacia el parnaso tricolor, solo puede “transitar” un priista (ese es el horrendo verbo que usan, “transitar”) gracias a la decisión del Señor de la Liturgia.

Miguel Ángel Osorio Chong podría ser el candidato porque es el mejor posicionado en las encuestas, pero no se atreverá a contrariar a Peña Nieto con un: “Yo soy más competitivo que Aurelio y José Antonio, señor Presidente”. Nuño cree que su temperamento basta para aniquilar a López Obrador, pero no se atreverá a sugerir un: “Enrique, Osorio no tiene la personalidad y Pepe Toño es buena persona, pero le faltan arrestos para una campaña; él estaría mejor en el Banxico”. A Meade no le desagrada la idea del banco, pero ya se vio en Los Pinos, aunque no se atreverá a sorrajar un: “Presidente, Nuño no piensa como estadista y Osorio no entiende que esto no es Pachuca”. Eruviel Ávila sí se atreve a decirle: “Presidente, ya viste cómo le hice en el Estado de México, cómo sometí a Andrés Manuel y a Ricardo Anaya, y la verdad ni Osorio ni Nuño ni Meade tienen mi bagaje partidista”. Su ego trip le da posibilidades, pero no le garantiza nada.

En fin, tendrán que esperar a que el pontífice Peña Nieto haga su liturgia: a su dedazo…

jpbecerra.acosta@milenio.com

Twitter: @jpbecerraacosta.

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