Lunes, Noviembre 20, 2017

"Si se pierde la capacidad de sentirse amado, se pierde todo"

MTI Texcoco Mass Media/J. Gabriel Cuevas P.
Publicada: Noviembre 08, 2017

Misa del Papa en la Capilla de Santa Martha.VATICAN//TEXCOCO PHOTO

CIUDAD DEL VATICANO, Roma.- (Texcoco Press).- “¿Conocéis lo que está escrito en la puerta del Infierno dantesco: ’Dejen la esperanza’”? Es necesario reflexionar qué ocurre si se pierde la capacidad de sentirnos amados. Lo afirma el papa Francisco en la Misa de esta mañana, 7 de noviembre de 2017, en la Casa de Santa Marta. 

El Pontífice –según recoge Radio Vaticana-- medita sobre el Evangelio de hoy, de Lucas, en el que Jesús cuenta una parábola, sin explicaciones, para responder a uno de los comensales que le dice: “Beato quien tomará el alimento en el Reino de Dios”. Dios indica a quien debe invitar cada uno a casa, elegir un huésped que no puede correspondernos. 

La parábola narra que un hombre organiza una cena, grande, a la que están previstas muchas personas. Pero los primeros invitados no quisieron ir porque no tenían interés ni por la cena, ni por la gente, ni por la invitación del Señor: estaban ocupados en sus propios intereses que eran más grandes que esa invitación. Estaba el que había comprado cinco pares de bueyes, el que había comprado un campo, o el que estaba recién casado. En una palabra – subrayó el Obispo de Roma– se preguntaban qué habrían podido ganar y consideraban que evidentemente poco. Estaban “ocupados” como aquel hombre que había construido depósitos para acumular sus bienes, pero que murió aquella noche. 

Para Francisco estas personas estaban atadas a sus propias posesiones e intereses hasta tal punto que viven en “esclavitud del Espíritu”, es decir, “incapaces de entender la gratuidad de la invitación”. 

Advierte el Pontífice: “Y si no se comprende la gratuidad de la invitación de Dios no se entiende nada. La iniciativa de Dios siempre es gratuita. Pero para ir a este banquete, ¿cuánto hay que pagar?”, simplemente, “el billete de entrada es estar enfermo, es ser pobre, es ser pecador… Así estos te dejan entrar. Este es el billete de entrada: estar necesitado, tanto en el cuerpo como en el alma. Pero, para la necesidad de cuidado, de curación, hay que tener necesidad de amor…”. 

En la escena hay presentes dos tipos de comportamientos:el del Señor, el cual pide que no se pague nada y abre las puertas a los pobres, a los lisiados, a los buenos y a los malos. Se trata de una gratuidad que “no tiene límites” porque Dios “recibe a todos”. Por otra parte, está el modo de actuar de los primeros invitados que, en cambio, no comprenden la gratuidad. Como el hermano mayor del Hijo Pródigo, que no quiere ir al banquete organizado por el padre para su hermano que se había ido, y que no entiende. “Pero a éste, que ha gastado todo su dinero, que ha gastado la herencia, con los vicios, con los pecados, ¿tú le haces fiesta? ¿Y yo que soy un católico, que practico, que voy a misa todos los domingos, que cumplo con las cosas, a mí nada?”. Este no entiende la gratuidad de la salvación, piensa que la salvación es fruto del “yo pago y tú me salvas”. Pago con esto, con esto, con esto… No. ¡La salvación es gratuita!”. 

Quién está concentrado sobre lo que recibirá a cambio, cuando oye hablar de regalos y sabe que debe hacerlos, piensa inmediatamente en “la devolución”: “Haré este regalo”, y él después “en otra ocasión, me hará otro”. Cristo, al contrario, “no pide nada a cambio, solo amor, fidelidad, como Él es amor y Él es fiel”; Francisco subraya que “la salvación no se compra, sencillamente se entra en el banquete. Bienaventurado quien tomará alimento en el Reino de Dios”.

Aquellos que no están dispuestos a entrar en el banquete, “se sienten seguros, salvados a su modo fuera del banquete: han perdido el sentido de la gratuidad – explica– el sentido del amor. Han perdido una cosa más grande y más bella aún y esto es muy malo: han perdido la capacidad de sentirse amados”. “Y cuando tú pierdes – no digo la capacidad de amar, porque eso se recupera – la capacidad de sentirte amado no hay esperanza, has perdido todo. Nos hace pensar en lo que está escrito en la puerta del infierno dantesco: “Dejen la esperanza”, has perdido todo”. 

Debemos “pensar ante este Señor: ’Porque yo les digo, yo quiero que mi casa se llene’. Este Señor que es tan grande, que es tan amoroso, que en su gratuidad quiere llenar la casa”. 

VATICAN/DOMENICO AGASSO Jr.

© 2017 MALDONADETTI

Copyright 2007 Maldonadetti Trust Inc. Ltd | Política de Reserva | Escríbenos | Trabaja con nosotros