Viernes, Diciembre 15, 2017

"Asumir los problemas ajenos a costa de perder la propia paz"

MTI Texcoco Mass Media/J. Gabriel Cuevas P.
Publicada: Octubre 11, 2017

El Papa Francisco durante la Audiencia general.VATICAN//TEXCOCO PHOTO

CIUDAD del VATICANO, Roma.- (Texcoco Press).- «No hay constructor de paz que, a final de cuentas, no haya comprometido su paz personal, asumiendo los problemas de los demás». Durante la Audiencia general en la Plaza San Pedro, el Papa subrayó que «Jesús nos recomienda esperarlo sin estar» de brazos cruzados y, esperando su regreso, el cristiano no se alza de hombros y no llora con melancolía por «un pasado que se presume dorado», sino que se «arriesga». Nuevo llamado por el cuidado de la Creación, que puede prevenir los daños de los desastres naturales. En vista del centenario de las últimas apariciones marianas en Fátima, el próximo viernes, Francisco exhortó a los fieles a rezar «el Santo Rosario por la intención de la paz en el mundo».

«Quien da esperanza al mundo nunca es una persona remisiva», dijo el Papa retomando su ciclo de catequesis sobre la esperanza cristiana. El Pontífice reflexionó hoy sobre la «esperanza vigilante», «uno de los hilos conductores del Nuevo Testamento». «Jesús nos recomienda esperarlo sin estar de brazos cruzados: “Beatos aquellos siervos a quienes el patrón a su vuelta encontrará todavía despiertos”. No hay constructor de paz que a final de cuentas no haya comprometido su paz personal, asumiendo los problemas de los demás: quien no lo hace no es un constructor de paz, es un flojo y un cómodo. No hay constructor de paz que a final de cuentas no haya comprometido su paz personal, asumiendo los problemas de los demás, porque el cristiano se arriesga, tiene la valentía para arriesgarse y llevar el bien que Jesús nos ha regalado como un tesoro».

El cristiano, dijo el Papa, «no fue hecho para el aburriemiento; si acaso para la paciencia. Sabe que incluso en la monotonía de ciertos días siempre iguales hay oculto un misterio de gracia. Hay personas que con la perseverancia de su amor se convierten como en pozos que riegan el desierto. Nada sucede en vano, y ninguna situación en la que un cristiano se encuentre sumergido es completamente refractaria al amor. Ninguna noche es tan larga como para hacer olvidar la alegría de la aurora. Si permanecemos unidos a Jesús, el frío de los momentos difíciles no nos paraliza; y si incluso el mundo entero predicara contra la esperanza, si dijera que el futuro solamente traerá nubes oscuras, el cristiano sabe que en ese mismo futuro está la vuelta de Cristo. Nadie sabe cuándo sucederá, pero pensar que al final de nuestra historia está Jesús Misericordioso, basta para tener confianza y no maldecir la vida. Todo será salvado. Sufriremos, habrá momentos que susciten rabia e indignación, pero la dulce y potente memoria de Cristo alejará la tentación de pensar que esta vida es equivocada. ¿Han pensado cómo será el encuentro con Jesús cuando llegue? Será –añadió Francisco– un abrazo grande, una gran alegría, debemos vivir esperando este encuentro. Después de haber conocido a Jesús», dijo Jorge Mario Bergoglio, «nosotros no podemos hacer nada más que escrutar la historia con confianza y esperanza. Jesús es como una casa, y nosotros estamos dentro, y desde las ventanas de esta casa nosotros vemos el mundo. Por ello no nos encerremos en nosotros mismos, no lloremos con melancolía un pasado que se presume dorado, sino veamos siempre hacia adelante, a un futuro que no es solo obra de nuestras manos, sino que, principalmente, es preocupación constante de la providencia de Dios. Todo lo que es opaco, un día será luz».

«Y pensemos –añadió el Papa– que Dios no se desmiente a sí mismo nunca. Dios no defrauda nunca. Su volutnad no es nebulosa, sino un proyecto de salvación bien delineado: “Dios quiere que todos los hombres sean salvados y lleguen al conocimiento de la verdad”. Por lo tanto, no nos abandonemos al fluir de los eventos con pesimismo, como si la historia fuera un tren fuera de control. La resignación no es una virtud cristiana. Como tampoco es de cristianos alzarse de hombros o inclinar la cabeza ante un destino que nos parece ineludible».

Francisco volvió a hablar sobre el tema de la paz cuando, al final de la catequesis, recordó que el próximo viernes 13 de octubre concluye el Centenario de las últimas apariciones marianas en Fátima, memoria por la cual se organizó en Polonia un rosario en las fronteras. «Con la mirada hacia la Madre del Señor y Reina de las Misiones, invito a todos, especialmente en este mes de octubre, a rezar el Santo Rosario –dijo el Papa– por la intención de la paz en el mundo. Que la oración pueda sacudir los ánimos más aguerridos para que expulsen de sus corazones, de sus palabras y de sus gestos la violencia, y construyan comunidades no violentas, que cuiden la Casa común. Nada es imposible si nos dirigimos a Dios en la oración. Todos pueden ser artesanos de paz». El próximo 13 de octubre, recordó Bergoglio, es la Jornada Internacional para la reducción de desastres naturales: «Renuevo mi fuerte llamado por la salvaguardia de la Creación mediante una tutela y un cuidado cada vez más atentos por el ambiente. Animo, por lo tanto, a las Instituciones y a cuantos tengan responsabilidades públicas y sociales a promover cada vez más una cultura cuyo objetivo sea la reducción de la exposición a los riesgos y a las calamidades naturales». Y expresó el deseo de que «las acciones concretas puedan reducir progresivamente los riesgos para las poblaciones más vulnerables».

Al saludar a los fieles de lengua española, el Obispo de Roma los animó a seguir el ejemplo de Nuestra Madre María, viviendo «con una esperanza vigilante», y siendo para cuantos nos rodean «portadores de la luz y de la caricia del Dios de la Misericordia». «Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española –dijo el Papa–, en especial a la comunidad del Pontificio Colegio Mexicano de Roma, que acompañados por los cardenales José Francisco Robles Ortega y Alberto Suárez Inda, así como por algunos obispos mexicanos, celebran el 50 aniversario de su fundación. Animo a todos a que, siguiendo el ejemplo de nuestra Madre la Virgen María, vivan con una esperanza vigilante, y sean para cuantos los rodean portadores de la luz y de la caricia del Dios de la Misericordia. Que Dios los bendiga».

VATICAN/IACCOPO SCARAMUZZI

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