Viernes, Octubre 20, 2017

Teotihuacan ciudad avasallada por su zona arqueológica

MTI/ Texcoco Mass Media/Nicolás Maldonado Meraz
Publicada: Octubre 08, 2017

Catedral del Divino Redentor en Teotihuacan de Arista, México. La noche del 7 de octubre de 2017. @ 2017 MALDONADETTI//TEXCOCO PHOTO

TEOTIHUACÁN, México.- Las sombras de la tarde noche teotihuacana invitan a recorrer sus calles, sus comercios, sus olores.

Después de un mediodía caluroso, que ha transcurrido con baja afluencia en el mercado y puestos callejeros, la tarde ha refrescado, e invita a deambular, fijar la mirada en algunos rincones que esconden piedras talladas, las que no guardan la antigüedad de otras cercanas, pero si dignas de observar con atención.

En el corazón de la ciudad, donde los hombres se convierten en dioses, la gente camina lentamente, distraídos resuelven sus momentos como si el tiempo se detuviera en esta tarde de otoño, como si éste pendiera de la hermosa luna que clarea en el horizonte.

Mujeres con bolsas de mandado, medias llenas o medias vacías, como el humor las quiera ver, murmuran que los precios asfixian su gasto. El dinero ya no alcanza como antes, comenta una mujer aún en edad fértil, mientras aguarda el paso del transporte.

Los locales van quedando solamente con sus dependientes. El único policía visible bosteza mientras observa su teléfono móvil. Algunos viandantes saborean un helado, toman un café o sencillamente conversan bajo los soportales, a donde llegan algunos vendedores de baratijas a ofrecer su mercancía.

La cotidianidad parece no conocer el calendario. La actividad de toda la semana es casi idéntica. El turismo se concentra en la zona arqueológica, el que no llega al denominado Pueblo Mágico. Los pocos hoteles que albergan turistas, no tienen convenios con agencias que ofrezcan recorridos por la ciudad. Los esfuerzos de algunas personas por atraer turismo, parece vano, puesto que al final terminan en la misma zona, la que ya no necesita mayor promoción.

El comercio tiene su fortaleza en la economía local, en la derrama que realizan los militares destacados en el cuartel de la Zona Militar, de los lugareños y habitantes de otros municipios. El sábado las peluquerías se abarrotan con hombres de la milicia, quienes concurren al arreglo reglamentario del corte de cabello. La caída de las ventas no parecen recuperarse en el corto plazo; sin embargo, la gente compra poco, pero compra y eso mantiene de pie un alicaído mercadeo.

A las afueras de los templos, mujeres piadosas se acercan a participar en el Santo Rosario; al final, ingresan otras más para hacerse presentes en la celebración de la Sagrada Eucaristía.

Hombres y mujeres se recogen en sus hogares apenas pasadas las nueve la noche. El comercio cierra, el transporte se desdibuja de las calles y la soledad y el silencio invade todas las vías del municipio.

Es la vida de una ciudad quieta, con servicios harto deficientes, sin mayor atractivo para el turismo. Las pirámides se hallan a escasos 3 kilómetros, en la ruta del centro a la puerta de acceso a la Pirámide del Sol, a donde a lo largo del año arriban decenas de miles de turistas, cuyo impacto económico no se refleja significativamente en el bolsillo de los lugareños.

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