Domingo, Diciembre 17, 2017

El Papa "no a las frases hechas del populismo"

MTI Texcoco Mass Media/J. Gabriel Cuevas P.
Publicada: Octubre 02, 2017

Papa con el rector de la universidad de Bolonia y un estudiante.VATICAN//TEXCOCO PHOTO

CIUDAD del VATICANO, Roma.- (Texcoco Press).- Está el «derecho a no ser invadidos cotidianamente por la retórica del miedo y del odio», el derecho «a no ser sumergidos por las frases hechas de los populismos o de la extensión inquietante y rentable de las falsas noticias». El derecho a «ver que se ha puesto un límite razonable a la crónica negra, para que también la “crónica blanca”, a menudo callada, tenga voz». Lo dijo Francisco durante el encuentro con los estudiantes y el mundo académico boloñés, en la Plaza de Santo Domingo, durante el que renovó su llamado a alejarse de las «razones de la guerra» y a no ser «neutrales, sino desplegados por la paz». 

El Papa llegó con un poco de retraso desde la catedral de San Pedro, en donde se reunió con los sacerdotes, religiosos y religiosas. Francisco entró a la basílica y estuvo rezando algunos instantes en la capilla frente al relicario de Santo Domingo. Después salió a la plaza en donde fue recibido por el rector de la universidad de Bolonia y por un estudiante. 

Cuando tomó la palabra, Francisco recordó que el centro de estudios, «laboratorio de humanismo», con sus alrededor de mil años de historia, ha vuelto a Bolonia «docta pero no sabionda», haciéndola más «abierta». Recordó a aquellos primeros estudiantes a quienes «dos ideales los impulsaron, uno “vertical”: no se puede vivir verdaderamente sin elevar el espíritu del conocimiento a lo mas alto; y el otro, “horizontal”: la investigación se hace todos juntos, estimulando y compartiendo buenos intereses comunes. He aquí el carácter universal, que nunca tiene miedo de incluir». Francisco expresó su deseo de que «Bolonia, encrucijada secular de encuentros, de confrontación y relación, y en tiempos recientes cuna del proyecto Erasmus, pueda cultivar siempre esta vocación».

Francisco explicó que «la búsqueda del bien común es la clave para poder estudiar; el amor es el ingrediente que da sabor a los tesoros del conocimiento y, en particular, a los derechos del hombre y de los pueblos». Y propuso una reflexión sobre tres derechos, «que me parecen actuales». El primero es el derecho a la cultura. «Hoy especialmente –indicó– derecho a la cultura significa tutelar la sabiduría, es decir un saber humano y humanizador. Demasiado a menudo se está condicionado por modelos de vida banales y efímeros, que impulsan a perseguir el éxito a bajo costo, desacreditando el sacrificio, inculcando la idea que el estudio no sirve si no da inmediatamente algo concreto. No, el estudio sirve para plantearse preguntas, a no dejarse anestesiar por la banalidad, y a buscar sentido a la vida. Hay que reclamar el derecho a que no prevalezcan las muchas sirenas que hoy distraen de esta búsqueda». El Papa invitó a los universitarios a «responder a los estribillos paralizantes del consumismo cultural, con elecciones dinámicas y fuertes, con la búsqueda, el conocimiento y el compartir. Armonizando en la vida esta belleza, ustedes custodiarán la cultura, la cultura verdadera. Porque el saber que se pone al servicio del mejor postor, que llega a alimentar divisiones y a justificar sometimientos, no es cultura».

«Cultura (lo dice la palabra) es lo que cultiva, hace crecer lo humano. Y frente a tantas quejas y clamores que nos rodean, hoy no necesitamos de aquellos que se desahogan gritando, sino de quienes promueven buena cultura». Una crítica a todo el ruido del mundo contemporáneo. «Necesitamos palabras –añadió Bergoglio– que lleguen a las mentes y dispongan los corazones, no gritos directos al estómago. No nos conformemos con contentar a la audiencia; no sigamos los teatritos de la indignación que a menudo ocultan grandes egoísmos; dediquémonos con pasión a la educación, es decir a “sacar” lo mejor de cada uno por el bien de todos».

En contra de esa que Francisco define «una pseudo-cultura que reduce el hombre a deshecho, la investigación a interés y la ciencia a técnica», se necesita «una cultura a medida de hombre, una investigación que reconoce los méritos y premia los sacrificios, una técnica que no siga objetivos mercantiles, un desarrollo en el que no todo lo que sea cómodo sea lícito».

El Pontífice después se refirió al derecho a la esperanza. «Muchos, hoy, experimentan soledad y agitación, advierten el aire denso del abandono. Entonces hay que dar espacio a este derecho a la esperanza: es el derecho a no ser invadidos cotidianamente por la retórica del miedo y del odio. Es el derecho a no ser sumergidos por las frases hechas de los populismos o por la extensión inquietante y rentable de las falsas noticias». Francisco pidió también poner «un límite razonable a la crónica roja, para que también la “crónica blanca”, a menudo callada, tenga voz. Es el derecho para ustedes jóvenes de crecer libres del miedo al futuro, de saber que en la vida existen realidades bellas y duraderas, por las que vale la pena ponerse en juego. Es el derecho a creer que el amor verdadero no es ese “usa y tira”, y que el trabajo no es un espejismo que alcanzar, sino una promesa para cada uno, que debe ser mantenida».

El Papa también dijo que espera que las aulas de las universidades sean laboratorios de esperanza, «talleres en los que se trabaje por un futuro mejor, en donde se aprenda a ser responsables de sí y del mundo. Sentir la responsabilidad por el porvenir de nuestra casa, que es casa común».

Para concluir, el derecho a la paz. Aquí, en las raíces de la universidad europea, Francisco recordó el 60 aniversario de los Tratados de Roma, del inicio de la Euripa unida, que surgió después de las tragedias de las dos guerras mundiales y que nació para tutelar el derecho a la paz. Hoy «muchos intereses y no pocos conflictos parecen hacer que se desvanezcan las grandes visiones de paz. Experimentamos una fragilidad incierta y el cansancio de soñar el grande. ¡Pero no tengan miedo de la unidad!», exhortó Francisco.

«Que las lógicas particulares y nacionales no hagan vanos los sueños valientes de los fundadores de la Europa unida», dijo el Papa recordando a los millones de personas que perdieron la vida en los conflictos y el grito que hace cien años elevó Benedicto XV, que fue obispo de Bolonia. «Alejarse completamente de las llamadas “razones de la guerra” –añadió Bergoglio– les pareció a muchos casi una afrenta. Pero la historia enseña que la guerra es siempre y solamente una masacre inútil. Ayudémonos, como afirma la Constitución italiana, a “repudiar la guerra”, a emprender vías de no violencia y recorridos de justicia que favorezcan la paz».

Frente a la paz, explicó el Pontífice, «no podemos permanecer indiferentes o neutrales». Francisco citó las palabras de un gran arzobispo de Bolonia, el cardenal Giacomo Lercaro: «La Iglesia no puede ser neutral frente al mal, provenga de donde provenga: su vida no es la neutralidad, sino pa profecía». No neutrales, pues, «¡sino desplegados por la paz!», continuó Francisco. «Por ello, invoquemos el “ius pacis”, como derecho de todos a arreglar los conflictos sin violencia. Por ello repitamos: ¡nunca más la guerra, nunca más contra los demás, nunca más sin los demás! Que salgan a la luz los intereses y las tramas, a menudo oscuros, de quienes fabrican violencia, alimentando la carrera armamentista y pisoteando la paz con los negocios».

Bergoglio pidió «afirmar los derechos de las personas y de los pueblos, de los más débiles, de quien ha sido descartado, y de la creación, nuestra casa común». «¡No le crean –añadió– a quienes les dicen que luchar por esto sea inútil y que nada cambiará! No se conformen con pequeños sueños, sino sueñen en grande». Francisco invitó a los jóvenes a soñar: «Yo también sueño, pero no solo mientras duermo, porque los sueños verdaderos se hacen con los ojos abiertos y se sacan adelante a la luz del sol. Renuevo con ustedes el sueño de un nuevo humanismo europeo, que requiere memoria, valentía, saludable y humana utopía; de una Europa madre, que respeta la vida y ofrece esperanzas de vida; De una Europa en la que los jóvenes respiren el aire limpio de la honestidad, amen la belleza de la cultura y de una vida simple, no contaminada por las infinitas necesidades del consumismo; en donde casarse y tener hijos sean una responsabilidad y una alegría grande, no un problema debido a la falta de un trabajo lo suficientemente estable». Es el sueño de una Europa que recuerde su cultura e «infunda esperanza a sus hijos y sea instrumento de paz para el mundo».

VATICAN/ANDREA TORNIELLI

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