Viernes, Octubre 20, 2017

Papa Francisco: no despleguemos nunca la solidaridad a la lógica de las ganancias

MTI Texcoco Mass Media/J. Gabriel Cuevas P.
Publicada: Octubre 01, 2017

El Papa frente a la basílica de San Petronio, plaza Mayor de Bolonia.VATICAN//TEXCOCO PHOTO

CIUDAD del VATICANO, Roma.- (Texcoco Press).- «No pleguemos nunca la solidaridad a la lógica de las ganancias financieras». El Papa Francisco, desde el atrio de la basílica de San Petronio, en la Plaza Mayor de Bolonia, habló al mundo del trabajo, a los sindicatos, al mundo de las cooperativas. Al saludar al Pontífice, el arzobispo Zuppi recordó que Bolonia es ciudad acogedora y citó a San Petronio como «pater et protector», padre y protector. «La Iglesia quiere vivir en la plaza, en las calles de la ciudad de los hombres –añadió Zuppi–, porque no pierde su verdad mezclándose con los demás. Quien mira hacia el futuro, derriba los muros, no los construye». El arzobispo concluyó recordando la importancia de la concertación y la capacidad de san Francisco de hablar con todos, «laicamente», tal y como lo hace en la actualidad el Papa.

Entre las diferentes expresiones del mundo del trabajo, dijo Bergoglio en su discurso, «hay, desgraciadamente también una negativa, es decir la situación difícil, a veces angustiosa, de la falta de trabajo»: El Papa lo recordó ante la presencia de delegaciones que representan «partes sociales diferentes, a menudo en discusión e incluso áspera entre sí, pero han aprendido que solamente juntos se puede salir de la crisis y construir el futuro. Solo el diálogo en las recíprocas competencias –insistió el Papa– puede permitir encontrar respuestas eficaces e innovadoras para todos, incluso sobre la calidad del trabajo, en particular el indispensable “welfare”. Es lo que algunos llaman “sistema Emilia”. Traten de sacarlo adelante. Se necesitan soluciones estables y capaces de ayudar a ver hacia el futuro para responder a la necesidad de las personas y de las familias».

El Papa después recordó la experiencia de las cooperativas, «que nace del valor fundamental de la solidaridad. Hoy ella tiene todavía mucho que ofrecer, también para ayudar a muchos que están en dificultades y necesitan ese “ascensor social” que según algunos estaría completamente descompuesto. No pleguemos nunca la solidaridad a la lógica de las ganancias financieras, sobre todo porque así se la quitamos (podríamos decir robamos) a los más débiles que tanto la necesitan. Buscar una sociedad más justa no es un sueño del pasado, sino un compromiso, un trabajo, que necesita a todos hoy». Una advertencia al mundo de la cooperativa a no olvidar nunca sus orígenes ni su identidad.

«La situación del desempleo juvenil y la de muchos que han perdido el trabajo y no logran reincorporarse –dijo Francisco– son realidades a las que no podemos acostumbrarnos, tratándolas como si fueran solamente estadísticas».

«La acogida, la lucha contra la pobreza –añadió Bergoglio– pasan en gran medida a través del trabajo. No se ofrece verdadera ayuda a los pobres sin que puedan encontrar trabajo y dignidad. Este es el desafío apasionante, como en los años de la reconstrucción después de la guerra, que dejó tanta pobreza. El reciente “Pacto para el trabajo”, que ha visto a todas las partes sociales, incluso la Iglesia, firmar un común compromiso para ayudarse en la búsqueda de respuestas estables, no de limosnas, es un método importante y espero que pueda dar los frutos esperados».

Francisco después se refirió a la crisis económica y recordó que tiene «una dimensión europea y global; y, como sabemos, también es una crisis ética, espiritual y humana. En la raíz hay una traición del bien común, por parte tanto de individuos como de grupos de poder. Es necesario, pues, quitarle centralidad a la ley de las ganancias y asignarla a la persona y al bien común. Pero para que tal centralidad sea real, efectiva y no solo proclamada con palabras, hay que aumentar las oportunidades de un trabajo digno. Esta es una tarea que pertenece a toda la sociedad: en esta fase particularmente, todo el cuerpo social, en sus diferentes sectores, está llamado a hacer cualquier esfuerzo para que el trabajo, que es factor primario de dignidad, sea una preocupación central».

«Aquí nos encontramos frente a San Petronio –concluyó Francisco. De aquí, físicamente, vemos tres aspectos constitutivos de la ciudad: la Iglesia, el Municipio y la Universidad. Cuando ellas dialogan y colaboran entre sí, se refuerza el precioso humanismo que expresan y la ciudad (por decir así) “respira”, tiene un horizonte, y no tiene miedo de afrontar los desafíos que se presentan. Les animo a valorar este humanismo del que son ustedes depósito para buscar soluciones sabias y clarividentes a los complejos problemas de nuestro tiempo, viéndolos í como dificultades, pero también como oportunidades de crecimiento y de mejora. Y esto que digo vale también para Italia y para Europa entera en su conjunto».

Después de haber recitado el Ángelus, el Papa recordó la beatificación de Tito Zeman, que fue ayer. El alcalde de Bolonia le regaló al Pontífice una reproducción del “Liber Paradisus” con los nombres de los esclavos a quienes la ciudad rescató pagando su libertad hace 760 años. Francisco se había referido a este libro poco antes, en el Hub Regional, durante su encuentro con los migrantes.

Antes de entrar a San Petronio para el almuerzo, Francisco saludó a algunos de los que sobrevivieron a la masacre de Marzabotto y a algunos de los familiares de la de Bolonia. Entre los que estrecharon la mano del Pontífice estaba el artista italiano Giani Morandi, que cantó en la plaza mientras los fieles esperaban la llegada de Francisco. 

VATICAN/ANDREA TORNIELLI

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