Domingo, Diciembre 17, 2017

El Papa: afrontar los remordimientos de conciencia, síntoma de salvación

MTI/ Texcoco Mass Media/Juan Gabriel Cuevas P.
Publicada: Septiembre 28, 2017

La Misa en Santa Marta. AP//VATICAN//TEXCOCO PHOTO

CIUDAD DEL VATICANO.- (Texcoco Press).- Nunca hay tener miedo de decirse a sí mismo «la verdad sobre nuestra vida», cobrando conciencia de los propios pecados, que deben ser confesados a Dios «para que perdone». Hay que afrontar los propios remordimientos de conciencia, que son síntomas de salvación, huyendo de la tentación de «encubrirlos, maquillarlos, ocultarlos». De lo contrario se cae en la tentación de ya no sentirlos, y así el Señor no puede «curarnos». Es la recomendación que dio el Papa Francisco hoy en la homilía de hoy por la mañana, 28 de septiembre de 2017, en la capilla de la Casa Santa Marta.

El Pontífice, según indicó la Radio Vaticana, reflexionó sobre el pasaje del Evangelio de hoy de Lucas, dedicado a la reacción de Herodes a la predicación de Cristo. El Obispo de Roma recordó que algunos asocian a Jesús con Juan Bautista y Elías, otros lo consideran un profeta. Herodes no sabe «qué pensar», pero «sentía dentro» una inquietud, que «no era una curiosidad», sino «un remordimiento en el alma, en el corazón». Por ello trata de ver a Cristo «para tranquilizarse». Desea ardientemente presenciar los milagros que Él hace, pero Jesús no le hace «el circo». Así, Herodes lo entrega a Pilato: el Hijo de Dios paga con la muerte por crucificción. Herodes cubre «un crimen con otro –observó el Papa– el remordimiento de la conciencia con otro crimen», como quien «mata por temor».

Francisco explicó que el remordimiento de la conciencia no es «un simple recordar algo», sino una «llaga».

Plaga que «nosotros, cuando en la vida hemos hecho daños, hace daño. Pero es una llaga oculta, no se ve, ni siquiera yo la veo, porque me acostumbro a llevarla y después de anestesia. Está allí, algunos la tocan, pero la llaga está adentro. Y cuando esa llaga hace daño, sentimos el remordimiento. No solo estoy consciente de haber hecho daño, sino que lo siento: lo siento en el corazón, lo siento en el cuerpo, en el alma, lo siento en la vida. Y de ahí esta tentación de encubrirlo para dejar de sentirlo».

Por ello, es «una gracia sentir que la conciencia se acusa, que nos dice algo». Por lo demás, «ninguno de nosotros es un santo», y todos los hombres tienden a ver «los pecados de los demás» y no los propios.

El Pontífice hizo un llamado: «Nosotros debemos (permítanme la palabra) “bautizar” la llaga, es decir darle un nombre. ¿Dónde tienes la llaga? “¿Cómo hago, padre, para sacarla?” “Pues, antes que nada, reza: «Señor, ten piedad de mí, que soy pecador». El Señor escucha tu oración. Después examina tu vida. “Si no veo cómo ni dónde está ese dolor, de dónde viene, que es un síntoma, ¿qué hago?” “Pídele ayuda a alguien que te ayude a salir; que salga la llaga y después dale un nombre”. Yo tengo este remordimiento de conciencia porque hice esto, concreto, la concreción. Esta es la verdadera humildad frente a Dios y Dios se conmueve frente a la concreción».

Esa concreción, típica de los niños en la confesión, que les lleva a decir lo que han hecho, para dejar que surja «la verdad». Es fundamental decir y decirse «la verdad sobre nuestra vida».

Esta es la manera en la que «se cura», aprendiendo «la ciencia, la sabiduría de acusarse a sí mismo. Yo me acuso a mí mismo, siento el dolor de la llaga, hago de todo para saber de dónde viene este síntoma y después me acuso a mí mismo». Hay que alejar el «miedo de los remordimientos de la conciencia: son un síntoma de salvación. Tener miedo de encubrirlos, de maquillarlos, de disimularlos, de ocultarlos… Eso sí, pero ser claros. Y así el Señor nos cura». Es la vía que lleva al perdón.

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