Viernes, Octubre 20, 2017

El Papa: preocupa la xenofobia en Europa, incluso entre los católicos

MTI/ Texcoco Mass Media/Juan Gabriel Cuevas P.
Publicada: Septiembre 23, 2017

El Papa: preocupa la xenofobia en Europa, incluso entre los católicos. AFP//VATICAN//TEXCOCO PHOTO

Hay que garantizar una constante apertura hacia el otro

CIUDAD DEL VATICANO.- (Texcoco Press).- «No les oculto mi preocupación frente a los signos de intolerancia y discriminación que hay». El Papa Francisco advirtió sobre el peligro de la xenofobia al dirigirse a los responsables de la pastoral para los migrantes. «Me preocupa todavía más la triste constatación de que nuestras comunidades católicas en Europa no están exentas de estas reacciones de defensa y rechazo».

La Iglesia, subrayó el Pontífice en la audiencia de este 22 de septiembre de 2017, en la Sala Clementina, a los directores nacionales de la pastoral para los migrantes, reunidos por el Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa (CCEEE), «se ha difundido en todos los continentes gracias a la “migración” de los misioneros que estaban convencidos de la universalidad del mensaje de salvación de Jesucristo, destinado a los hombres y mujeres de todas las culturas. En la historia de la Iglesia no han faltado las tentaciones del exclusivismo y del enroque cultural, pero el Espíritu Santo nos ha ayudado a superarlas, garantizando una constante apertura hacia el otro, considerada como una posibilidad concreta de crecimiento y enriquecimiento».

El Espíritu, «estoy seguro de ello, nos ayuda también hoy a conservar una actitud de apertura y de confianza, que permite superar cualquier barrera, saltarse cualquier muro».

Según el Papa Bergoglio, «frente a los flujos migratorios masivos, complejos y variados, que han puesto en crisis las políticas migratorias hasta ahora adoptadas y los instrumentos de protección establecidos por convenciones internacionales, la Iglesia pretende permanecer fiel a su misión: la de “amar a Jesucristo, adorarlo y amarlo, particularmente en los más pobres y abandonados; entre ellos están sin duda los migrantes y los refugiados», dijo, citando su Mensaje para la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado de 2015.

El amor «materno de la Iglesia hacia estos nuestros hermanos y nuestras hermanas —observó— exige que se manifieste concretamente en todas las fases de la experiencia migratoria, desde la partida hasta el viaje, desde la llegada hasta la vuelta, para que todas las realidades eclesiales locales ubicadas a lo largo de los trayectos sean protagonistas de la única misión, cada una según las propias posibilidades. Reconocer y servir al Señor en estos miembros de su pueblo en camino es una responsabilidad que une a todas las Iglesias particulares en la profusión de un compromiso constante, coordinado y eficaz».

Después, Francisco reveló: «No les oculto mi preocupación frente a los signos de intolerancia y discriminación que hay en diferentes regiones de Europa. A menudo son motivadas por la desconfianza y por el temor al otro, al diferente, al extranjero». Y le preocupa mucho más «la triste constatación de que nuestras comunidades católicas en Europa no están exentas de estas reacciones de defensa y rechazo, justificadas por un nada claro “deber moral” de conservar la identidad cultural y religiosa original».

Al escuchar constantemente a las Iglesias particulares en Europa, el Papa ha percibido «un profundo disgusto frente a la llegada masiva de migrantes y refugiados». Este disgusto «debe ser reconocido y comprendido a la luz de un momento histórico marcado por la crisis económica, que ha dejado profundas heridas». Ha sido, además, «empeorado por el alcance y la composición de los flujos migratorios, por una sustancial falta de preparación de la sociedad que hospeda y por políticas nacionales y comunitarias a menudo inadecuadas».

Pero, según Francisco, «el disgusto también indica los límites de los procesos de unificación europea, obstáculos a los que hay que contraponer la aplicación concreta de la universalidad de los derechos humanos, muros contra los que choca el humanismo integral que constituye uno de los frutos más bellos de la civilización europea». Y, para los cristianos, añadió, «todo esto debe ser interpretado, más allá del inmanentismo laico, con la lógica de la centralidad de la persona humana creada por Dios, única e irrepetible».

Desde una perspectiva «exquisitamente eclesiológica —recordó el Pontífice—, la llegada de muchos hermanos y hermanas en la fe ofrece a las Iglesias en Europa una oportunidad más para realizar plenamente la propia catolicidad, elemento constitutivo de la Iglesia que confesamos cada domingo en el Credo». Por lo demás, «durante los últimos años, muchas Iglesias particulares en Europa se han enriquecido con la presencia de migrantes católicos, que han traído sus devociones y su entusiasmo litúrgico y apostólico».

Desde una perspectiva «misiológica», en cambio, «los flujos migratorios contemporáneos constituyen una nueva “frontera” misionera, una ocasión privilegiada para anunciar a Jesucristo y su Evangelio sin moverse del propio ambiente, para ofrecer testimonio concreto de la fe cristiana en la caridad y en el profundo respeto por las demás expresiones religiosas». El encuentro con los migrantes y refugiados de otras confesiones y religiones «es un terreno fecundo para el desarrollo de un diálogo ecuménico e interreligioso sincero y enriquecedor».

Francisco recordó los contenidos de su Mensaje para la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado del año que viene, en el que subrayó que «la respuesta pastoral a los desafíos migratorios contemporáneos se debe articular alrededor de cuatro verbos: acoger, proteger, promover, integrar».

El verbo acoger «se traduce después en otros verbos como ampliar las vías legales y seguras de ingreso, ofrecer un primer alojamiento adecuado y decoroso, y asegurar a todos seguridad personal y el acceso a los servicios básicos. El verbo proteger se especifica al ofrecer información cierta y certificada antes de la partida, defender los derechos fundamentales de los migrantes y refugiados independientemente de su estatus migratorio y velar por los más vulnerables, que son los niños y las niñas. Promover significa esencialmente garantizar las condiciones para el desarrollo humano integral de todos, migrantes y autóctonos». Integrar «se traduce en abrir espacios de encuentro intercultural, favorecer el enriquecimiento recíproco y promover procesos de ciudadanía activa».

En el mismo mensaje, recordó el Pontífice, se refirió a «la importancia de los pactos globales, que los Estados se comprometieron en redactar y aprobar antes de que concluya 2018». La sección que se ocupa de los Emigrantes y Refugiados del Dicasterio para el Servicio al Desarrollo Humano Integral «ha preparado 20 puntos de acción que las Iglesias locales están invitadas a usar, completar y profundizar en la propia pastoral: tales puntos se basan en las “buenas prácticas” que caracterizan la respuesta tangible de la Iglesia a las necesidades de los migrantes y refugiados. Los mismos puntos son útiles para el diálogo que las diferentes instituciones eclesiales pueden tener con los respectivos gobiernos en vista de los Pactos Globales. Los invito, queridos directores, a que conozcan tales puntos y a promoverlos en sus Conferencias Episcopales», concluyó el Pontífice.

VATICAN/DOMENICO AGASSO JR.

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