Domingo, Septiembre 24, 2017

“Nosotros los cristianos estamos llamados a caminar contracorriente”

MTI/ Texcoco Mass Media/Juan Gabriel Cuevas P.
Publicada: Septiembre 03, 2017

El Ángelus del Papa Francisco. VATICAN//TEXCOCO PHOTO

Encomendó a la Virgen a los «habitantes de Texas y Louisiana» tras el paso del huracán

CIUDAD DEL VATICANO.- (Texcoco Press).- «Recemos a María Santísima para no tener miedo de la cruz, pero de una cruz con Jesús clavado: no una cruz sin Jesús —afirmó Francisco durante el Ángelus. También hoy la tentación sigue siendo la de volver a seguir a un Cristo sin cruz, es más, de enseñarle a Dios el camino correcto. Con una grande sabiduría siempre válida, Jesús desafía la mentalidad y los comportamientos egocéntricos». El Papa advirtió que «estamos llamados a no dejarnos absorber por la visión de este mundo, sino a ser cada vez más consientes de la necesidad y de la fatiga para nosotros los cristianos de caminar contracorriente y en subida». Francisco explicó que «Jesús nos recuerda que su vía es la vía del amor, y no hay verdadero amor sin el sacrificio de sí». A los fieles reunidos en la Plaza San Pedro para la oración mariana, el Pontífice recordó «la regla de oro que Dios inscribió en la naturaleza humana creada en Cristo». Es decir «la regla de oro de que solo el amor da sentido y felicidad a la vida». De hecho, recordó Jorge Mario Bergoglio, «gastar los propios talentos, las propias energías y el propio tiempo solo para salvar, custodiar y realizarse, conduce en realidad a perderse, o sea a una existencia triste y estéril». Y, prosiguió Francisco, «si, en cambio, vivimos para el Señor y configuramos nuestra vida sobre el amor, como hizo Jesús, podremos saborear la alegría auténtica».

El Papa reflexionó sobre el pasaje evangélico del día, que es la «continuación del del domingo pasado, en el que resaltaba la profesión de fe de Pedro, roca sobre la que Jesús quiere construir su Iglesia». Y, comentó el Pontífice, «hoy, en estridente contraste, Mateo nos muestra la reacción del mismo Pedro cuando Jesús revela a los discípulos que en Jerusalén deberá sufrir, ser asesinado y resurgir». Entonces Pedro toma al Maestro y lo lleva a otro sitio para reprocharle por ello, le dice que lo que dijo no podía sucederle a Él al Cristo. Pero Jesús, a su vez, regaña a Pedro con palabras duras: «¡Va de retro, Satanás. Tú me das escándalo, porque no piensas según Dios, sino según los hombres!». Entonces, puntualizó el Papa, «un momento antes el apóstol era una piedra sólida para que Jesús pudiera construir sobre ella su comunidad, e inmediatamente después se convierte en un obstáculo, una piedra de obstáculo en el camino del Mesías. Jesús sabe bien que Pedro y los demás tienen todavía que recorrer mucho camino para convertirse en sus discípulos». Y en ese momento, «el Maestro dirige a todos los que lo seguían, presentándoles con claridad el camino que hay que seguir: si alguien quiere seguirme, que reniegue de sí mismo, que tome su cruz y me siga». Y Jesús exhorta: «Quien quiera salvar la propia vida, la perderá; pero quien pierda la propia vida por mi causa, la encontrará». Por el contrario, «hoy hay quienes piensan enseñarle a Dios el camino justo». En la celebración de la Eucaristía «revivimos el misterio de la cruz» y «cada vez que participamos en la Santa Misa, el amor de Cristo crucificado y resucitado se comunica a nosotros como alimento y bebida, para que podamos seguirlo a Él en el camino de cada día, en el concreto servicio a los hermanos».

Francisco invocó a «María Santísima, que siguió a Jesús hasta el Calvario, para que nos acompañe también a nosotros y nos ayude a no tener miedo de sufrir por amor de Dios y de los hermanos, porque este sufrimiento, por la gracia de Cristo, es fecunda de resurrección».

Después de haber recitado el Ángelus, Francisco volvió a expresar su «espiritual cercanía a las poblaciones del Asia meridional, que todavía sufren las consecuencias de los aluviones», y expresó su «viva participación al sufrimiento de los habitantes de Texas, afectados por un huracán y por las lluvias excepcionales, que han provocado víctimas, miles de personas desplazadas y considerables daños materiales». Pidió a «María Santísima, consoladora de los afligidos, que obtenga del Señor la gracia de consuelo para toda la comunidad texana en esta dolorosa circunstancia». Al final, el Papa saludó a todos los peregrinos «provenientes de Italia y de diversos países. En particular, a los fieles de las Islas Canarias, al cuerpo del bandistico de Pontevico, las personas confirmadas de Mariano al Brembo, de Padria y de Prevalle, a los chicos de Chizzola, de Cagliari y de Bellagio», deseándoles un buen domingo y buen provecho, además de pedir, como acostumbra, que «no se olviden de rezar por mí».

VATICAN/GIACOMO GALEAZZI

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