Jueves, Noviembre 23, 2017

Francisco: “Toda mi cercanía a los Rohinyá perseguidos”

MTI/ Texcoco Mass Media/Juan Gabriel Cuevas P.
Publicada: Agosto 27, 2017

El Ángelus del Papa Francisco. ANSA//VATICAN//TEXCOCO PHOTO

Minoría religiosa en Myanmar, según la ONU, es de las más perseguidas en el mundo

CIUDAD DEL VATICANO.- (Texcoco Press).- «Han llegado tristes noticias sobre la persecución de la minoría religiosa de nuestros hermanos Rohinyá —afirmó el Papa durante el Ángelus. Todos nosotros pidamos al Señor que los salve y que suscite hombres y mujeres capaces de salvarlos y que les den su ayuda». Desde 2012 800 mil Rohinyá, grupo étnico de religión musulmana, viven en Myanmar y según los informes de la ONU son una de las minorías más perseguidas del planeta. Francisco se prepara para visitar precisamente ese país, en donde se consuman las violencias contra la minoría étnica, en noviembre de este año y recibió hace poco a la lideresa San Sus Kyi, que vivió durante años en arresto domiciliario y ahora forma parte del gobierno.

«La Iglesia es comunidad de vida, hecha de muchísimas piedras, todas diferentes, que forman un único edificio en el signo de la fraternidad y de la comunión», advirtió Francisco. «En los últimos días, grandes aluviones han afectado Bangladesh, Nepal y la India septentrional —explicó el Papa. Expreso mi cercanía a las poblaciones y rezo por las víctimas y por cuantos sufren debido a esta calamidad».

El Evangelio de hoy, recordó el Pontífice, «nos recuerda que Jesús ha querido para su Iglesia un centro visible de comunión en Pedro y en aquellos que le iban a suceder en la misma responsabilidad primacial, que desde los orígenes han sido identificados en los Obispos de Roma, la ciudad donde Pedro y Pablo han dado testimonio de la sangre». La Iglesia «tiene fundamentos sólidos pero no faltan grietas y necesita constantemente ser reparada, como en los tiempos de san Francisco de Asís». Después exhortó a los fieles: «encomendémonos a María, Reina de los Apóstoles, Madre de la Iglesia. Ella estaba en el cenáculo, al lado de Pedro, cuando el Espíritu Santo descendió sobre los Apóstoles y los impulsó a salir y a anunciar a todos que Jesús es el Señor». Por ello, invocó el Papa, hoy, nuestra Madre nos sostenga y nos acompañe con su intercesión, para que realicemos plenamente aquella unidad y aquella comunión por la cual Cristo y los Apóstoles ha rezado y han dado la vida».

Reflexionando sobre las Escrituras con los fieles y peregrinos que asistieron a la Plaza San Pedro, Francisco insistió en que «el Evangelio de este domingo nos presenta un pasaje clave en el camino de Jesús con sus discípulos: el momento en el que Él quiere verificar en qué punto está su fe en Él». Primero, subrayó el Papa, «quiere saber qué piensa sobre Él la gente; y la gente piensa que Jesús es un profeta, cosa que es verdadera, pero no aprecia el centro de su Persona ni de su misión; después, plantea a los discípulos la pregunta que más le importa». Es decir, les pregunta directamente a todos ellos: «Pero, ustedes, ¿quién dicen que soy yo?». Con ese «pero», Jesús separa con decisión a los Apóstoles de la masa, como diciéndoles: «Pero ustedes, que están conmigo todos los días y me conocen de cerca, ¿qué es lo que más han apreciado?».

Según Jorge Mario Bergoglio, «el Maestro se espera de los suyos una respuesta alta y diferente con respecto a las de la opinión pública». Y, de hecho, el primero de los Apóstoles responde al Maestro con palabras que nacen de su corazón: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Simón Pedro pronuncia palabras más grandes que él, palabras que «no provienen de sus capacidades naturales, sino inspiradas por el Padre celeste, el cual revela al primero de los Doce la verdadera identidad de Jesús: Él es el Mesías, el Hijo enviado por Dios para salvar a la humanidad». De esta respuesta, añadió Francisco, «Jesús comprende que, gracias a la fe dada por el Padre, hay un fundamento sólido sobre el que se puede construir su comunidad, su Iglesia. Por ello dice a Simón: “Tú eres Pedro (es decir piedra, roca), y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia».

Entonces, prosiguió el Papa, «también con nosotros, hoy, Jesús quiere continuar construyendo su Iglesia, esta casa con fundamentos sólidos, pero en la que no faltan las grietas, y que necesita constantemente ser reparada, como en tiempos de san Francisco de Asís». Y nosotros, «claramente, no nos sentimos rocas, sino solo piedras pequeñas, pero ninguna piedrita es inútil; es más, en manos de Jesús se vuelve preciosa, porque Él la recoge, la ve con gran ternura, la trabaja con su Espíritu, y la coloca en el lugar preciso, que Él, desde siempre, había pensado y en donde puede ser más útil a la construcción entera». Y, precisó el Pontífice, «todos nosotros, por pequeños que seamos, somos hechos “piedras vivas” por su amor, y así tenemos un sitio y una misión en la Iglesia: es comunidad de vida, hecha de muchísimas piedras, todas diferentes, que forman un único edificio en el signo de la fraternidad y de la comunión».

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