Domingo, Septiembre 24, 2017

Camerún; la muerte del obispo de Bafia sigue siendo un misterio

MTI/ Texcoco Mass Media/Juan Gabriel Cuevas P.
Publicada: Agosto 24, 2017

Jean Marie Benoīt Balla. VATICAN//TEXCOCO PHOTO

En medio de revueltas de la minoría anglófona y constantes ataques de Boko Haram. Habla un amigo del religioso asesinado: «El pueblo ahora quiere respuestas sobre tantos homicidios de miembros de la Iglesia»

BAFIA.- (Texcoco Press).- «Nuestra Iglesia ha sido entregada a las fuerzas de las tinieblas por algunos falsos miembros de esta misma Iglesia, por innumerables benefactores, auto-denominados simpatizantes que quieren destruirla desde dentro… Me veo obligado a plantearme la siguiente pregunta: “¿Quién asesina sacerdotes en este país?”. Me dirijo a todos los que, ocultos en las sombras, quieren hacer daño: ¿qué les fastidia de la Iglesia?». Son las duras palabras, interrumpidas constantemente por aplausos, que pronunció monseñor Joseph Akonga Essomba (párroco, biblista y, sobre todo, su amigo íntimo) en ocasión de las exequias de Jean Marie Benoît Balla, obispo de Bafia cuyo cuerpo sin vida fue encontrado en las aguas del río Sanaga el pasado 2 de junio.

La Conferencia Episcopal de Camerún había postergado la ceremonia esperando respuestas claras por parte de los investigadores, criticando la hipótesis de que el religioso simplemente se habría ahogado en el río (conclusión a la que habría llegado la autopsia, ndr.). A dos meses exactos del hallazgo del cadáver del religioso, el apsado dos de agosto, pidiendo una investigación más seria, denunciando la falta de esfuerzos por parte del gobierno y criticando las tesis oficiales sobre su muerte, los obispos decidieron celebrar el funeral y despertar las conciencias del país. «Monseñor Balla –añadió Akonga– era un excelente nadador: excluyo con certeza que se haya podido ahogar».

La homilía del religioso suscitó mucho clamor. Como sostienen diferentes órganos de prensa locales, Akonga fue más allá de las posiciones de la Conferencia Episcopal, que desde el principio habló sobre un «asesinato brutal», llegando a denunciar un proyecto criminal de lobbies satánicos. Sus durísimas palabras desencadenaron varias hipótesis (y la más citada por los medios de comunicación se refiere a grupos homosexuales dentro y fuera de la Iglesia católica) y provocaron nuevos dolores de cabeza para el gobierno central, que se suman a las ya de por sí fuertes tensiones.

Camerún, conocido como «África en miniatura» por sus más de 200 diferentes grupos lingüísticos y por la enorme heterogeneidad de su sociedad, presenta de los mejores parámetros de crecimiento y desarrollo en el continente: una elevada tasa de alfabetización, una relativa paz y una discreta estabilidad. Pero en los últimos tiempos, los motivos de alarma han aumentado y, con ellos, la inquietud y el malestar de sus 23 millones de habitantes. Antes que nada, la rumorosa minoría anglófona que se siente excluida de los lugares del poder, pide con insistencia una mayor autonomía (Camerún nació en 1961, después de la unificación de dos ex colonias, una británica y otra francesa. Las provincias de las zonas del norte y del suroeste, alrededor del 20% de la población siempre han sido anglófonas, ndr.).

En el norte, en cambio, la penetración capilar del terrorismo de estampo yihadista de Boko Haram está cobrando víctimas y sembrando el terror. La falange islámica que nació en Nigeria llevó a cabo su primer atentado en Camerún el 12 de julio de 2015. Desde entonces se ha convertido en protagonista de cientos de ataques que han provocado miles de muertos y obligado a alrededor de 250 mil personas a huir o a buscar refugio en los campos que ha puesto a disposición el gobierno.

Por último, la lista infinita de homicidios de exponentes de la Iglesia católica, muchos de los cuales siguen sin un culpable. «Desde hace décadas –explicó Emmanuel Ngah Obala, camerunés que vive en Italia y amigo fraterno del obispo de Bafia– suceden misteriosas muertes de sacerdotes, religiosos y laicos católicos. Después del homicidio de monseñor Balla algo cambió en la percepción del pueblo: la gente empieza a rebelarse y a pedir que se haga justicia».

La lista de los miembros de la Iglesia asesinados es verdaderamente larga. Antes de que llegara la muerte del obispo Balla y de los dos sacerdotes Ndi Augustin, encontrado sin vida cinco días después en su habitación en Nguti, y Jean Armel, el rector del Seminario de Saint André, cuyo cadáver fue hallado en su habitación dos semanas antes de la muerte de monseñor Balla, hay que pasar por el abad Joseph Mbassi, director del periódico “L’Effort camerounais”,asesinado en Yaoundé en 1988. Después el padre Antony Fontegh, asesinado en Bamenda en 1990; monseñor Yves Plumey, arzobispo emérito de Garoua, asesinado en Ngaoundéré en 1991, las monjas de Djoum, asesinadas después de haber sido violadas y mutiladas en agosto de 1992; el padre Engelbert Mveng, un jesuita hallado sin vida en Yaoundé en 1995. Y también están el abad Materne Bikoa, el abad Apollinaire Claude Ndi (asesinado en 2001 en Yaoundé), el abad Joseph Yamb, el abad Barnabé Zambo, varios consagrados, otros miembros del clero y algunos laicos.

«Nunca ha existido ningún problema entre la Iglesia y el Estado –afirma Ngah Obala–, pero que hasta ahora no se haya esclarecido el asesinato de ninguno de los miembros de la Iglesia crea mucha inquietud. Monseñor Balla, cada vez que venía a Roma, se quedaba en mi casa. Nos llamábamos a menudo, estábamos muy unidos. Era un obispo con una dimensión altamente pastoral, nunca se expuso políticamente: solo le interesabe su pueblo. Un día antes de desaparecer (antes de ser encontrado sin vida en el río, el religioso había desaparecido, ndr.), cenó y le dijo a la monja que lo asistía que llevara una carta a Yaoundé para la arquidiócesis, con la que, seguramente, pretendía quejarse de algo. Pero no sabemos con certeza de qué se trataba».

La Iglesia, para tener justicia, se dirige ahora directamente el presidente del país, Paul Biya, el ex seminarista que lleva 35 años en el poder. El líder político, más longevo que muchos de sus colegas africanos, es considerado como un político controvertido. En 2008 el Parlamento aprobó una medida con la que enmendó la Constitución y le permitió ser candidato por un tercer mandato. Entre acusaciones de autocracia por parte de las oposiciones políticas y sospechas de fraudes por parte de muchos observadores, Biya obtuvo una neta victoria en 2011, asegurándose la presidencia hasta la primavera del año que viene. Antes fiel seguidor del presidente Ahmadou Ahidjo, que lo nombró Primer ministro en 1975, Biya, después de haber ganado las elecciones de 1982, se deshizo de su estorboso ex mentor, acusándolo de haber tramado un golpe de Estado en su contra, por lo que lo obligó a exiliarse.

En la actualidad, entre todos los problemas, debe también afrontar la «cuestión católica». «La situación en mi país –dice Mani Ndongbou, presidente de Camerol (Camerunenses de Roma y Lacio)- es muy compleja a nivel político y social. En cierto sentido, en la composición del poder existe una división en tribus aunque exista en el país un fuerte sentido de fraternidad. Es un país en claro desarrollo, pero que se frena debido a casos de corrupción. En 2018 habrá nuevas elecciones y esperamos que llegue una mayor estabilidad».

La muerte de Balla tuvo también muchas repercusiones en la comunidad camerunesa de la diáspora. «Conocíamos muy bien al obispo, un verdadero pastor; se ocupaba de su gente, velaba por y soñaba con un futuro mejor para su pueblo. Balla no era un personaje político, no concedía muchas entrevistas. Su fallecimiento nos ha sacudido. Promovió una responsabilidad colectiva de la comunidad católica en la administración del presupuesto y de las donaciones: quería involucrar a la gente en la vigilancia, para que todo fuera transparente». Tal vez fue precisamente esto lo que molestaba a algunos.

«Es verdaderamente difícil decirlo. Y saber que fue brutalmente asesinado nos inquieta profundamente. Era un educador, un hombre del pueblo. Todo es muy oscuro y esto da mucho miedo. Hemos hecho de todo para recordarlo como era y hemos promovido un sentimiento de unidad en nuestro pueblo. Fue muy impèortante que en las vigilias que hemos organizado hayan participado también musulmanes, personas de la minoría anglófona».

VATICAN/LUCA ATTANASIO

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