Sábado, Septiembre 23, 2017

“Que Dios libre al mundo de esta violencia inhumana”

MTI/ Texcoco Mass Media/Juan Gabriel Cuevas P.
Publicada: Agosto 20, 2017

El Ángelus del Papa Francisco. ANSA//VATICAN//TEXCOCO PHOTO

Durante el Ángelus, el Papa Francisco rezó por «los difuntos, por los heridos y sus familiares» de los actos terroristas que en «estos últimos días han causado numerosas víctimas, en Burkina, Faso, España y Finlandia»

CIUDAD DE VATICANO.- (Texcoco Press).- El Papa, con dolor por los atentados terroristas, suplica «al Dios de misericordia y de paz que libere al mundo de esta inhumana violencia». «Queridos hermanos y hermanas en nuestro corazón llevamos el dolor que los actos terroristas que en estos últimos días han causado numerosas víctimas, en Burkina, Faso, España y Finlandia —afirmó Francisco durante el Ángelus. Rezamos por todos los difuntos, por los heridos y sus familiares, y suplicamos al Dios de misericordia y de paz que libere al mundo de esta inhumana violencia. Recemos juntos, en silencio, y después a la Virgen».

El Pontífice exhortó a «alimentar la fe y a fortalecer la confianza en Jesús», puesto que «todos necesitamos crecer en la fe» y «no tenemos espacios que defender: el amor de Dios no tiene confines». Antes de recitar la oración mariana con los fieles y peregrinos reunidos en la Plaza San Pedro, el Papa recordó que el Evangelio de hoy presenta «un singular ejemplo de fe en el encuentro de Jesús con una mujer cananea, una extranjera con respecto a los judíos». La escena se lleva a cabo mientras Jesús está en camino hacia la ciudad de Tiro y Sidón, al noroeste de Galilea. Y allí, añadió el Papa, la mujer implora a Jesús que cure a su hija, «atormentada por un demonio». El Señor, en un primer momento, «parece no escuchar este grito de dolor, tanto que suscita la intervención de los discípulos que interceden por ella: la aparente distancia de Jesús no desanima a esta madre, que insiste en su invocación».

Según Jorge Mario Bergoglio, la fuerza interior de esta mujer, que permite superar cualquier obstáculo, se encuentra en su amor materno y en la confianza en que Jesús puede cumplir lo que le pide. « Podemos decir que es el amor que mueve la fe y la fe, por su parte, se convierte en el premio del amor. El amor intenso hacia su hija le induce a gritar: “¡Señor, Hijo de David, ten compasión de mí!”. Y la fe perseverante en Jesús permite que no se desanime, ni siquiera ante su rechazo inicial; así “la mujer se acercó y, arrodillándose delante de él, le suplicó: ¡Señor, ayúdame!”. Al final, ante tanta perseverancia, Jesús se queda admirado, casi asombrado, por la fe de una mujer pagana». Por lo tanto, prosiguió Francisco, Jesús acepta diciendo: «¡Mujer, qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que quieres». Y a partir de ese instante su hija se curó. «Esta humilde mujer —explicó el Pontífice— es indicada por Jesús como un ejemplo de fe inquebrantable. Su insistencia en el invocar la intervención de Cristo es para nosotros un estímulo a no desanimarnos, a no desesperarnos cuando somos oprimidos por las duras pruebas de la vida. El Señor no se gira hacia otra parte ante nuestras necesidades, y, si a veces parece insensible a los pedidos de ayuda, es para poner a la prueba y fortalecer nuestra fe». Y añadió que «las mujeres son capaces de obtener cosas grandes, hemos conocido tantas de ellas».

Este episodio evangélico, precisó Jorge Mario Bergoglio, «nos ayuda a entender que todos necesitamos crecer en la fe y fortalecer nuestra confianza en Jesús. Él puede ayudarnos a encontrar la vía cuando hemos perdido la brújula de nuestro camino; cuando el camino no parece más plano, sino duro y difícil; cuando es agotador ser fiel a nuestros compromisos. Es importante alimentar día a día nuestra fe, con la escucha atenta de la Palabra de Dios, con la celebración de los Sacramentos, con la oración personal como "grito" hacia Él, y con actitudes concretas de caridad hacia el prójimo». Por ello invocó el Papa a la Virgen, para que nos haga cada vez más conscientes de nuestra necesidad del Señor y de su Espíritu; nos obtenga una fe fuerte, llena de amor, y un amor que sepa hacerse súplica valiente a Dios». Después saludó a «ustedes, queridos peregrinos italianos y de diferentes países. En particular, saludo a los miembros de la Asociación francesa “Roulons pour l’Espoir” (Paseo por la Esperanza), llegados en bicicleta desde Besanzón, a los nuevos Seminaristas con los Superiores del North American College de Roma; a los Clérigos de Rivoltella en Brescia y a los chicos de Zevio en Verona.A todos les deseo un buen domingo. Por favor, no se olviden de rezar por mí. Buen almuerzo y hasta la vista».

VATICAN/GIACOMO GALEAZZI

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