Sábado, Octubre 21, 2017

En consideración de...
El TLCAN y otras coyunturas
Julio Faesler

MTI/ Excelsior/Julio Faesler
Publicada: Agosto 12, 2017

No sólo hay que pensar en lo que le pueda suceder al TLCAN. El secretario Guajardo ha sido claro en indicar que las fronteras de México están abiertas para todos los que quieran comerciar con nosotros. Más aún, los invitamos a invertir en nuestro país y aprovechar las ventajas que ofrecemos como el país mejor ubicado del mundo

TEXCOCO.- Los doce tratados del libre comercio que hemos firmado en el curso de los últimos años nos relacionan con casi 50 países. Hemos suscrito además 32 acuerdos de promoción y protección de inversiones y nueve acuerdos latinoamericanos de complementación y de alcance parcial dentro de ALADI. Los acuerdos regionales que tenemos suscritos con Europa y el Caribe son paralelos a los que hemos suscrito en Centroamérica o en la Alianza del Pacífico.

Las negociaciones en que estamos participando en todos los continentes versan, precisamente, sobre cómo estimular tales intercambios. La coyuntura internacional actual nos es, contra lo que algunos pudieran creer, favorable.

La renegociación del TLCAN debe favorecer el desarrollo de nuestra industria, estimulando cadenas de producción para no quedarnos como simples armadores de piezas ajenas. El contenido nacional en nuestras exportaciones va desde casi inexistente en ciertas ramas a, cuando mucho, poco más de 30 por ciento en otras. Miles de trabajadores mexicanos podrían estar fabricando componentes para nuestra industria y para miles de otras plantas en todo el mundo.

Algunos aspectos del TLCAN tienen que afinarse, como el del proceso de solución de controversias, la estructura de patentes farmacéuticas o la reglamentación de compras estatales y sus proveedores privados. Hay que mejorar el sistema de contratación de mano de obra agrícola e industrial y relacionándola con el libre tránsito regional.

La presente vorágine de negociaciones comerciales ocupa a docenas de representantes del gobierno y de las cámaras empresariales que han de estar alertas a detectar las políticas económicas que los países más poderosos quieran en los tratados siguiendo sus propios intereses.

Debemos asegurarnos de que los intereses fundamentales de la población mexicana prevalezcan sobre intenciones que nos son ajenas, sean  gubernamentales o de las empresas dominantes en determinado ramo.

Nuestro pasado encierra enseñanzas. Un gran número de empresas formalmente mexicanas obedece a individuos o grupos cuyo único interés es el de la ganancia segura, sin preocuparse por contribuir al bienestar general.

Es aquí donde nuestro gobierno tiene el papel más importante. No hay porqué seguir cediendo nuestra visión de desarrollo nacional a manos de quienes no sintonizan con ella.

En las negociaciones donde, por razón de tamaño de economía y de población, somos socios importantes, debemos saber hacer valer nuestras perspectivas y no el dictado del logro inmediato que puede ser aparente. Los resultados de no haberlo hecho los tenemos en la extranjerización actual de la banca y de la industria automotriz o en las enajenaciones recientes de conocidas empresas mexicanas.

Como destacado miembro de la comunidad económica internacional, debemos dar ejemplo de las responsabilidades históricas que nos corresponden.

Lo anterior es particularmente oportuno ahora que se busca condensar las relaciones internacionales en esquemas multinacionales comunes que disipan individualidades nacionales uniformando tratamientos pasando por encima de lo de carácter local. Cualquier descuido del negociador puede provocar un desfase de objetivos en los acuerdos, que luego se traduce en problemas políticos.

En el escenario actual de relaciones económicas internacionales coexisten acuerdos bilaterales, regionales y de tipo intercontinental. En los primeros, los países contratantes definen los términos. Es en los acuerdos regionales y especialmente los intercontinentales, donde el negociador mexicano ha de evitar verse sometido a lo que equivaldría ser un contrato de adhesión. Si bien la multilateralidad nos defiende contra los abusos del socio más poderoso, los arreglos con docenas de países participantes tienen ese peligro.

México, duodécimo exportador mundial, decimotercero en PIB y población, va entrando en las ligas mayores. El momento es fascinante.

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