Viernes, Julio 28, 2017

“Arranquemos los espinos de los vicios que van contra Dios”

MTI/ Texcoco Mass Media/Juan Gabriel Cuevas P.
Publicada: Julio 16, 2017

El Papa Francisco durante el Ángelus. VATICAN//TEXCOCO PHOTO

El Papa durante el Ángelus comentó la parábola del sembrador: «Los ídolos de la riqueza mundana, el vivir con avidez para sí mismos, para el “tener” y el “poder”» ahogan el crecimiento de la Palabra. Una oración por la población de Venezuela

CIUDAD DEL VATICANO.- (Texcoco Press).-  Pequeños o grandes, cada uno tiene en su interior «espinos». Son todos esos «vicios» como la idolatría de la riqueza y la avidez de poder, esos «arbustos más o menos enraizados que no agradan a Dios y nos impiden tener un corazón limpio». «Hay que arrancarlos, de lo contrario la Palabra no da fruto», aconsejó el Papa Francisco durante el Ángelus de hoy en la Plaza San Pedro.

Comentando la conocida parábola del sembrador del Evangelio de hoy, Bergoglio habló sobre esos «terrenos» en los que Jesús, el buen sembrador que «no se impone, ma se propone», esparce «con paciencia y generosidad su Palabra, que no es una jaula o una trampa, sino una semilla que puede dar frutos. ¿Cómo? Si nosotros la recibimos». Jesús lleva a cabo una especie de «radiografía espiritual» de nuestro corazón, «que es que es el terreno sobre el que cae la semilla de la Palabra. Nuestro corazón, como un terreno, puede ser bueno, y así la Palabra da fruto, pero también puede ser duro, impermeable. Esto sucede cuando oímos la Palabra, pero ella nos rebota encima, al igual que sobre una carretera. Si nosotros arrojamos semillas sobre guijarros, no sale nada», añadió.

Entre el terreno bueno y el asfalto hay «dos terrenos intermedios», explicó el Papa, que «en diferentes medidas, podemos tener dentro de nosotros». El primero es un terreno pedregoso, «en el que no hay mucha tierra», por lo que la semilla «germina, pero no logra echar raíces profundas». «Así es el corazón superficial, que recibe al Señor, quiere rezar, amar y dar testimonio, pero que no persevera, se cansa y no nunca “despega”. Es un corazón sin espesor, donde las rocas de la pereza prevalecen sobre la tierra buena, donde el amor es inconstante y pasajero. Pero quien recibe al Señor sólo cuando tiene ganas, no da fruto».

El otro terreno es un terreno espinoso, «lleno de espinos que sofocan las plantas buenas». Pero, ¿qué representan estos espinos? «Las preocupaciones mundanas y la seducción de las riquezas» dice Jesús, «así explícitamente». «Los espinos son los vicios que están en desacuerdo con Dios —recordó el Papa—, que asfixian Su presencia: ante todo los ídolos de la riqueza mundana, el vivir con avidez para sí mismos, para el "tener" y el "poder". Si cultivamos estos espinos, ahogamos el crecimiento de Dios en nosotros. Cada uno puede reconocer sus pequeños o grandes espinos, los vicios que habitan en su corazón, los arbustos más o menos arraigados que no le gustan a Dios y que nos impiden tener un corazón limpio. Es necesario arrancarlos, de lo contrario la Palabra no da fruto».

Al final, el Papa Francisco invitó a todos a ver el propio interior, a «agradecer por nuestro terreno bueno y a trabajar en los terrenos todavía no buenos». «Preguntémonos —dijo— si nuestro corazón está abierto para acoger con fe la semilla de la Palabra de Dios. Preguntémonos si en nosotros las rocas de la pereza son todavía muchas y grandes; identifiquemos y llamemos por nombre a los espinos de los vicios. Encontremos el valor de hacer un bello saneamiento del terreno, llevándole al Señor en la Confesión y en la oración nuestras rocas y espinos. Haciéndolo así, Jesús, el Buen Sembrador, será feliz de realizar un trabajo adicional: purificar nuestro corazón, quitando las rocas y los espinos que ahogan su Palabra».

El Papa también invocó a la Virgen, a quien hoy la Iglesia celebra con el título de Beata Virgen del Monte Carmelo: que Ella, «insuperable en la acogida de la Palabra de Dios y en su puesta en práctica, nos ayude a purificar el corazón y a custodiar en él la presencia del Señor». Tras la oración mariana, el Papa saludó a los peregrinos reunidos en la Plaza San Pedro, en particular a los carmelitas, para que «puedan continuar por el camino de la contemplación», y a la comunidad católica venezolana en Italia, a la que garantizó «la oración por su amado país».

VATICAN/SALVATORE CERNUZIO

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