Viernes, Septiembre 22, 2017

Prácticas indecibles
Ciudad de agua
Rafael Pérez Gay

MTI/ Milenio/Rafael Pérez Gay
Publicada: Julio 12, 2017

TEXCOCO.- Llueve a cántaros y todo regresa de alguna extraña forma al origen de Ciudad de México, un inicio lacustre. El mercado de la Merced y sus alrededores fueron agua e islotes perdidos en ella. Esa zona era el oriente de Tenochtitlán. Hernán Cortés aprovechó los islotes para fundar la ciudad pese a las opiniones contrarias de sus capitanes. La primera construcción española fue una fortaleza, resultado de la audacia y la inteligencia de Cortés y sus conquistadores, donde se guardaron las armas, las municiones y los bergantines con los cuales derrotó a los mexicas.

A ese bastimento se le llamó Las Atarazanas. Fueron 13 los bergantines con los que Cortés atacó a los mexicas. Cuando en un exceso de ingenio e inocencia Cortés decidió partir a Las Hibueras con la intención de someter a Cristóbal de Olid hizo varios nombramientos; en Las Atarazanas nombró a Francisco de Solís como alcaide y capitán de Artillería.

Cuenta José María Marroquí que no fue éste el primer lugar donde el conquistador atracó sus barcos; en los días de la Conquista hubo otro, que corresponde al extremo oriental de la calle de Santa Teresa y principio del Hospital de San Nicolás, de donde provino que se le llamara Las Atarazanas Viejas y al de la Merced Las Atarazanas Nuevas.

Mientras una manga de vientos atrae una cortina de agua que pega sobre la ventana, recuerdo que en Ciudad de México todo es agua. La nueva ciudad que reconstruían Cortés y sus conquistadores se levantaba entre las acequias, cada una tenía pequeños puentes para cruzarlas, de ahí que abunden en las calles de aquella ciudad los nombres con la palabra puente. Así lo explicó Bernal Díaz del Castillo: “Son las calles de ella —Tenochtitlán— digo las principales muy anchas y muy derechas y algunas destas y todas las demás son de tierra y por la otra mitad, de agua, por la cual andan en sus canoas, y todas las calles, de trecho en trecho están abiertas por donde atraviesa el agua”.

La gran Calle de las Canoas corría a un costado de Palacio Nacional, en Puente de Leñas y terminaba en Hospital Real hoy Corregidora y Eje Central. Era un largo canal por el cual navegaban las canoas con flores, legumbres y pescado que se vendían en la Plaza Mayor.

Lo dicho: una ciudad de agua que cada época de lluvias busca el origen de sus sueños.

rafael.perezgay@milenio.com
Twitter: @RPerezGay

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