Viernes, Septiembre 22, 2017

El cardenal Ling: “Sigo siendo un cura humilde, abierto a la voluntad de Dios”

MTI/ Texcoco Mass Media/Juan Gabriel Cuevas P.
Publicada: Julio 08, 2017

Louis Marie Ling Mangkhanekhoun, obispo de Laos. REUTERS//VATICAN//TEXCOCO PHOTO

CIUDAD DEL VATICANO.- (Texcoco Press).- «Ahora soy un cardenal, pero sigo siendo un cura humilde. Seguiré haciendo lo que siempre he hecho: celebrar los sacramentos, visitar a las familias, seguir adelante cada día para que el Evangelio de Cristo sea comprendido por la gente de Laos, sobre todo por las personas de otras religiones, que son la mayoría en nuestro contexto. Somos una pequeña Iglesia que vive gracias a los dones de Dios, a su Providencia. Nuestro espíritu es el diálogo». Comienza de esta manera, en una conversación con Vatican Insider, el testimonio manso y pacífico de Louis Marie Ling Mangkhanekhoun, obispo de Laos que Francisco quiso incluir en el colegio cardenalicio, convirtiéndolo en titular de la Iglesia de San Silvestre in Capite de Roma.

Ling, de 73 años y perteneciente al grupo étnico kmou, minoritario en su país, se sintió también sacado «del fin del mundo» cuando el Papa Francisco lo nombró; y no duda al expresar su sorpresa: «Me di cuenta de que no se trataba de una broma cuando me llamó el Nuncio apostólico. No sé por qué el Papa habrá pensado en mí. Me acuerdo que cuando nos encontramos con él los obispos de Laos y Camboya en la visita “ad limina”, en enero de este año, Francisco apreció nuestro testimonio de pequeña Iglesia, a veces perseguida. Nos dijo que las comunidades como la nuestra son “la columna vertebral de la Iglesia universal”: esta es la idea de fondo que, creo, pudo haber motivado la elección de un cardenal de Laos».

Hay una expresión clave que aparece en las palabras de Ling y que lo acompaña mientras narra su difícil historia de fe, y es: «Hacer la voluntad de Dios». El obispo (que pertenece al instituto secular de derecho pontificio «Voluntas Dei») pronunció su «fiat» cuando se encontraba encarcelado por el régimen comunista (de 1984 a 1987) porque había visitado a un hermano en la cárcel (el otro vicario de Laos Tito Banchong). Con el mismo espíritu dice su «fiat» ahora ante la misión a la que el Papa lo llama: «Hace 30 años le pedí a Dios porque estaba en la cárcel; ahora le pido porque soy cardenal. Todo está en el plan de Dios. Él tiene la respuesta y confío en su voluntad. Ningún día o ninguna esperanza es inútil en la vida, o será desperdiciada. Sé que esta es su Providencia para mi vida, hoy como ayer. Para mi, la prisión fue una especie de “nueva consagración”, una vía para obedecer al Espíritu Santo. Y ahora también la púrpura es, para mí, un nuevo don del Espíritu, un nuevo Pentecostés para mi historia personal. Acogiendo la voluntad de Dios, uno queda con el corazón en paz».

Claro, su nombramiento es un evento histórico para Laos y no pasará inobservado: «Es cierto, para la pequeña comunidad de los bautizados en Laos es un hecho histórico, la gente todavía no se da cuenta y no comprende bien su significado, mucho menos lo comprenden los no cristianos. Por ello seré llamado a ser un puente, tanto de la Iglesia local como de la Iglesia universal. En el pasado, la Iglesia católica era considerada en nuestras tierras como un «producto europeo» y la fe cristiana era vista como una «religión extranjera», puesto que la trajeron los misioneros europeos. Pero hoy se comprende mejor, gracias al Papa Francisco, el primer Papa latinoamericano, que el Evangelio es universal, es un don para toda la humanidad y no pertenece solo a los occidentales. Ahora nos toca a nosotros, en Laos, conquistar el corazón de la gente, ser transparencia del Evangelio, que es un anuncio de paz y de amor para cada hombre».

El nuevo cardenal también se refirió a la condición de su país en el presente y de los fieles: «Hay que decir que, como obispos de Laos, nos animan mucho los últimos eventos: el 11 de diciembre de 2016 fueron beatificados en Vientiane los 17 mártires de Laos, y entre ellos, el primero de la lista, el padre Joseph Tien, joven sacerdote laosiano. La beatificación, en el centro de la capital Vientiane, fue un evento único para la Iglesia católica del país. Estamos animados pero seguimos siendo prudentes. Nuestra situación estructural es la de una pequeña minoría entre los no cristianos (los católicos son 45 mil en una población de alrededor de 6 millones, la mayor parte budista). Por ello, antes que nada, debemos estar unidos entre nosotros, humildes agentes de paz, debemos tener una atención por los pobres y los marginados, convertirnos en instrumentos de Cristo, que cuenta con nuestras manos y pies para actuar y caminar por las calles de Laos».

¿Habrá aspectos positivos en la relación con las autoridades civiles después del nombramiento cardenalicio? Según Ling «también el gobierno puede estar contento, puesto que se da visibilidad y lustre al país. No ocultamos las dificultades que todavía encontramos para las actividades pastorales. Mucho depende de las autoridades presentes en las diferentes provincias: en donde es más difícil (como en el norte o en el este de Laos) contamos mucho con la ayuda de los catequistas y de los laicos. Pero cada uno de nuestros pasos nunca entra en conflicto con las autoridades civiles, a las que siempre avisamos de nuestras actividades».

«Aceptamos nuestra situación —concluye Ling— y esto deja a nuestros corazones en paz. Esto es lo que significa confiar en Dios, en su gracia, incluso para nuestro apostolado. Nuestra fuerza es la fuerza de Jesús: cuando estamos en un momento difícil pienso en la experiencia de Cristo en el huerto de los olivos. En ese momento difícil, Jesús dijo al Padre “fiat voluntas tua”. Él es nuestro ejemplo. Esta es la clave de todo, para nosotros y para cualquier hombre: buscar la voluntad de Dios y ponerla en práctica».

VATICAN/PAOLO AFFATATO

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