Viernes, Julio 28, 2017

Amoris laetitia y cardenales críticos: “No es para hacer una pelea pública”

MTI/ Texcoco Mass Media/Juan Gabriel Cuevas P.
Publicada: Junio 28, 2017

El nuevo cardenal español y arzobispo de Barcelona, Juan José Omella. VATICAN//TEXCOCO PHOTO

  • Sobre retos y desafíos de la Iglesia católica, el debate en torno a la exhortación apostólica dedicada a la familia, la crítica de otros purpurados al documento papal y otros temas de actualidad

CIUDAD DEL VATICANO.- (Texcoco Press).- “¡Oiga usted, es su consejero, dígalo al Papa!”. Con una frase espontánea, simple y de marcado acento español, Juan José Omella sentó posición respecto de la polémica pública en torno a “Amoris Laetitia”, la exhortación apostólica de Francisco sobre la familia criticada por varios cardenales. El arzobispo de Barcelona es uno de los cinco nuevos purpurados elegidos por el pontífice. En una conversación con varios periodistas en Roma abordó diversos temas de actualidad. Y llamó al diálogo en el candente conflicto español entre Cataluña y Madrid.

¿Cómo se enteró que el Papa lo había elegido como cardenal?

El domingo 21 de mayo, yo estaba haciendo la visita pastoral en una parroquia y de pronto me llamó un arzobispo de España diciéndome: “Buenos días cardenal”. Yo le respondí que me dejase de tomar el pelo. Entonces me replicó que era verdad. Me quedé sorprendido, con cierto temor y temblor, no sabía qué hacer y qué decir.

¿Mucha responsabilidad?

Nunca soñé, ni ser obispo y mucho menos cardenal, lo digo sinceramente. Mi sueño cuando entré al seminario hace muchísimos años era ser misionero en África o cura de pueblo. En África estuve un año y como cura de pueblo unos 20, hasta que me llamó el arzobispo de Zaragoza a ser vicario episcopal. Pero ni lo pedí, ni lo busqué, ni lo imaginé nunca. Alguno me dijo que habiendo sido nombrado arzobispo de Barcelona podía pensar en el cardenalato pero no, porque el Papa Francisco nos sorprende siempre eligiendo cardenales de las periferias.

¿En qué cree que le cambiará la vida?

A los 71 años creo que el arbolito ya está hecho. Difícilmente voy a cambiar, voy a ser el mismo. No entiendo el cardenalato como un ascenso de categoría, de importancia, o escalar unos puestos de honor. Lo que se me pide ahora es un gran servicio a la Iglesia, pero como lo enseña el Papa quien va a lavar los pies a la cárcel, si bien es un signo de una vez al año es un símbolo de lo que quieres vivir: servir a la comunidad cristiana, al pueblo de Dios y a la sociedad. Eso exige morir a sí mismo, cuesta estar disponible todos los días, pero hay que hacerlo con generosidad.

Los cardenales que eligieron a Francisco eran mayoría europeos, ahora esa correlación se invirtió y la mayoría provienen de fuera del “viejo continente”, ¿está el Papa reformando el Colegio Cardenalicio?

La Iglesia universal está cada vez más creciendo fuera de Europa, eso se debe tener en consideración. No somos nosotros, Europa, el ombligo del mundo. Hemos tenido un peso específico en la historia del cristianismo, pero ahora vemos cómo crece la Iglesia, en número, en América Latina, en África y en Asia. El Papa está poniendo en evidencia esto. Ese carácter universal de la Iglesia es bien hermoso, lo ha tenido desde el primer momento y no puede perder esa identidad.

¿Cuál es su opinión sobre “Amoris Laetitia”? Especialmente sobre los casos difíciles mencionados en el capítulo 8.

La exhortación habla sobre todo del discernimiento, el caminar y acompañar con los matrimonios. Eso está en el Catecismo de la Iglesia, él lo ha puesto en evidencia, estaba apuntado ya en “Familiaris Consortio” (Juan Pablo II, 1981) pero lo ha desarrollado más el Papa Francisco. Como ya se dijo, está dentro de la moral tradicional. Por ahí debemos avanzar, acompañando a la gente en su proceso de búsqueda de Jesucristo, de encuentro con él, con la doctrina del evangelio y de la Iglesia. Cada uno tiene su camino y es importante estar junto a esas personas, porque no es todo blanco o negro.

¿Qué opina de las críticas de algunos cardenales a ese documento del Papa Francisco?

Los cardenales son los consejeros del Papa, a mí me gustaría que cuando no están de acuerdo en alguna cosa lo hablasen directamente con él, no es para hacer una pelea pública. Si dicen: “No estamos de acuerdo”, hay que hacer notar: “¡Oiga usted, es el consejero, dígalo al Papa!”. Esa obediencia al Papa, caminar con él y decirle lo que uno piensa es mucho mejor que hacer una polémica pública que no me parece adecuada ni edificante para el pueblo de Dios.

En medio del clima de enfrentamiento político entre Cataluña y el gobierno de Madrid, ¿qué puede hacer la Iglesia para rebajar la tensión? ¿El tema ha sido tratado en el Vaticano?

Los obispos en Cataluña hemos dicho siempre que lo más importante es avanzar por el camino del diálogo. En todos los ámbitos si no hay diálogo, hay enfrentamiento. Entonces favorezcamos el diálogo, evitemos la confrontación trabajando por el bien común. Esto lo debemos tener en cuenta en nuestros pensamientos personales, de grupo y políticos. Por encima de todo debe estar el bien común. Ese es el mensaje de la Iglesia, otra cosa es que nos puedan pedir ayuda. Eso depende de las partes, podemos hacer de mediadores en la medida que nos inviten y nos acepten. El Vaticano no nos ha dicho nada, pero aquí se sabe perfectamente lo que hemos dicho.

¿Qué significa para los catalanes tener un nuevo cardenal?

A los catalanes y los barceloneses, les agrada porque ven que tiene peso específico nuestra región y nuestra ciudad. Pero evidentemente no es sólo el cardenal para una ciudad o una diócesis, es para la Iglesia universal. El Papa ya busca cardenales de todo el mundo, pero nuestra preocupación debe ser de toda la Iglesia universal. Por mi trayectoria he tenido la posibilidad de estar en contacto con Iglesias de fuera de España, pienso que puedo aportar mi sensibilidad hacia ese mundo exterior.

¿Espera ver en los próximos años alguna noticia sobre la canonización de Antoni Gaudí?

Cuánto deseamos en Barcelona, sobre todo ahora que conozco más de su vida y obra, que pueda ser canonizado. Fue un laico, intelectual, arquitecto, que rompió esquemas y que abre a la trascendencia en el mundo de hoy. Gracias a su obra, gente que ni siquiera era católica se encontró con Dios. La causa avanza, ojalá pueda ser canonizado porque él nos propone descubrir a Dios a través de la belleza. Él quiso hacer de la Sagrada Familia la catedral de los pobres, lo hacía para dar trabajo a los pobres y construyó una escuela para ellos. Fue un hombre al cual, el amor a Dios, lo llevó al amor a sus hermanos. Díganme si eso no es para canonizar.

¿Qué desafíos fundamentales advierte ante sí? 

La familia está atravesando, al menos en Europa, momentos difíciles y complicados. Todo lo que sea ayudar, favorecer esa unión familiar creo que es un bien para la sociedad, la estabilidad familiar y la relación padres-hijos. Me parece muy importante también la pastoral juvenil. Los jóvenes están pasando un momento delicado, no encuentran trabajo, sentido de la vida en algunos casos. Ahí hay un gran desafío porque el futuro de la Iglesia y de la sociedad está en los jóvenes. Tenemos que trabajar mucho. Y luego tenemos el problema social: si toda la fe que profesamos no va unidad a las obras, a la ayuda y cercanía a los pobres, no tiene sentido. Si no encuentran en nosotros un ejemplo de acción caritativa, el esfuerzo de catequesis queda un poco vacío. Si amo a Dios que no veo y no amo a mi hermano que veo, mi fe es pobre, no vale.

VATICAN/ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ

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