Lunes, Diciembre 18, 2017

En consideración de...
Los tiempos cruzados
Julio Faesler

MTI/ Excelsior/Julio Faesler
Publicada: Junio 03, 2017

El anuncio hecho esta semana por el presidente Trump de retirar a su país del Acuerdo de París sobre el Cambio Climático firmado por 195 países exhibe cómo EU abdica formalmente de una de sus principales responsabilidades de cooperación internacional. Queda el vacío que China, con intenciones de ser el nuevo hegemón mundial, está preparado y presto para llenar. Rusia, a su vez, resuelto a reconstruir el poderío y predominio de que gozaba como Unión Soviética, sabrá aprovechar el hueco.

TEXCOCO.- La decisión de Trump, que recién explicar como rechazo al costo de membresía al “club”,  añade otro elemento al complejo escenario mundial de aspiraciones y estrategias nacionales. Muchos analistas dudan que, enajenándose aliados, el presidente norteamericano, pueda cumplir su propósito de “hacer de nuevo grande” a su país en lo económico, lo militar, lo político, en fin, en todos los órdenes imaginables.  Está por verse hasta qué grado la energía norteamericana es suficiente para mantener a  Estados Unidos en el nivel de predominio que Obama dejó.

Independientemente de Donald Trump y sus intemperancias, la suerte del mundo seguirá pasando por las decisiones que tomen Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia y China.

La historia la hacen los personajes que interpretan las circunstancias que los rodean y, aprendiendo de ellas, trazan, sin mayores consensos, el rumbo que ha de llevar la sociedad a la que pertenecen. Ejemplos de esta autarquía son las decisiones notoriamente personales que está tomando el Presidente de Estados Unidos en asuntos tan críticos como el programa de salud pública o la vigencia del TLCAN. Faltará ver si resultan geniales.

La coyuntura que Trump resolvió en materia de cambios de clima es transcendental, ya que Estados Unidos en mucho contribuye a las emisiones que alteran la capacidad de la tierra de digerir gases industriales venenosos. También lo será al debilitar los muy inestables equilibrios políticos y económicos internacionales que desde el fin de la Segunda Guerra Mundial se han construido. Los países de mediana importancia como México tendrán que ajustarse a cualquiera recomposición.

La decisión del Presidente norteamericano, sin embargo, es para muchos una señal inequívoca que confirma para ellos una señal evidente de cómo declina el occidente como factor central de los acontecimientos mundiales.

La primera reacción al retiro norteamericano del convenio de París es el acuerdo que esta semana se anuncia por el que China y la Unión Europea unen sus esfuerzos para hacer que el Convenio de París cumpla sus metas. La intervención china aparece salvando la situación.

Cualquiera transmigración de poder de occidente hacia el oriente tiene consecuencias. Atrás queda la vocación de propagar por todo el mundo las versiones norteamericanas de democracia. Superado el empeño por replicar por doquier la evolución capitalista y empresarial. Las injusticias sociales de nuestra era confirman que las fórmulas respetadas y adoptadas por la mayoría de los gobiernos siguiendo modelos empresariales no garantizan ni paz, concordia, ni prosperidad.

La búsqueda de nuevas rutas hacia el progreso compartido es el tema del día, tanto en los países ricos,  que constatan serios fracasos sociales, como en los pobres que examinan alternativas al tiempo que las necesidades populares aumentan.

En este cruce de alternativas, México tiene que escoger entre seguir como hasta ahora, atentos y dóciles al ejemplo que nos transmiten e imponen los países ya desarrollados, o dar un firme paso en adelante haciendo valer nuestras desaprovechadas potencialidades y abrir nuevas rutas con ánimo resuelto y creativo. Todo depende de la decisión que queramos tomar.

Hasta ahora, México ha estado estrechamente vinculado a Estados Unidos por razones de contigüidad y por su poder económico, militar y político. Nuestra singular ubicación entre dos mares y nuestra capacidad creadora invitan a nuestros empresarios a asociarse con otros, en nuevos horizontes, más allá de simples intercambios comerciales, entrelazando capitales y tecnologías.

Las novedades inesperadas que aparezcan en las interrelaciones internacionales no deben asustarnos. En ellas siempre aflorarán oportunidades para impulsar nuestro desarrollo nacional.  A ellas hay que responder desde el gobierno, el empresariado y las organizaciones de la sociedad civil para escoger con valentía e ingenio a las alternativas que los actuales tiempos, de señales cruzadas, nos proponen.

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