Sábado, Mayo 27, 2017

El Papa: Dios es un soñador que sueña la transformación del mundo

MTI/ Texcoco Mass Media/Juan Gabriel Cuevas P.
Publicada: Mayo 17, 2017

El Papa: Dios es un soñador que sueña la transformación del mundo. AFP//VATICAN//TEXCOCO PHOTO

  • «En su trayecto hacia el sepulcro se refleja la fidelidad de muchas mujeres que son devotas por años en los caminos de los cementerios»

CIUDAD DEL VATICANO.- (Texcoco Press).- «Nuestro Dios no es inerte, nuestro Dios, me permito la palabra, es un soñador: sueña la transformación de la Iglesia, y la ha realizado en el misterio de la resurrección». El Papa Francisco dedicó la catequesis de la Audiencia de hoy, 17 de mayo de 2017, a María Magdalena, que, mientras camina hacia el sepulcro de Jesús, «refleja la fidelidad de muchas mujeres que son devotas por años en los caminos de los cementerios». Cristo resucitado se le aparece llamándola por su nombre: «La revolución de su vida, la revolución destinada a transformar la existencia de cada hombre y mujer, comienza con un nombre que resuena en el jardín del sepulcro vacío», dijo Francisco. El Papa saludó a los familiares de las víctimas del Hotel Rigopiano, sepultado por una avalancha en el centro de Italia, que estaban presentes en la audiencia.

La primera que llega al sepulcro de Jesús, recordó el Papa, que en estos meses está desarrollando un ciclo de catequesis sobre la esperanza cristiana, fue María Magdalena: «En su trayecto hacia el sepulcro se refleja la fidelidad de muchas mujeres que son devotas por años en los caminos de los cementerios, en recuerdo de alguien que ya no está. Los vínculos más auténticos no son rotos ni siquiera por la muerte; hay quienes siguen queriendo, aunque la persona amada se haya ido para siempre. El Evangelio describe a la Magdalena poniendo inmediatamente en evidencia que no era una mujer de entusiasmos fáciles. De hecho, después de la primera visita al sepulcro vuelve desilusionada al lugar en donde los discípulos se ocultaban, refiere que la piedra no estaba en su sitio a la entrada del sepulcro, y su primera hipótesis es la más simple que se podría formular: alguien debe haber robado el cuerpo de Jesús. Así, el primer anuncio que María lleva no es el de la resurrección, sino de un robo que desconocidos habrían perpetrado, mientras toda Jerusalén dormía. Después, los Evangelios relatan un segundo viaje de la Magdalena hacia el sepulcro de Jesús. Era testaruda, ¿eh? –subrayó Jorge Mario Bergoglio–, no se convencía... Esta vez su paso era lento, muy pesado. María sufre doblemente: sobre todo por la muerte de Jesús, y después por la inexplicable desaparición de su cuerpo».

«Mientras se agacha cerca de la tumba, con los ojos llenos de lágrimas, Dios la sorprende de la manera más inesperada», porque ella «descubre el evento más sorprendente de la historia humana cuando finalmente es llamada por su nombre: “¡María!”. ¡Es muy bello pensar que la primera aparición del Resucitado según los Evangelios se haya dado de una manera tan personal! Que hay alguien que nos conoce, que ve nuestro sufrimiento y desilusión, que se conmueve por nosotros, y nos llama por nuestro nombre».

«Alrededor de Jesús –dijo Francisco– hay muchas personas que buscan a Dios, pero la realidad más prodigiosa es que, mucho antes, está, antes que nada, Dios que se preocupa por nuestra vida, que la quiere levantar, y para hacerlo nos llama por nuestro nombre, reconociendo el rostro personal de cada uno. Cada hombre es una historia de amor que Dios escribe en esta tierra: cada uno de nosotros es una historia de amor de Dios, a cada uno de nosotros Dios nos llama por nuestro nombre, nos conoce por nuestro nombre, nos mira, nos espera, nos perdona, tiene paciencia con nosotros, ¿es cierto o no es cierto?».

El Papa insistió en la particularidad del anuncio de la resurrección comunicado con el llamado personal, «María»: «La revolución de su vida, la revolución destinada a transformar la existencia de cada hombre y de cada mujer, comienza con un nombre que resuena en el jardín del sepulcro vacío. Los Evangelios nos describen la felicidad de María: la resurrección de Jesús no es una alegría que se nos da con gotero, sino una cascada que arrolla toda la vida. La existencia cristiana no está entretejida con felicidades suaves, sino con olas que lo arrollan todo. Ustedes también traten de pensar en este instante, con el bagaje de desilusiones y de derrotas que cada uno de nosotros lleva en el corazón, que hay un Dios cerca de nosotros que nos llama por nuestro nombre y nos dice: “Levántate, deja de llorar, porque he venido a liberarte”. Jesús no es uno que se adapta al mundo, tolerando que en él persistan la muerte, la tristeza, el odio, la destrucción moral de las personas... Nuestro Dios no es inerte, nuestro Dios, me permito la palabra, es un soñador, sueña la transformación del mundo, y la realizó con el misterio de la Resurrección». El Papa exhortó, para concluir su catequesis, a los fieles: «En la hora del llanto y del abandono, escuchar a Jesús Resucitado, que nos llama por nuestro nombre, y con el corazón lleno de alegría ir y anunciar: “¡He visto al Señor!”. He cambiado de vida porque he visto al Señor, ahora soy diferente, soy otra persona, porque he visto al Señor, esta es nuestra fuerza y esta es nuestra esperanza».

VATICAN/IACOPO SCARAMUZZI

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