Martes, Septiembre 19, 2017

La Estación
Otra vez
Gerardo Galarza

MTI/ Excelsior/Gerardo Galarza
Publicada: Mayo 14, 2017

Son tres hechos noticiosos que podrían no ocurrir, pero que siempre suceden: la explosión de polvorines, las inundaciones y los casos de fraude.

TEXCOCO.- Cualquier consumidor de información noticiosa, más o menos consuetudinario, sabe que en México hay tres noticias que nunca faltan en los medios de comunicación, incluidas, claro está, las declaraciones de políticos y funcionarios de cualquier nivel y pertenencia política.

Son tres hechos noticiosos que podrían no ocurrir, pero que siempre suceden: la explosión de polvorines (depósitos de pólvora para juegos pirotécnicos) con elevado número de muertos; las inundaciones y los destrozos que sus aguas causan en viviendas asentadas en los que fueron cauces de ríos, y los casos de fraude de presuntas financieras, cajas de ahorro irregulares y “pirámides” de dinero que ofrecen intereses y ganancias fáciles y muy superiores a las instituciones de ahorro y crédito formales y reguladas.

En México nunca falta ninguna de esas noticias a lo largo, digamos, de cualquier año. Y cada vez que ocurren, las autoridades federales, estatales y municipales lamentan los hechos, se dicen muy solidarias con los afectados y de inmediato anuncian medidas para que nunca más vuelvan a suceder esos “accidentes” o, en su caso, “desastres naturales”.

La noche del lunes 8 de mayo, 24 personas, entre ellas once menores, murieron y otras 22 resultaron heridas por una explosión de material pirotécnico en una casa de San Isidro, Chilchotla, Puebla, en la Sierra Madre Oriental, cuando se preparaban las fiestas patronales de mañana lunes 15 de mayo.

De inmediato, la Secretaría de Gobernación anunció que la Coordinación de Protección Civil, a cargo de Luis Felipe Puente Espinosa, giró instrucciones para emitir una Norma Oficial Mexicana para el manejo, traslado y almacenamiento de materiales explosivos en la producción de fuegos artificiales, de acuerdo con información publicada en Excélsior.

Hace poco menos de cinco meses, el 20 de diciembre pasado, en una explosión similar en el mercado San Pablito, en Tultepec, Estado de México, murieron 42 personas. El mercado, tradicional y regulado por las autoridades, había explotado en septiembre de 2016 con la destrucción de 280 de sus 300 locales; en esta ocasión no hubo víctimas. En ese mismo municipio, en marzo pasado hubo cuatro muertos.

El recuento de explosiones de polvorines en todo el país, y sus consecuentes muertos y heridos, resulta interminable. Peor: en los próximos meses, usted será informado de una nueva explosión en el polvorín con los muertos y heridos del caso.

Igual proceso “noticioso” ocurre con las inundaciones provocadas por fenómenos naturales, especialmente huracanes o lluvias torrenciales, cuyas aguas “buscan” sus cauces propios y arrasan con casas y colonias, construidas en lechos de antiguos ríos o arroyos, presuntamente secos, en los que se levantan colonias y casas irregulares, generalmente edificadas después de una invasión y toleradas por los gobernantes. Lo mismo con las denuncias de cientos de defraudados por financieras y cajas de ahorro “populares” o sistemas de ahorro “piramidales” que aparecen regularmente ofreciendo, en todos los casos, intereses y ganancias estratosféricas e inmediatas, en comparación con las que pagan la banca y las instituciones de ahorro y crédito reguladas legalmente.

Atrás de esos tres casos “noticiosos”, como en muchos otros de la vida nacional, además de la ambición y la ignorancia, están los dos grandes males —quizás los peores y quizás mortales— que padece México: la corrupción y la impunidad.

En las creencias populares, la corrupción y la impunidad están reservadas para los políticos y los gobernantes, los grandes empresarios y el crimen organizado. Aquel que se atreva a sugerir que en ellas pueden participar los ciudadanos comunes y corrientes, y mucho menos los de “pueblo bueno”, se expone al riesgo de, cuando menos, ser insultado o acusado de fechorías similares.

Sin embargo, los hechos son los hechos. Y la corrupción y la impunidad han invadido a México: gobernantes, gobernados e instituciones. Y la responsabilidad de combatirlas es también de todos. Una manera de atacarlas es no participar de ellas… aunque haya quienes lo hagan y la ambición sea mucha. No hay justificación, ni siquiera explicación.

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