Domingo, Julio 23, 2017

Acaba la era Gregorio, el Patriarca de la “Iglesia del Islam”

MTI/ Texcoco Mass Media/Juan Gabriel Cuevas P.
Publicada: Mayo 08, 2017

Gregorio III Laham. VATICAN//TEXCOCO PHOTO

Un caso emblemático del malestar «interno» que viven muchas comunidades cristianas del Medio Oriente. Los posibles candidatos a la sucesión y las emergencias, espirituales y pastorales, que deberán afrontar

ROMA.- (Texcoco Press).- Al final, el Patriarca Gregorio III Laham renunció. Ya no es él el Primado de la iglesia greco-melequita. Las modalidades bastante accidentadas de su salida del escenario confirman el carácter impetuoso del personaje. Pero también deja ver otros factores (a menudo olvidados) sobre el malestar «interno» que viven actualmente muchas comunidades cristianas en el Medio Oriente.

Patriarca vs. Sínodo

Papa Francisco hizo el el 6 de mayo la Sala de prensa vaticana difundiera la carta en la que advirtió a Gregorio III que aceptaba su renuncia, que le presentó el Patriarca en ocasión de una reciente audiencia, y presentó la suya como una decisión oportuna y necesaria «por el bien de la Iglesia greco-melequita». En la carta papal, se insiste intencionalmente en que la renuncia del Patriarca de 85 años fue «voluntaria», y no faltan los agradecimientos “protocolarios” para Gregorio, por haber «llamado la atención de la comunidad internacional sobre el drama que vive Siria».

En realidad, la renuncia del Patriarca es el resultado del enfrentamiento que se llevó a cabo entre el Patriarca y una mayoría cada vez más amplia entre los obispos melequitas. Según fuentes locales, justamente la Asamblea del Sínodo melequita habría presionado al Patriarca hasta que firmó, el pasado 23 de febrero, la carta de su renuncia. Pero después, el mismo Patriarca dio la impresión de querer congelar el proceso que desencadenó aquella firma: según un comunicado oficial del Patriarcado, difundido a principios de marzo, el Patriarca se habría quedado en su puesto y incluso se preparaba para poner en marcha «nuevos proyectos».

La «Iglesia del Islam»

Gregorio III siguió pocas veces los registros de la prudencia eclesial. Cuando era Vicario de Jerusalén, y se llamaba Loufti Laham, daban de qué hablar sus intervenciones a favor de los palestinos (recientemente se sumó a la huelga de hambre de los detenidos palestinos en las cárceles israelíes) y sus críticas contra las intervenciones militares occidentales en el Irak de Saddam Hussein. Solía decir: «Nosotros somos la Iglesia del Islam», y quedaban desorientados los teóricos del enfrentamiento entre un presunto Occidente «cristiano» y la Umma musulmana. Fue elegido Patriarca en 2000 y, como cristiano nacido en Siria, insistía en que «el Islam es nuestro ambiente, el contexto en el que vivimos y con el que somos históricamente solidarios», hasta tal punto que «cuando escucho un versículo de El Corán, para mí no se trata de algo extraño, es una expresión de la civilización a la que pertenezco». En su opinión, después del 11 de septiembre comenzó un proceso para eliminar progresivamente del mundo árabe a las comunidades cristianas, puesto que «nuestra simple existencia hace que no funcionen las ecuaciones según las cuales los árabes no pueden más que ser musulmanes, y los cristianos no pueden más que ser occidentales».

Desde que explotó el conflicto sirio, Gregorio III expresó inmediatamente sus sospechas sobre la matriz de las «primaveras árabes», y se perfiló a la cabeza de los demás altos jerarcas cristianos que estaban en mayor sintonía con la interpretación de los escenarios propuesta por el régimen sirio. En el verano de 2012 denunció una verdadera campaña en contra de los obispos y Patriarcas de las Iglesias sirias, acusados desde diferentes partes de someterse y convivir con el régimen: «La libertad de los pastores», afirmó en esa época Gregorio, «ha sido garantizada por todas partes y lo es hasta hot, tanto en relación con su comportamiento como con sus declaraciones públicas y privadas… No dejaremos que nadie hable en nuestro nombre o en nombre de los cristianos de Siria. No dejaremos que nadie manipule nuestras declaraciones para endosarnos acusaciones de cualquier tipo». Con la misma insistencia sostuvo iniciativas de reconciliación como las que promovió el movimiento inter-confesional Mussalaha, consideradas por la insurrección como operaciones de fachada fabricadas por el régimen.

Las raíces de la crisis

La distancia entre el Patriarca retirado y buena parte del Sínodo melequita no surgió alrededor de cuestiones políticas. También los obispos melequitas más críticos comparten bastante la lectura geopolítica de Gregorio sobre la tragedia siria. Y entre ellos no hay nadie que crea que Assad podría ser excluido de las negociaciones sobre el futuro de Siria. La raíz del enfrentamiento entre el Patriarca y los obispos melequitas es la gestión que Gregorio habría hecho de la Iglesia, por muchos considerada autocrática, tomando decisiones sin consultar a nadie y sin tener en cuenta la dinámica sinodal. Los críticos reprochan la falta de transparencia en la destinación de fondos recibidos y colectas en todo el mundo a favor de las comunidades locales, afectadas por la guerra. Además, muchos sacerdotes durante la guerra abandonaron Siria. En los discursos oficiales, el Patriarca incitaba a todos a que se quedaran en el país, para que no se vaciara de cristianos. Después, en diferentes ocasiones, ofreció apoyo a sacerdotes que migraban. Sobre todo, con razones comprensibles, si se trataba de sacerdotes casados, que dejaban sus tierras para salvar a la familia de la violencia y evitar un futuro obligatorio en el ejército a sus hijos.

La parálisis del Sínodo, que se extendió por lo menos durante dos años, influyó negativamente en la vida de muchas comunidades melequitas esparcidas por el Medio Oriente, con diferentes diócesis (como la Archieparquía de Petra y Filadelfia, en Jordania) que se quedaron sin obispo.

Las incógnitas tras la renuncia de Gregorio

Muchos obispos esperaban con impaciencia la renuncia del Patriarca Laham, pero no parecen tan de acuerdo con la elección de su sucesor. Durante la sede vacante, la Iglesia melequita será administrada por Jean Clément Jeanbart, obispo melequita de Alepo, quien tendrá que convocar, antes de que pasen dos meses, a la Asamblea sinodal para que elija a un nuevo Patriarca. Los candidatos a la sucesión son diferentes: entre ellos, el mismo Jeanbart, el Vicario de Damasco Joseph Absi y Cyril Salim Boutros, de 78 años, arzobispo melequita de Beirut y Jbeil. El nuevo Patrairca, sea quien sea, deberá afrontar sufrimientos y malestares que normalmente no aparecen en ese conformismo mediático que se aplica a la condición de las comunidades cristianas en el Medio Oriente. Emergencias espirituales y pastorales que no se resuelven a golpes de campañas e iniciativas para reunir fondos de alguna agencia occidental.

VATICAN/GIANNI VALENTE

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