Domingo, Julio 23, 2017

“La Iglesia debe escuchar las inquietudes de la gente”

MTI/ Texcoco Mass Media/Juan Gabriel Cuevas P.
Publicada: Mayo 04, 2017

Francisco. VATICAN//TEXCOCO PHOTO

CIUDAD DEL VATICANO.- (Texcoco Press).- Debe tener cuidado con «esos benefactores que después la defraudan». Pero, sobre todo, la Iglesia siempre debe estar «de pie y en camino, escuchando las inquietudes de la gente» y debe ser siempre alegre. Son las palabras que el Papa Francisco pronunció hoy, 4 de mayo, durante la misa matutina en la capilla de la Casa Santa Marta, según indicó la Radio Vaticana.

En los primeros ocho capítulos de los Hechos de los Apóstoles hay un resumen «de toda la historia de la Iglesia»: «La predicación, el bautismo, las conversiones, los milagros, las persecuciones, la alegría y también ese feo pecado de los que se acercan a la Iglesia para hacer sus negocios, esos benefactores de la Iglesia que después al final defraudan a la Iglesia», como Ananías y Safira. El Pontífice subrayó que Dios, desde el principio, acompaña a sus discípulos, confirmando la Palabra con signos milagrosos, sin abandonarlos ni siquiera en los momentos más difíciles.

El obispo de Roma meditó particularmente sobre tres palabras de la Primera Lectura de hoy, el capítulo VIII de los Hechos, y exhortó a leerlo en casa, con tranquilidad.

La primera expresión: «Levántate y ve», que dirige un ángel a Felipe. Es «un signo de consolación de la Iglesia, de hecho, es evangelizar, pero para lograrlo “levántate y ve”. No dice: “Quédate sentada, tranquila, en tu casa”: ¡no! La Iglesia siempre, para ser fiel al Señor, debe estar de pie y en camino: “Levántate y ve”. Una Iglesia que no se levanta, que no está en camino, se enferma».

El peligro que corre es sufrir traumas psicológicos y espirituales, quedarse «encerrada en el pequeño mundo de los chismes, de las cosas... encerrada, sin horizontes. Levántate y ve, de pie y en camino. Así debe actuar la Iglesia en la evangelización»; insistió.

El segundo concepto: «Sigue adelante y acércate a ese carro», palabras del Espíritu Santo a Felipe. Sobre ese carro había un etíope (de religión hebraica, eunuco, que había llegado a Jerusalén para adorar a Dios), que durante el viaje lee al profeta Isaías. Es la conversión de un “ministro de economía” y, por lo tanto, se trata de un “gran milagro”», dijo Francisco. El Espíritu anima a Felipe a acercarse a aquel hombre, y por ello el Papa insistió en el deber de la Iglesia de escuchar la inquietud del corazón de cada persona. Porque «todos los hombres, todas las mujeres tienen una inquietud en el corazón, buena o fea, pero está la inquietud». Hay que escuchar «esa inquietud. No dice: “Ve y haz proselitismo”. ¡No, no! “Ve y escucha”. Escucha es el segundo paso. El primero “levántate y ve”, el segundo “escucha”». Esa capacidad de «escucha: ¿qué siente la gente, qué siente el corazón de esta gente, qué piensa...? Pero, ¿piensan cosas equivocadas? Pero, yo quiero escuchar estas cosas equivocadas, para comprender bien dónde está la inquietud. Todos tenemos inquietudes dentro. El segundo paso de la Iglesia es encontrar la inquietud de la gente».

Sucede después que el mismo etíope, cuando se da cuenta de que Felipe se acerca, le pregunta a quién se refiere el profeta Isaías y lo invita a que se suba al carro; así, «con mansedumbre», Felipe comienza a «predicar». La inquietud de ese hombre encuentra, de esta manera, una explicación, una iluminación, que le da esperanza. Pero todo fue posible «porque Felipe se acercó y escuchó».

Mientras el etíope escucha, el Señor opera dentro de él, y así el hombre comprende que la profecía de refiere a Jesús. Como consecuencia, su fe en Cristo aumenta tanto que cuando llegan donde hay agua, le pide ser bautizado. «Fue él quien le pidió el Bautismo, porque el Espíritu había trabajado en su corazón», subrayó el Papa, y exhortó a dejar que trabaje el Espíritu en el corazón de la gente. Después del Bautismo, el Espíritu, «siempre presente», conduce a Felipe a otra parte, y el eunuco «lleno de alegría» sigue por su camino. Y el Papa subrayó también la «alegría del cristiano» que se difunde.

El deseo del Obispo de Roma es que la Iglesia esté «de pie, madre que escucha» y, «con la gracia del Espíritu Santo, encuentra qué Palabra decir». La Iglesia «madre que da a la luz muchos hijos con este método, digamos (usemos la palabra), este método que no es proselitista: es el método del testimonio a la obediencia. La Iglesia que hoy dice: “Alégrate”. Alegrarse, la alegría. La alegría de ser cristianos incluso en los momentos feos, porque después de la lapidación de Esteban, estalló una gran persecución y los cristianos se esparcieron por todas partes, como la semilla que se lleva el viento. Y fueron ellos los que predicaron la Palabra de Jesús».

Al final, una invocación: «Que el Señor nos dé la gracia de vivir la Iglesia así: de pie y en salida, escuchando las inquietudes de la gente y siempre con alegría».

VATICAN/DOMENICO AGASSO JR.

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