Sábado, Noviembre 25, 2017

“Dios no puede enternecer a quien solo conoce el lenguaje de la condena”

MTI/ Texcoco Mass Media/Juan Gabriel Cuevas P.
Publicada: Mayo 02, 2017

“Dios no puede enternecer a quien solo conoce el lenguaje de la condena”. AFP//VATICAN//TEXCOCO PHOTO

  • El Papa en Santa Marta: el Señor puede quitar un corazón de piedra y poner uno de carne. Hay que escuchar su Palabra y el «testimonio de obediencia» del Hijo

CIUDAD DEL VATICANO.- (Texcoco Press).- El Señor, con su ternura, puede enternecer los corazones duros, los de los que condenan todo lo que está fuera de la Ley. Los mismos que no saben que la ternura de Dios es capaz de quitar un corazón de piedra y poner en su lugar uno de carne. Lo afirmó Papa Francisco en la Misa de hoy, martes 2 de mayo de 2017, en la Casa Santa Marta.

El Pontífice, según indicó la Radio Vaticana, definió a San Esteban como «un testigo de obediencia», como Jesús, que hace la voluntad del Padre hasta la muerte, y justamente por este motivo es perseguido. El obispo de Roma reflexionó sobre la primera Lectura de hoy, el martirio de San Esteban: las personas que lo lapidan no comprenden la Palabra de Dios, y el primer mártir de la historia cristiana los llamó «testarudos», «hombres de dura cerviz , y de corazones nada circuncidados», y decirle a alguien «nada circuncisado», explicó el Papa, era como decirle «pagano».

Papa Bergoglio invitó a pensar en los diferentes modos en los que no se comprende la Palabra del Señor. Por ejemplo: Cristo llama a los discípulos de Emaús «tontos»: no es ninguna alabanza, obviamente, pero no es una expresión tan dura como la que utiliza Esteban. Ellos, de hecho, no entienden porque tienen miedo, no quieren problemas, temen «pero eran buenos, abiertos a la verdad». Y cuando el Hijo de Dios los regaña, dejan entrar sus palabras y sus corazones se calienten. En cambio, los que lapidaron a Esteban «estaban furiosos», no querían escuchar.

Esta es la tragedia de la «cerrazón del corazón y del corazón duro», reveló el Pontífice. Y lo explica también el Salmo 94, en el que se lee que el Señor amonesta al pueblo exhortándolo a no endurecer sus corazones, y después con el profeta Ezequiel, hace una «promesa bellísima», cambiar el corazón de piedra con uno de carne, es decir un corazón que «sepa escuchar» y «recibir el testimonio de la obediencia».

La dureza y la cerrazón de las mentes y de los ánimos «hace sufrir mucho, mucho, a la Iglesia –declaró–; los corazones cerrados, los corazones de piedra, los corazones que no quieren abrirse, que no quieren escuchar, los corazones que solo conocen el lenguaje de la condena: saben condenar; no saben decir: “Pero, explícame, ¿por qué dices esto? ¿Por qué esto? Explícame”. No: son cerrados. Saben todo. No necesitan explicaciones, observó con amargura el Papa.

Un corazón cerrado no deja que el Espíritu Santo entre, «en cambio, la Lectura de hoy nos dice que Esteban, lleno de Espíritu Santo, había comprendido todo: era testigo de obediencia del Verbo hecho carne, y esto lo hace el Espíritu Santo». Al contrario, «un corazón cerrado, un corazón testarudo, un corazón pagano no deja entrar al Espíritu y se siente suficiente en sí mismo».

Papa Bergoglio subrayó que los dos discípulos de Emaús «somos nosotros, con tantas dudas, tantos pecados», que a menudo «queremos alejarnos de la Cruz, de las pruebas», pero después «hacemos espacio para sentir a Jesús que calienta el corazón». Al otro grupo, a los que están «encerrados en la rigidez de la ley, Cristo habla tanto, pronunciando las palabras “más feas” de las que dice Esteban».

Francisco exhortó a ver la «ternura de Jesús: el testigo de la obediencia, el Gran Testigo, Jesús, que dio la vida, nos hace ver la ternura de Dios por nosotros, por nuestros pecados, por nuestras debilidades. Entremos en este diálogo y pidamos la gracia de que el Señor suavice un poco el corazón de estos rígidos, de esa gente que siempre está encerrada en la Ley y condena todo lo que está fuera de esa Ley. No saben que el Verbo vino en carne, que el Verbo es testigo de obediencia. No saben –concluyó– que la ternura de Dios es capaz de quitar un corazón de piedra y poner en su lugar un corazón de carne».

VATICAN/DOMENICO AGASSO JR.

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