Domingo, Julio 23, 2017

“¡El único extremismo admitido para el creyente es el de la caridad!”

MTI/ Texcoco Mass Media/Juan Gabriel Cuevas P.
Publicada: Abril 29, 2017

La Misa del Papa en el estaido de la Aeronáutica de El Cairo. AFP//VATICAN//TEXCOCO PHOTO

  • La Misa del Papa en el estadio de la Aeronáutica de El Cairo: «¡Cualquier acto de extremismo no proviene de Dios y no le gusta! Entre más se crece en la fe y en el conocimiento, más se crece en la humildad y en la conciencia de ser pequeños»

CIUDAD DEL VATICANO.- (Texcoco Press).- El Air Defense Stadium, conocido también como “Estadio 30 de junio”, forma parte de la Villa del Deporte de la Aeronáutica militar, que fue construido por el ministerio de la Defensa egipcio para celebrar las proezas de la defensa aérea durante la guerra contra Israel que concluyó en 1970. Papa Francisco, en el segundo día de su breve pero significativo viaje a Egipto, llegó hoy sábado 29 de abril al centro deportivo para celebrar la Misa. Al principio no estaba prevista en este lugar, pero se eligió para permitir una mayor participación de los fieles: el estadio puede contener hasta 30 mil personas. Están presentes los católicos egipcios de los diferentes ritos, pero también hay ortodoxos y musulmanes.

La liturgia se lleva a cabo con cantos en árabe e italiano. Frente al palco con el altar papal se eleva un drone blanco con una cámara de video incorporada. La misa también fue transmitida en vivo por el canal principal de la televisión egipcia.

El Papa pronunció la homilía en italiano y uno de sus dos secretarios particulares, el egipcio Yoannis Lahzi Gaid, iba traduciendo consecutivamente los pasajes al árabe. Francisco comentó el pasaje del Evangelio que narra el encuentro de Jesús resucitado con los discípulos de Emaús, que, observó el Papa, «no podían creer que el Maestro y el Salvador que había resucitado a los muertos y curado a los enfermos pudiera terminar clavado en la cruz de la vergüenza. No podían comprender por qué Dios Omnipotente no lo salvó de una muerte tan infame».

«¡Cuántas veces –añadió– el hombre se auto paraliza, negándose a superar su idea de Dios, de un dios creado a imagen y semejanza del hombre!; ¡cuántas veces se desespera, negándose a creer que la omnipotencia de Dios no es la omnipotencia de la fuerza o de la autoridad, sino solamente la omnipotencia del amor, del perdón y de la vida!».

Francisco afirma que «cuando el hombre toca fondo en su experiencia de fracaso y de incapacidad, cuando se despoja de la ilusión de ser el mejor, de ser autosuficiente, de ser el centro del mundo, Dios le tiende la mano para transformar su noche en amanecer, su aflicción en alegría, su muerte en resurrección».

«Quien no pasa a través de la experiencia de la cruz –explicó–, hasta llegar a la Verdad de la resurrección, se condena a sí mismo a la desesperación. De hecho, no podemos encontrar a Dios sin crucificar primero nuestra pobre concepción de un dios que sólo refleja nuestro modo de comprender la omnipotencia y el poder».

El Papa advirtió que «la experiencia de los discípulos de Emaús nos enseña que de nada sirve llenar de gente los lugares de culto si nuestros corazones están vacíos del temor de Dios y de su presencia; de nada sirve rezar si nuestra oración que se dirige a Dios no se transforma en amor hacia el hermano; de nada sirve tanta religiosidad si no está animada al menos por igual fe y caridad; de nada sirve cuidar las apariencias, porque Dios mira el alma y el corazón y detesta la hipocresía. Para Dios, es mejor no creer que ser un falso creyente, un hipócrita».

La verdadera fe, insistió el Pontífice, «es la que nos hace más caritativos, más misericordiosos, más honestos y más humanos; es la que anima los corazones para llevarlos a amar a todos gratuitamente, sin distinción y sin preferencias, es la que nos hace ver al otro no como a un enemigo para derrotar, sino como a un hermano para amar, servir y ayudar; es la que nos lleva a difundir, a defender y a vivir la cultura del encuentro, del diálogo, del respeto y de la fraternidad; nos da la valentía de perdonar a quien nos ha ofendido, de ayudar a quien ha caído; a vestir al desnudo; a dar de comer al que tiene hambre, a visitar al encarcelado; a ayudar a los huérfanos; a dar de beber al sediento; a socorrer a los ancianos y a los necesitados. La verdadera fe es la que nos lleva a proteger los derechos de los demás, con la misma fuerza y con el mismo entusiasmo con el que defendemos los nuestros. En realidad, cuanto más se crece en la fe y más se conoce, más se crece en la humildad y en la conciencia de ser pequeño».

A Dios, concluyó el Papa, «sólo le agrada la fe profesada con la vida, porque el único extremismo que se permite a los creyentes es el de la caridad. Cualquier otro extremismo no viene de Dios y no le agrada».

Por ello exhortó a no temer, «a abrir su corazón a la luz del Resucitado y dejen que él transforme sus incertidumbres en fuerza positiva para ustedes y para los demás. No tengas miedo a amar a todos, amigos y enemigos, porque el amor es la fuerza y el tesoro del creyente».

VATICAN/ANDREA TORNIELLI

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