Domingo, Junio 25, 2017

“La fe no es tanto la búsqueda de Dios sino su búsqueda de nosotros”

MTI/ Texcoco Mass Media/Juan Gabriel Cuevas P.
Publicada: Abril 19, 2017

Papa Francisco durante la Audiencia general. AP//VATICAN//TEXCOCO PHOTO

  • «No es una ideología, no es un sistema filosófico», sino que «nace de la resurrección» de Jesús, que «está aquí, en la plaza, con nosotros, vivo y resucitado»

CIUDAD DEL VATICANO.- (Texcoco Press).- El cristianismo «no es tanto nuestra búsqueda en relación con Dios – una búsqueda, en verdad, casi incierta – sino mejor dicho la búsqueda de Dios en relación con nosotros». Lo dijo Papa Francisco durante la Audiencia general de este miércoles, 19 de abril de 2017, en la que subrayó que «no es una ideología, no es un sistema filosófico, sino un camino de fe que parte de un evento, atestiguado por los primeros discípulos de Jesús», y «nace de la resurrección» de Jesús que, concluyó el Papa, «está aquí en la plaza, con nosotros, vivo y resucitado».

Jorge Mario Bergoglio reflexionó sobre la resurrección de Jesucristo, tal y como es narrada por San Pablo en la Carta a los Corintios, para proseguir con su ciclo de catequesis sobre la «esperanza cristiana»: «Hablando a sus cristianos –dijo a los fieles reunidos en la Plaza San Pedro, en la que soplaba un viento tramontano–, Pablo parte de un dato inopugnable, que no es el resultado de una reflexión de un hombre sabio, sino un hecho, un simple hecho que intervino en la vida de algunas personas. El cristianismo nace de aquí. No es una ideología, no es un sistema filosófico, sino un camino de fe que parte de un evento, atestiguado por los primeros discípulos de Jesús». Este «es el hecho: murió, fue sepultado, resucitó, apareció. Es decir: Jesús está vivo. Este es el nudo del mensaje cristiano». «Si, efectivamente, todo hubiera acabado con la muerte, en Él tendríamos un ejemplo de dedicación suprema, pero esto no podría generar nuestra fe. ¿Fue un héroe? No, murió pero resucitó. Porque la fe nace de la resurrección. Aceptar que cristo murió, y murió crucificado, no es un acto de fe, es un hecho histórico. En cambio, creer que resucitó sí. Nuestra fe nace la mañana de la Pascua».

San Pablo, subrayó Papa Francisco, «hace un elenco de las personas a las que Jesús apareció resucitado», y el «último de la lista (como el menos digno de todos) es él mismo, Pablo, que dice sobre sí mismo “como un aborto”. Pablo usa esta expresión porque su historia personal es dramática: él –recordó el Pontífice argentino– no era un clérigo, era un perseguidor de la Iglesia, orgulloso de las propias convicciones, se sentía un hombre hecho, con una idea muy límpida de qué era la vida con sus deberes. Pero, en este marco perfecto, sabía todo, un día sucede lo que era absolutamente imprevisible: el encuentro con Jesús resucitado en el camino de Damasco. Allí no había solo un hombre que cayó al suelo: había una persoba aferrada por un evento que le habría invertido el sentido de la vida. El perseguidor se convierte en apóstol. “Porque yo he visto a Jesús vivo, yo he visto a Jesús resucitado”. Este es el fundamento de la fe de Pablo, de los demás apóstoles, de la Iglesia, de nuestra fe. ¡Qué bello –dijo el Papa– pensar que el cristianismo, esencialmente, es esto! No tanto nuestra búsqueda en relación con Dios – una búsqueda, en verdad, casi incierta – sino mejor dicho la búsqueda de Dios en relación con nosotros.. Jesús nos ha tomado, nos ha aferrado, nos ha conquistado para ya no dejarnos. El cristianismo es una gracia, es sorpresa, y por este motivo presupone un corazón capaz de estupor. Un corazón cerrado, un corazón racionalista, es incapaz del estupor y no puede comprender qué es el cristianismo, porque el cristianismo es gracia y se percibe, se encuentra en el estupor del encuentro. Y entonces, aunque seamos pecadores, y todos nosotros lo somos, si nuestros propósitos de bien se han quedado solo en el papel, o si, viendo nuestra vida, nos damos cuenta de haber sumado muchos fracasos... En la mañana de Pascua podemos hacer como esas personas de las que habla el Evangelio: ir al sepulcro de Jesús, ver la gran piedra movida y pensar que Dios está realizando para mí, para cada uno de nosotros, un futuro inesperado. Ir a nuestro sepulcro, todos tenemos un poquito dentro. Ir allí y ver cómo Dios es capaz de resurgir desde allí. Aquí hay felicidad, alegría y vida, en donde todos pensábamos que había solo tristeza, derrota y tinieblas. Dios hace que crezcan sus flores más bellas en medio de las piedras más áridas. Ser cristianos –recordó el Pontífice– significa no partir de la muerte, sino del amor de Dios por nosotros, que derrotó a nuestra acérrima enemiga. Dios es más grande que la nada, y basta solo una vela encendida para vencer a la más oscura de las noches». En estos días de Pascua, concluyó Francisco, «llevemos este grito en el corazón. Y si nos preguntan el por qué de nuestra sonrisa dada y de nuestro compartir paciente, entonces podremos contestar que Jesús está todavía aquí, que sigue estando vivo entre nosotros. Está aquí, en la plaza, con nosotros –dijo Francisco entre los aplausos de los fieles–, vivo y resucitado».

Al final de la Audiencia, el Papa saludó, entre otros, a los decanos de la arquidiócesis de Mónaco de Baviera, acompañados por el cardenal Reinhard Marx, y dirigió un saludo cordial a los peregrinos de lengua árabe, «en particular a los que provienen de Egipto», a donde viajará a finales de abril, y del Medio Oriente: «Queridos hermanos y hermanas, Jesucristo nuestra esperanza ha resucitado, los exhorto a ver constantemente a Aquel que ha vencido a la muerte y nos ayuda a acoger los sufrimientos como preciosa ocasión de redención y de salvación».

VATICAN/IACOPO SCARAMUZZI

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