Lunes, Julio 24, 2017

Doble Fondo
El buen morir, ya...
Juan Pablo Becerra-Acosta

MTI/ Milenio/Juan Pablo Becerra-Acosta
Publicada: Abril 17, 2017

TEXCOCO.- Una existencia digna debiera ser derecho de todos, pero millones de pobres no han sabido lo que eso significa: el Estado les falló y la sociedad los ignoró.

Suponiendo que todos viviéramos dignamente, ¿qué sucede cuando enfermamos? Deberíamos tener garantizado un tratamiento adecuado. Asumamos que así fuera. ¿Qué pasa si una enfermedad se complica y postra a alguien en una cama tan indefenso como un recién nacido?

La posibilidad del buen morir es un derecho que debe estar plasmado en la Constitución.

Prolongar la vida de quien yace postrado en condiciones vejatorias no debería permitirse.

Hay planchas de quirófanos y camas hospitalarias humillantes porque se convierten en mazmorras de los avances médicos de nuestro tiempo. Son fríos lugares donde la dignidad puede extinguirse porque, en aras de implementar ciencias médicas más vanguardistas, esa dignidad puede ser pisoteada. Son sitios donde esa dignidad puede ser violada.

No digo que los médicos echan mano de sus conocimientos para humillar a los pacientes.

Los avances médicos permiten salvar miles de vidas pero ¿vale la pena siempre? La mayoría de sobrevivientes dirá que sí, pero ¿qué con los casos en que se aplicaron toda clase de medidas y la muerte derrotó a la medicina?

Imagine usted a una mujer o a un hombre que no puede ni ir al baño. A un ser invadido de sondas que huele mal porque no puede asearse ni el cuerpo ni la boca. Semidesnudo a la vista. ¿Qué están diciendo los ojos llorosos de un ser que no puede hablar porque tiene un aditamento que taladra su nariz y garganta? Una fauce extraña por donde drena la materia corporal durante horas y horas. ¿Qué dicen los ojos llorosos de alguien que se siente humillado porque todo el día lo ven vomitar por una sonda?

Cada quien tiene el derecho de luchar hasta donde quiera para vencer una enfermedad. Decidir a qué tipo de tratamientos se somete y durante cuánto tiempo. ¿Vale aceptar lo despiadado de algunas prácticas porque son efectivas?

Ese es el punto: la libertad.

Cada quien debe poder decidir si quiere estar equis días entubado por la nariz y garganta para que le sean extraídas excrecencias a fin de contrarrestar una oclusión. Cada quien debe decidir si quiere estar oliendo y tragando su propia mierda para luego expulsarla por un tubo. Cada quien debe decidir si quiere ser visto y observado así por la gente, hecho una piltrafa, despojado de su íntimo pudor y poder decidir si gasta decenas de miles o cientos de miles de pesos.

Y al final cada quien debe poder decidir su bien morir en caso de que la opción sea un tratamiento despiadado o indigno.

¿Cuándo y dónde morir en una situación así? Esto es lo que debería estar establecido ya en nuestras leyes. Vida privada, derecho fundamental.

Lo demás es inhumano.

Y business, claro...

jpbecerra.acosta@milenio.com
Twitter: @jpbecerraacosta

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