Lunes, Julio 24, 2017

Estilo de vida
La tumba vacía
Ron Rolheiser

MTI/ El Horizonte/Ron Rolheiser
Publicada: Abril 16, 2017

TEXCOCO, México.- Los creyentes y los no creyentes han estado discutiendo sobre la resurrección desde el día en que Jesús resucitó. ¿Qué sucedió realmente? ¿Cómo resucitó de entre los muertos? ¿Acaso un cadáver realmente volvió a la vida y salió de la tumba o la resurrección fue un evento monumental que cambió la vida dentro de la conciencia de los seguidores de Jesús? ¿O la resurrección fue ambos eventos: un evento físico real y un evento dentro de la conciencia de los creyentes?

Obviamente, nadie estaba allí para ver lo que realmente sucedió. Aquellos que afirmaban que Jesús estaba vivo de nuevo no lo vieron levantarse y salir de la tumba, lo encontraron sólo después de que él ya había resucitado y, de inmediato, creyentes y escépticos comenzaron a dividirse unos de otros, personas que afirmaron haberlo tocado y personas que dudaban de ese testimonio.

Ha habido escépticos y creyentes desde entonces y no faltan personas, teólogos profesionales y cristianos no académicos, que creen en la resurrección de Jesús como un evento de fe, mas no como un evento físico, un evento donde un cuerpo real salió de una tumba. El evento de fe es lo que es importante, afirman, y es incidental si el verdadero cuerpo de Jesús salió de la tumba o no.

¿Fue la resurrección de Jesús un evento de fe o un evento físico? Fue ambos. Para los cristianos es el acontecimiento más monumental, de fe y, por otra parte, en la historia. Los dos mil años posteriores no pueden ser explicados, excepto por la realidad de la resurrección. El entender la resurrección de Jesús sólo como un hecho literal, que su cuerpo se levantó de la tumba, es cortar a la resurrección de gran parte de su significado. Sin embargo, habiendo admitido esto, para los cristianos, la resurrección también debe ser un evento radicalmente físico. ¿Por qué?

Primero, porque los Evangelios son bastante claros al enfatizar que la tumba estaba vacía y que el Jesús resucitado era más que un espíritu o un fantasma. Vemos, por ejemplo, en el Evangelio de Lucas donde Jesús invita a un Tomás dudoso a verificar su ‘‘fisicalidad’’: ‘‘Mira mis manos y mis pies. Realmente soy yo. Tócame. Puedes ver que tengo un cuerpo vivo; un fantasma no tiene un cuerpo como éste’’.

Además, y muy importante, quitarle a la resurrección el hecho literal de que hubo una verdadera transformación física de un cadáver, es privarle de algunos de sus importantes significados y quizá de la raíz más profunda de su credibilidad. Para que la resurrección de Cristo tenga pleno significado, debe, entre otras cosas, haber sido un hecho físico brutal. Se necesita una tumba vacía y que un cadáver vuelva a la vida. ¿Por qué?

No como una especie de prueba milagrosa, sino debido a la encarnación. Creer en la encarnación y no creer en el carácter físico radical de la resurrección es una contradicción. Creemos que, en la encarnación, la Palabra se hizo carne. Esto lleva el misterio de Cristo y la realidad de la resurrección fuera del reino del espíritu puro. La encarnación siempre connota una realidad radicalmente física, tangible y palpable, como la vieja definición del diccionario de la materia: ‘‘algo extendido en el espacio y con peso’’.

Creer en la encarnación es creer que Dios nació en carne física real, vivió en carne física real, murió en carne física real y se elevó en carne física real. El creer que la resurrección fue sólo un acontecimiento en la conciencia de fe de los discípulos, por real o rica que pueda ser imaginada, es robar a la encarnación de su carácter físico radical y caer en el tipo de dualismo que valora el espíritu y denigra lo físico. Tal dualismo devalúa la encarnación y esto empobrece el significado de la resurrección. Si la resurrección es sólo un acontecimiento espiritual, entonces también es sólo un evento antropológico y no uno cósmico también. Ésa es una manera de decir que entonces es sólo un evento de la conciencia humana, en lugar de ser además un evento cósmico.

Sin embargo, la resurrección de Jesús no es sólo algo radicalmente nuevo en términos de conciencia humana; también es algo radicalmente nuevo en términos de átomos y moléculas. La resurrección reorganizó corazones y mentes, además, reorganizó átomos. Hasta la resurrección de Jesús, los cadáveres no volvían a la vida, permanecían muertos, así que cuando Él volvió a la vida hubo algo radicalmente nuevo, tanto a nivel de la fe como a nivel de átomos y moléculas. Precisamente, debido a su naturaleza física brutal, la resurrección de Jesús ofrece nueva esperanza, tanto a los átomos como a las personas.

Creo que Jesús fue resucitado de entre los muertos, literalmente. Creo también que este acontecimiento fue altamente espiritual: un acontecimiento de fe, de cambio de conciencia, de nueva esperanza que potencia una nueva caridad y un nuevo perdón. Así como también fue un evento en el que cambiaron los átomos y un evento donde un cuerpo muerto fue cambiado. Fue radicalmente físico, al igual que todos los eventos que forman parte de la encarnación en la que Dios toma carne real.

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