Miércoles, Junio 28, 2017

Estilo de vida
Nada es realmente nuestro
Ron Rolheiser

MTI/ El Horizonte/Ron Rolheiser
Publicada: Marzo 19, 2017

TEXCOCO.- Todo es regalo. Ese es un principio que en última instancia subyace a toda espiritualidad, toda moralidad y todo mandamiento. Todo es regalo. Nada puede ser reclamado como nuestro. Una genuina sensibilidad moral y religiosa debe hacernos conscientes de ello. Nada nos viene por derecho.

Esto no es algo que sabemos automáticamente. Durante una clase hace algunos años, un monje me comentó que, durante todos los primeros años de su vida religiosa, se sentía resentido porque tenía que pedir permiso a su abbot si quería algo: "Solía pensar que era tonto; yo, un hombre maduro, supuestamente un adulto, si quería algo tenía que pedírselo a un superior. Si quería una camisa nueva, tendría que pedirle al abbot permiso para comprarla. Pensaba que era ridículo que un hombre adulto se redujera a ser como un niño".

Sin embargo, llegó un día en que se sintió diferente: "No estoy seguro de todas las razones, pero un día me di cuenta de que había un propósito y una sabiduría en tener que pedir permiso para todo. Me di cuenta de que nada es nuestro por derecho y que nada puede ser tomado como propiedad. Todo es un regalo. Hay que pedir por todo. Necesitamos estar agradecidos con el universo y con Dios sólo por darnos un poco de espacio. Ahora, cuando le pido permiso al abbot porque necesito algo, ya no me siento como un niño. Más bien, me siento como si estuviera en sintonía con la forma en que las cosas deberían ser, en un universo orientado a los regalos en el que ninguno de nosotros tiene el derecho a reclamar en última instancia nada como propio.

Esto es sabiduría moral y religiosa; no obstante, es una sabiduría que va en contra del ethos dominante dentro de nuestra cultura y contra algunas de nuestras inclinaciones más fuertes. Tanto desde fuera como desde dentro, escuchamos voces que nos dicen: "Si no puedes tomar lo que deseas, entonces eres débil, y doblemente débil: En primer lugar, eres una persona débil, demasiado tímida para reclamar lo que es tuyo. En segundo lugar, usted ha sido debilitado por los escrúpulos religiosos y morales hasta ser incapaz de aprovechar el día. No reclamar lo que es tuyo, no reclamar la propiedad, no es una virtud, sino una falta".

Eran ese tipo de voces las que este monje estuvo escuchando durante sus años más jóvenes y por eso se sentía resentido e inmaduro.

Sin embargo, Jesús no hizo eco de estas voces. Los evangelios ponen muy claro que Jesús no buscaba tanto lo que es asertivo, agresivo y acumulativo dentro de nuestra sociedad, a pesar de la alabanza y la envidia que esto recibe, y percibir esto como admirable, como aprovechar sanamente el día. Dudo también que Jesús compartiera nuestra admiración por los ricos y famosos que reclaman, como por derecho, su excesiva riqueza y estatus. Cuando Jesús dice que es más difícil para un rico ir al cielo que para un camello pasar por el ojo de una aguja, podría haber mitigado esto agregando: "A menos que, por supuesto, el rico, como un niño, pida permiso al universo, a la comunidad y a Dios, cada vez que compra una camisa". Cuando Jesús nos dice que los niños y los pobres van más fácilmente al cielo, él no está idolatrando ni a su inocencia ni a su pobreza. Está idolatrando la necesidad de reconocer y admitir nuestra dependencia. En última instancia, no nos proveemos a nosotros mismos y nada es nuestro por derecho.

Cuando estaba en el noviciado oblato, nuestro maestro novicio intentó impregnar en nosotros el significado de la pobreza religiosa y nos hizo escribir dentro de cada libro que nos dieron las palabras latinas: "ad usum". Del latín: "para uso". La idea era que, aunque ese libro se te hubiese dado para tu uso personal, en última instancia tu no eras dueño de éste. Era sólo tuyo temporalmente. Luego nos dijeron que esto era válido para todo lo demás que nos dieran para nuestro uso personal, desde nuestros cepillos de dientes hasta las camisas en nuestras espaldas. No eran realmente nuestros, sino simplemente dados para nuestro uso.

Uno de los jóvenes de ese noviciado eventualmente dejó la orden y se convirtió en médico. Sigue siendo un amigo íntimo y una vez me comentó que hasta hoy, como médico, todavía escribe estas palabras, "ad usum", dentro de todos sus libros: "No pertenezco a una orden religiosa y no tengo el voto de pobreza; sin embargo, el principio que nuestro maestro novicio nos enseñó es tan válido para mí en el mundo como lo es para cualquier religioso profeso. Al final, no somos dueños de nada. Esos libros no son míos, de verdad. Se me han dado, temporalmente, para mi uso. ¡Nada pertenece a nadie y es bueno no olvidar nunca eso!".

No es malo que un adulto tenga que pedir permiso para comprar una camisa nueva. Nos recuerda que el universo pertenece a todos y que todos debemos estar profundamente agradecidos de que se nos dé un poco de espacio.

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