Jueves, Marzo 23, 2017

Agua de azar
Fila de filias
Jorge F. Hernández

MTI/ Milenio/Jorge F. Hernández
Publicada: Marzo 16, 2017

Uno nunca se aleja de la pátina lila de las jacarandas que siguen llorando por las tardes para que las calles lluevan morado melancolía y obispo memoria.

TEXCOCO.- Como personajes en fila, fijas las miradas en el incierto destino que se esconde al filo de la página en blanco de todos los días. Vamos en línea, cada quien con sus respectivos horarios y proyectos, en una ligera marea que parece inmóvil de sueños y propósitos convexos, cada quien murmurando las ideas y los rencores, la esperanza callada y los reclamos que se esconden en arrepentimientos. En el vaho de algunos labios entreabiertos y el humo despeinado de ciertas miradas, en la ligera sonrisa de los niños distraídos y la carcajada siniestra del delincuente impune, la hipócrita garganta de los políticos y la usura derramada en los bolsillos de los empresarios abusivos; así también en la melodía que murmura un flautista sin partituras y el animalito de barro que va moldeando con sus dedos un escultor de plastilina... así en todos, se va conformando el calendario de un marzo loco, trasatlántico y febril que parece reproducir todos los marzos de otros años pasados por raseros similares donde hemos resucitado de horrores e iniciado el hermoso amanecer de una página inédita.

Parece no avanzar la fila de los documentados e indocumentados que ahora llevan la estrella cosida al hombro, denunciados como ilegales por la saliva de la ira, y parece avanzar lentamente el orden callado donde se confunde la bondad con la inocencia. Al volante de vehículos viejos o al timón de trasatlánticos transparentes, todos esperan la bendición de un bolero que limpia de lodo los pasos de los penitentes y pecadores, el bálsamo simbólico de la buena intención que ilumina el propósito de vivir todos los días absolutamente al margen de las malas noticias de siempre y evadir así todo mal fario y contagio de corrupciones variadas y cotidianas, tan contagiosas que parecería que basta volver a formarse en la fila de todas las filias para confirmar que no hay alma impoluta o si acaso, muy pocas sábanas limpias en el estercolero generalizado de la realidad que nos rodea y sí, ya formados en la fila de todos los días vamos, cada uno en cada cual, intentando redactar el párrafo siguiente del inmenso libro de la vida que se empolva impalpablemente en la biblioteca del universo sabiendo que —bien a bien o a ciencia cierta— nadie sabe de veras qué viene a cuento. ¿Quién rinde las cuentas de los cuentos anónimos que no merecen tinta sino memoria? Acaso, habrá una clave en la callada mirada del anciano o en los juegos de los niños a solas, o en el espejo empañado de una vieja gasolinera donde alguien ideó la trama de un crimen o las palabras para una reconciliación o el mapa del tesoro que nadie alcanzará, y en la fila se van sumando las voluntades diversas de todos los personajes posibles que uno va viendo al paso sin detenerse a inventar debidamente sus biografías potenciales y sus circunstancias móviles para que alguien quiera filmar entonces el cortometraje de la eternidad o el cuento largo de todas las novelas o la novela de un cuentínimo o el epígrafe de un aforismo instantáneo que nos ayude a sobrevivir otras veinticuatro horas en el gran teatro de la vida por años que son instantes o segundos que se pintan al óleo en canciones viejas que alguien ha vuelto a cantar con tonalidades imprevistas e instrumentos electrónicos que reproducen el canto exacto de un ave.

Tanto delirio y tanto párrafo copiado directamente de lo que soy capaz de soñar en un avión que me trae de nuevo a México para confirmar en pocos días el estado inalterado de los afectos, las caras de mis más cercanos muertos y los fantasmas entrañables que me abrazan para recordarme que en realidad uno nunca se aleja de la pátina lila de las jacarandas que siguen llorando por las tardes para que las calles lluevan morado melancolía y obispo memoria, nazareno imaginación púrpura sangre real de las venas más valiosas de la memoria.

jorgefe62@gmail.com

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