Martes, Mayo 23, 2017

Upshot
Un consejo para Trump: pregúntele a un economista
N. Gregory Mankiw

MTI/ NY Times/N. Gregory Mankiw
Publicada: Marzo 15, 2017

ILUSTRACIÓN DOMINIC BUGATTO//NY TIMES//TEXCOCO PHOTO

NUEVA YORK / TEXCOCO.- Michael Flynn, quien se desempeñó por un corto periodo como asesor de seguridad nacional del presidente Trump, le dio al menos un excelente consejo.

Según reportes de prensa, Flynn recibió una llamada del presidente a las tres de la mañana. Trump quería hacerle una pregunta importante: ¿Qué es bueno para la economía, tener un dólar fuerte o uno débil?

Flynn tiene experiencia en el ejército, no en macroeconomía, así que respondió que no sabía. Le sugirió al presidente consultar a un economista.

Así de sencillo.

A juzgar por las personas con las que Trump ha decidido rodearse, parece que el nuevo presidente prefiere no hablar con economistas de carrera. Aunque quizá le tome tiempo, es probable que en algún momento por fin designe a los tres miembros de su Consejo de Asesores Económicos, como establece la ley. (Se dice que el presidente del consejo sería Kevin Hassett, del American Enterprise Institute. Una buena elección). Analicemos algunos aspectos que estos economistas podrían aclararle al presidente desde su primera reunión.

La economía en su conjunto está en buenas condiciones. A Trump le gusta decir que “heredó un desastre”. Esta afirmación podría describir el caso del presidente George W. Bush, quien asumió la presidencia tras la explosión de la burbuja de las “puntocom”. También podría aplicarse —y de manera muy precisa— al presidente Barack Obama, quien fue electo durante una crisis financiera.

Pero en este momento no aplica en absoluto. La tasa de desempleo es de alrededor del cinco por ciento, aproximadamente la cifra que muchos economistas consideran sostenible a largo plazo. Por su parte, la inflación es casi del dos por ciento, el objetivo de la Reserva Federal. Estos son hechos reales, no alternativos.

Trump podría intentar reducir aún más la tasa de desempleo a través de recortes significativos a los impuestos y un amplio gasto en infraestructura. Sin embargo, lo que menos necesita ahora la economía es una gran expansión en la demanda total de bienes y servicios. Esto podría producir un alza en la inflación o, lo que es todavía más probable, hacer que Janet Yellen, la presidenta de la Reserva Federal, decida aumentar las tasas de interés más pronto y a niveles más altos de los que planea por ahora.

Es probable que el crecimiento sea moderado en el futuro. Trump está en lo correcto cuando se lamenta porque el crecimiento durante la fase de recuperación actual ha sido bajo en comparación con los datos históricos. Pero puede ser muy difícil revertir las causas que han propiciado esta situación.

Una de ellas es la demografía. En décadas anteriores, el porcentaje que los adultos representaban dentro de la población económicamente activa iba en aumento, en parte debido a los cambios rápidos respecto al papel de la mujer dentro de la sociedad y en parte debido a que la generación nacida tras la Segunda Guerra Mundial comenzaba a llegar a la edad para ingresar al mercado laboral. Ahora, la mujer tiene un papel más estable y esa generación está en edad de jubilarse. Además, en vista del enfoque de “nacionalismo económico” del presidente, es muy poco probable que en el futuro se sumen tantos trabajadores inmigrantes como ha ocurrido en el pasado. Si el crecimiento en la fuerza laboral es más moderado, es esperable que el producto interno bruto también crezca a un ritmo más pausado.

Otro factor que contribuye a que el crecimiento económico sea más lento es el declive en el crecimiento de la productividad, un fenómeno que no solo se ha observado en Estados Unidos sino en la mayoría de las economías avanzadas. No se sabe a ciencia cierta por qué ocurrió esta desaceleración, pero hace poco escuché una explicación en un seminario que dio el economista Charles Jones de la Universidad de Stanford.

Según un artículo reciente de Jones y otros tres autores, el número de estadounidenses que se dedican a la investigación ahora supera en más de veinte veces el número que lo hacía en los años treinta. Y, sin embargo, en el crecimiento de la productividad no ha ocurrido una explosión similar. Su interpretación es que cada vez es más difícil tener grandes ideas. Por desgracia, nada indica que esta situación vaya a cambiar en el futuro próximo.

Sin duda, Trump puede tomar algunas medidas para promover el crecimiento. Sus planes de llevar a cabo una reforma fiscal y legislativa, si se ejecutan bien, podrían representar un avance en la dirección adecuada. Pero dadas las tendencias demográfica y tecnológica, debería actuar con cautela y no crear grandes expectativas sobre lo que puede lograrse solo con políticas.

No existe una solución sencilla para el problema de los salarios estancados que sufren los partidarios del presidente. La victoria de Trump se debe en gran medida al apoyo que le brindaron los estadounidenses blancos de clase trabajadora. De acuerdo con el Centro de Investigaciones Pew, Hillary Clinton obtuvo nueve puntos porcentuales más de votos de los electores que cuentan con una carrera universitaria, mientras que Trump ganó los votos de quienes no tienen título de grado por una diferencia de ocho puntos porcentuales.

Es fácil explicar esta división. Desde la década de 1970, el ingreso promedio de los ciudadanos con un nivel más alto de escolaridad ha aumentado en gran medida. En contraste, el ingreso de quienes tienen menos educación, ajustado por la inflación, se ha mantenido estancado. Para ellos, lograr que Estados Unidos sea grandioso de nuevo es un lema de campaña convincente.

La pregunta es si Trump puede alterar estas tendencias inquietantes. Unos cuantos economistas opinan que la principal causa del problema son los defectos de los tratados comerciales, como ha dicho en repetidas ocasiones el presidente. Un factor todavía más importante es el que los economistas llaman cambio tecnológico sesgado hacia el trabajo calificado.

Cuando los empresarios presentan tecnologías nuevas como robots, por ejemplo, lo más probable es que esos avances remplacen a los trabajadores menos calificados. Al mismo tiempo, se necesita a los trabajadores calificados para poner en marcha y mantener las nuevas tecnologías. Conforme baja la demanda de trabajadores no calificados y aumenta la demanda de los calificados, la brecha salarial se hace mayor.

La solución es ayudar a la fuerza laboral a adquirir más destrezas a través de una mejor educación y capacitación. Pero es más fácil decirlo que hacerlo.

Por cierto, hablemos del dólar. Por último, los economistas del presidente tendrán que responder la pregunta que este le hizo a Flynn respecto del dólar. La versión sencilla de esa respuesta podría ser algo así: el valor del dólar en los mercados de divisas es solo un precio. Al igual que otros precios, algunos ganan y otros pierden cuando cambian. No sirve de nada preguntarse si el hecho de que el dólar sea más fuerte o más débil es bueno o malo. Lo que hace falta es analizar la situación e identificar los factores que provocaron el cambio.

Estas son algunas de las cosas que un equipo de economistas podría aclararle a Trump. Esperemos que decida designarlos pronto.

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