Sábado, Abril 29, 2017

Bangui; los frailes a los prófugos: “Ustedes han sido un gran don”

Gabriel Cuevas para Alianzatex
Publicada: Marzo 09, 2017

Refugiados haciendo las maletas en Bangui. VATICAN//TEXCOCO PHOTO

  • Los prófugos del Carmelo han vuelto a sus casas. Durante tres años, en el convento de la periferia de la capital de República Centroafricana fueron acogidas más de 10 mil personas

BANGUI, República Centroafricana.- (Texcoco Press).- Ni siquiera era astrónoma — «Les agradecemos por no habernos abandonado. No lo olvidaremos nunca». Habían llegado con el terror de la guerra en los ojos y partieron con la alegría de sentirse amados y con la esperanza de la paz. Los prófugos del Carmelo de Bangui desmontaron las tiendas y se despidieron de los frailes que los acogieron durante tres años y tres meses. Gracias a un proyecto financiado por ACNUR, en colaboración con el gobierno centroafricano y otros socios, las personas pudieron volver a los barrios de la ciudad y retomar su vida normal, incluso con un pequeño incentivo económico.

Cuando el 5 de diciembre de 2013 por la mañana los Carmelitas les abrieron las puertas de su convento, no podían imaginarse que habrían escrito una extraordinaria página de acogida. «Huir o expulsarlos habría sido de bellacos. Comprendimos –dijo el padre Federico Trinchero– que teníamos que recorrer ese trecho juntos. ¿Por qué desaprovechar una oportunidad de este tipo? Acogerlos nos pareció inmediatamente lo mejor que podíamos hacer. Tal vez si nos hubieran dicho que los prófugos habrían sido miles nos habríamos espantado y nos habríamos negado. Desde el punto de vista humano y cristiano fue una experiencia que nos marcó profundamente y que recordaremos entre las más hermosas e intensas de nuestras vidas. No somos héroes. Cada uno hace su parte, día a día». Y se encontraron con más de 10 mil rostros, que al final se volvieron rostros familiares. «Algunos nacieron y murieron, otros se enfermaron y se curaron, encontraron trabajo o el amor de su vida, la fe o simplemente la fuerza para perdonar que habían perdido en los meandros de la guerra».

El campo para los refugiados, con su tierra roja, dura como el cemento, quedó desierto. «Nos habíamos acostumbrado y afeccionado de tal manera a su presencia, a sus exigencias y a su ruido, que hemos percibido una sensación de vacío y un silencio a los que ya no estábamos acostumbrados. Pero este capítulo intenso y extraordinario de la historia del Carmelo debía acabar. El sindicato de los niños protestó un poco, pero tuvo que rendirse ante las decisiones de los grandes. Comprenderán más adelante que no se crece bien en un campo para refugiados. Solo después de que nuestros huéspedes se fueron nos dimos cuenta de lo poblado que estaba y de todas las cosas, para evitar saqueos, se acumularon en las tiendas». Ahora trabajan para ordenar nuevamente todo, esperando que la estación de lluvias haga que crezca nuevamente la hierba. A la entrada de la propiedad siguen abiertos el mercado con su bar, el cine y un pequeño taller mecánico para los barrios limítrofes.

En enero de este año, los padres celebraron una Misa para agradecer los «beneficios de estos tres años: el Señor nunca hizo que nos faltaran ni su protección ni su providencia. Muchos de confesión protestante quisieron unirse a la Celebración. Concluimos la Misa sobre la colina que está en el centro de nuestra propiedad con la bendición de Bangui e implorando el don de la paz», que ya no es una utopía en el país que eligió el Papa para abrir el Jubileo extraordinario de la Misericordia.

Pero no hay que bajar la guardia. Si la situación ha mejorado en la capital, no se puede decir lo mismo sobre otras zonas, como Bocaranga o Bambari. «Pequeños grupos de rebeldes (no siempre bien identificables, a menudo rivales entre sí y poco claros en sus reivindicaciones) siguen llevando a cabo, desafortunadamente, acciones criminales, provocando víctimas inocentes, sembrando miedo y obligando a la población a abandonar los centros habitados. Con mucho esfuerzo, la misión de la ONU trata de frenar estos fenómenos que, se espera, tendrán que ser arrancados por completo para que todo el país (y no solo la capital) continúe con resolución por el camino de la paz y del desarrollo». No es el momento para abandonar a la República Centroafricana. «Hay toda una nación no que reconstruir, sino que construir por primera vez y no podemos hacerlo –fue el llamado final del padre Federico– sin el aporte de todos».

VATICAN/LUCIANO ZANARDINI

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