Viernes, Noviembre 24, 2017

“Crecemos en la fe sintiéndonos pecadores y volviendo a nuestras raíces”

Gabriel Cuevas para Alianzatex
Publicada: Marzo 02, 2017

Papa Francisco confesando en San Juan de Letrán, antes de su encuentro con los párrocos de Roma. ANSA//VATICAN//TEXCOCO PHOTO

  • En la meditación para los párrocos el Papa habla de Pedro: «¡Su fe de buen amigo, consciente de su poquedad y que confía plenamente en Jesús, nos suscita simpatía y nos confirma!»

CIUDAD DEL VATICANO.- (Texcoco Press).- Para crecer en la fe hay que hacer memoria de nuestras raíces, tener esperanza y reconocernos pecadores. Como hizo Pedro, cuya «fe puesta a la prueba» es la de quien «está consciente de su poquedad y confía plenamente en Jesús: ¡nos sucita simpatía y (esta es su gracia) nos confirma!». Papa Francisco se reunió con los párrocos de Roma en la Basílica de San Juan de Letrán. Comenzó con casi una hora de retraso su meditación cuaresmal, porque se detuvo a confesar a algunos de los sacerdotes presentes. Después tomó la palabra para hablar del «progreso de la fe en la vida del sacerdote», y dijo: «Si la fe no crece se queda inmadura, y hay víctimas humanas y también sacerdotales a medio camino, porque la fe no creció, no fue más allá y así, nosotros los sacerdotes, si tenemos una fe madura, capaz de generar fe en los demás con la paternidad, podríamos dañar y mucho. Pero si la fe crece, se hace mucho bien, mucho bien».

Tres puntos firmes

El Papa continuó resumiendo el amplio texto que había preparado e imprimido para la ocasión, que fue entregado a los presentes al final del encuentro. Los tres «puntos firmes», recordó, son la memoria, la esperanza y el discernimiento del momento. «Cuento con una promesa, es siempre importante recordar la promesa del Señor que me ha puesto en camino. Estoy en camino (tengo esperanza): la esperanza me indica el horizonte, me guía: es la estrella y también lo que me sostiene, es el ancla, anclada a Cristo. Y, en el momento específico, en cada encrucijada debo discernir un bien concreto, el paso hacia adelante en el amor que puedo dar, y también la manera en la que el Señor quiere que lo dé».

Crecer en la fe

Citando su exhortación “Evangelii gaudium”, «documento programático», Francisco recordó que siempre habla de maduración y crecimiento, en una «perspectiva dinámica». Y tomar esto en serio «implica que no sería correcto interpretar este llamado al crecimiento exclusiva o prioritariamente como formación (meramente) doctrinal», porque el crecimiento en la fe «se da a través de los encuentros con el Señor en el curso de la vida. Estos encuentros se custodian como un tesoro en la memoria y son nuestra fe viva, en una historia de salvación personal. Esto es importante, el crecimiento en la fe se da solamente cuando encontramos al Señor».

El punto firme de la Cruz

Para explicar cuál es el perno, Francisco usó una imagen deportiva: «Cuando hablo de puntos firmes o de “hacer perno”, la imagen que tengo presente es la del jugador de basket o baloncesto, que clava el pie como “perno” y hace movimientos para proteger el balón, o para encontrar un espacio para pasarlo, o para tomar vuelo y hacer canasta. Para nosotros, ese pie clavado al suelo, alrededor del que hacemos nuestro perno, es la cruz de Cristo. Una frase escrita en una pared de la Capilla de las Casa de Ejercicios de San Miguel (en Buenos Aires) decía: “Fija está la Cruz, mientras el mundo gira”, lema de san Bruno y de los Cartujos. Luego uno se mueve, protegiendo el balón, con la esperanza de hacer canasta y tratando de ver a quién pasarlo». La fe, añadió, «el progreso es el crecimiento en la fe, se basa siempre en la cruz, en el escándalo de la cruz».

La memoria

Es muy importante, continuó Bergoglio, «volver atrás y buscar las raíces de nuestra fe, a las personas que ayudaron a que nuestra fe germinara y creciera. A veces se trata de personas simples y cercanas que nos iniciaron a la vida de la fe». La historia de la familia «nunca pasa de moda. Parecerán viejos la ropa y los sombreros de los abuelos, darán risa cuando vemos las fotografías, las fotos tendrán color sepia, pero el afecto y la audacia de nuestros padres, que se gastaron para que pudiéramos estar aquí y tener lo que tenemos, son una llama encendida en cada corazón noble». Francisco dijo que es una cosa «verdaderamente revolucionaria» este «progresar hacia atrás, yendo a buscar nuevamente los tesoros y las experiencias que estaban olvidados y que muchas veces contienen las claves para comprender el presente». Una vez, añadió, «estaba haciendo ejercicios sobre la muerte y me costaba. Y me vino a la memoria un escrito que mi abuela tenía en su cómoda: “Ten cuidado, porque Dios te está viendo, piensa que morirás y no sabes cuándo”. En ese momento la oración siguió adelante, fueron las raíces las que me abrieron la puerta, la vía. El cristiano progresa siempre a partir de la raíz».

El discernimiento

El Papa dijo: «Es propio del discernimiento (y esto es importante) primero dar un paso hacia atrás, como quien retrocede un poco para ver mejor el panorama. Siempre existe la tentación en el primer impulso, que lleva a querer resolver algo inmediatamente. En este sentido creo que hay un primer discernimiento, grande y fundamental, es decir ese que no se deja engañar por la fuerza del mal, sino que sabe ver la victoria de la Cruz de Cristo en cada una de las situaciones humanas». Francisco advirtió frente a la «insidiosa tentación que llamo pesimismo estéril: una tentación que a nosotros los sacerdotes nos viene a menudo». Bergoglio después explicó que «la fe progresa cuando, en el momento presente, discernimos cómo hacer concreto el amor en el bien posible, mezclado al bien del otro». En este discernimiento «está implícito el acto de fe en Cristo presente en el más pobre, en el más pequeño, en la oveja perdida, en el amigo insistente. Creer que allí esta Cristo, discernir la mejor manera para dar un pequeño paso hacia Él, por el bien de esa persona, es progreso en la fe. ¡No es un acto de beneficencia!».

El ícono de Pedro y su fe

Francisco después presentó el ícono de Simón Pedro y su fe, que fue puesta a prueba, subrayando la paradoja según la cual aquel que debe confirmarnos en la fe es el mismo al cual el Señor reprocha su «poca fe» a menudo. La fe de Simón Pedro «tiene un carácter especial: es una fe que fue puesta a la prueba, y con ella él tiene la misión de confirmar y consolidar la fe de sus hermanos, nuestra fe. La fe de Simón Pedro es menor que la de muchos pequeños del pueblo fiel de Dios. Hay incluso paganos, como el centurión, que tienen una mayor fe en el momento de implorar la curación de un enfermo de su familia». Pero es una fe que progresa en la tensión entre los dos nombres (su nombre, Simón, y el que Jesús le da, Pedro). «Crece en la tensión entre estos dos nombres, cuyo punto fijo, el perno, se centra en Jesús. Tener dos nombres lo descentra. No puede centrarse en ninguno de ellos. Mantenerse Simón (pescador y pecador) y Pedro (Piedra y llave para los demás) lo obligará a descentrarse constantemente para girar solo alrededor de Cristo, el único centro».

Reconocerse pecadores para confirmar la fe

Francisco dijo que «humanamente, esta conciencia de tener “poca fe”, además de la humildad de dejarse ayudar por quien se sabe que puede hacerlo, es el punto de sana autoestima en la que radica la semilla de esa fe “para confirmar a los demás”». «Diría –añadió– que es una fe compartible, acaso porque no es tan admirable. La fe de uno que hubiera aprendido a caminar sin tribulaciones sobre las aguas sería fascinante, pero nos alejaría. Por el contrario, esta fe de buen amigo, consciente de su poquedad y que confía plenamente en Jesús, ¡nos suscita simpatía y (esta es su gracia) nos confirma! Este es un paso en el progresar en la fe».

Pecado y tentación hacen progresar

«También el pecado mismo tiene que ver con el progreso de la fe. Pedro cometió el peor de los pecados (renegar del Señor) y a pesar de ello lo hicieron Papa. Es importante para un sacerdote saber incluir las propias tentaciones y los propios pecados en el ámbito de esta oración de Jesús para que no falte nuestra fe, sino que madure y sirva para reforzar a su vez la fe de quienes nos fueron encomendados. Me gusta repetir –concluyó Papa Bergoglio– que un sacerdote o un obispo que no se siente pecador, que no se confiesa, se encierra en sí mismo, no progresa en la fe. Pero hay que tener cuidado para que la confesión y el discernimiento de las propias tentaciones incluyan y tomen en cuenta esta intención pastoral que el Señor les quiere dar».

Al final del encuentro Francisco anunció que le quería regalar a todos los párrocos presentes, además del texto con la meditación, el libro-entrevista con el confesor capuchino Luis Dri, titulado “No tener miedo de perdonar”. El volumen fue entregado a los sacerdotes a la salida de la basílica.

VATICAN/ANDREA TORNIELLI

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