Domingo, Julio 23, 2017

Los rostros de la misión

Gabriel Cuevas para Alianzatex
Publicada: Febrero 03, 2017

Sor Nathalie con las mujeres y hombres de los talleres de sastrería. VATICAN//TEXCOCO PHOTO

  • En primera línea en Burundi en la formación laboral y en el cuidado de la salud

MATONGO, Burundi.- (Texcoco Press).- Nathalie y Xavéra. Dos monjas, dos rostros que encarnan el esporti misionero de las Monjas de Santa Dorotea de Cemmo. En 1962 el Instituto religioso envió a las primeras misioneras a Argentina; en 1972, a Burundi, y después la presencia se extendió a Uruguay, Brasil, el Congo y Camerún. En la actualidad son 80 las religiosas comprometidas en las actividades misioneras apoyadas por la asociaciones que se inspiran en «Hacerse cercano» para expresar un estilo de acción misionera dentro del carisma educativo del Instituto.

Sor Nathalie es congoleña, trabaja en Burundi, en Matongo (por donde transitan los rebeldes que entran y salen de la selva). Ayuda a 70 jóvenes de entre 15 y 26 años a que aprendan un oficio y lleguen a alcanzar la autonomía: se trata de dos años de estudios entre cursos y laboratorios para aprender una profesión (corte y confección, cómo preparar jabón, informática…). Acompañamiento espiritual y educación a la vida. El eje es la condición femenina con el «problema cultural» de las mujeres que se casan muy jóvenes y que, además de soportar una mole de trabajo, dependen completamente de las autorizaciones de sus maridos. «Estas chicas necesitan sí, ayudas materiales, pero sobre todo necesitan escuchar la Palabra y ser aconsejadas sobre la vida cotidiana».

A pesar de todo, es posible «hablar de Dios». El fantasma de la guerra acecha en cada rincón, pero ahora «las personas a veces son capaces de perdonar a quienes han matado. La misericordia es vivida a veces verdaderamente». En Burundi hay dos tribus (hutu y tutsi) en perenne conflicto entre sí, pero «la gente de las periferias ha comprendido que vivir juntos siempre ayuda, por lo que están tratando de superar las heridas del pasado». Matongo es un pequeño pueblo periférico. Las personas recorren hasta 20 kilómetros para ir a la parroquia. Las monjas prosiguen con su compromiso (la catequesis, el «foyer», las manualidades y las actividades deportivas…) y las jóvenes se sienten acogidas. Viendo hacia el futuro, el objetivo es el de fortalecer los talleres para que, al final de la formación, las chicas puedan abrir pequeñas actividades comerciales. De lo contrario, el único oficio posible sería la agricultura.

Del trabajo a la salud. También en Burundi, pero en la parroquia de Murayi (a unos 25 kilómetros de Gitega), trabaja desde hace 12 años sor Xavéra. Trabaja en el centro sanitario como enfermera en un dispensario que fue construido en los años ochenta por las Doroteas. «Los enfermos —explicó— tienen miedo de ir al hospital porque no tienen dinero. Se quedan en su casa y se presentan al último momento. Hay enfermedades, como el Sida, que crean muchos marginados. Hay personas que pasan por los barrios para informar y sensibilizar sobre las enfermedades». La marginación comienza a disminuir y los ancianos son muy repetidos. En la experiencia de la enfermedad y del sufrimiento «veo la alegría y la esperanza de encontrar la cura. Cuando llegan los enfermos en situaciones muy críticas, leo en sus ojos la esperanza y encuentro la fuerza y la alegría para seguir adelante. Muchos, cuando entran, saben que tienen a disposición de las medicinas para curarse. Se necesita un trabajo capilar en la comunidad para comprender quién está mal. El Estado no ayuda, si no tienes dinero, mueres en tu casa. En el dispensario los costos son reducidos y en los casos más desesperados son completamente gratuitos». Y esto es posible gracias a la colaboración de la asociación ACISS (onlus) y al Instituto que se trabaja para comprender las exigencias del territorio de misión y a buscar el financiamiento necesario.

VATICAN/LUCIANO ZANARDINI

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