Domingo, Mayo 28, 2017

Defender a la familia no es homofobia

Alejandro Palafox Beristain para Alianzatex
Publicada: Junio 27, 2016

Padre Hugo Valdemar, director general de comunicación social de la Arquidiócesis de México. FOTO PROCESO//TEXCOCO PHOTO

CIUDAD DE MÉXICO.- (Texcoco Press).- Reproducimos el texto de la entrevista realizada al padre Hugo Valdemar, director de comunicación social de la Arquidiócesis de México, publicada por el semanario católico Desde la Fe.

Desde la fe (DLF): P. Hugo Valdemar, se ha desatado en la opinión pública –sobre todo en articulistas y activistas– una campaña para culpar a la Iglesia Católica por lo masacre ocurrida en Orlando, EEUU, perpetrada por un joven islamista, ¿cómo se explica esto?

P. HVR: Tan cobarde e injusto es matar inocentes –como fueron las 50 personas asesinadas en Orlando por un joven desquiciado–, como cobarde e injusto es culpar a inocentes de crímenes que no cometieron; en este caso, los inocentes somos los cristianos, la Iglesia Católica, que no tiene absolutamente nada que ver con un crimen de odio cometido por una persona fanática.

El asesino –cada vez va quedando más claro– era gay (http://bit.ly/28RzwNK) y comulgaba con el Islam (http://bit.ly/28LCeSs). ¿Por qué nos quieren ocultar que el crimen fue una cuestión totalmente gay, tanto en sus causas como en sus consecuencias? Imaginemos que esta persona hubiera sido cristiana o católica, entonces el linchamiento contra los creyentes hubiera sido peor. Lo cierto es que, nuestros perversos acusadores, no han hecho una sola condena al Islam, al radicalismo islámico del que se alimentaba ideológicamente el asesino; tampoco hemos oído un cuestionamiento al estado norteamericano que permite que cualquier persona pueda poseer armas, o a la industria armamentista que impunemente las vende y cuyo comercio causa un sinfín de muertes. De todo esto, nada, la culpable –según nuestros críticos– es la Iglesia por oponerse al matrimonio entre personas del mismo sexo.

DLF: ¿La Iglesia ha sido omisa en la condena a este acto terrorista?

P. HVR: En absoluto, no. El cardenal Norberto Rivera, a través de un duro comunicado, fue el primero en condenar lo que llamó un cobarde y brutal atentado, y fue enfático al recordar que “la Iglesia Católica rechaza todo crimen de odio, y nos recuerda que la vida es un don que bajo ninguna circunstancia o justificación se debe vulnerar”. Asimismo, el Papa Francisco se mostró consternado e hizo una dura condena, al igual que la Conferencia del Episcopado Mexicano; sin embargo, no vi ninguna condena de los grupos islámicos en México, o de los países musulmanes. ¿Muy extraño, no? Pero eso no cuestiona ni escandaliza a nuestros críticos.

DLF: Y entonces, ¿por qué culpan a la Iglesia Católica, en concreto a la mexicana, de lo acontecido en Estados Unidos?

P. HVR: Por dos razones: porque los lobbys gay y sus defensores, por cierto, la inmensa mayoría de los líderes de opinión, ven en los principios y valores de la Iglesia Católica su más importante adversario, el mayor obstáculo para alcanzar sus fines en cuanto a este tipo de legislaciones. Se han convertido en el nuevo Nerón, si Roma arde, es por culpa de los cristianos; si un desequilibrado mata a 50 personas en Orlando, la culpa es de los católicos, no del Estado Islámico. El odio a las personas con preferencias homosexuales, según ellos, está alimentado por la doctrina cristiana, pero resulta que el asesino no era cristiano. Cuando los masacró no confesó su fe en Jesús, sino en Alá; no se declaró soldado de Cristo, sino del Estado Islámico.

La otra razón es que, de forma muy perversa, vieron en este crimen una oportunidad para chantajear a la Iglesia Católica diciendo: ‘si te sigues oponiendo al matrimonio homosexual y a las adopciones de menores por parte de estas parejas, vamos a seguir diciendo que tu oposición genera odio a los homosexuales, azuza a la gente contra ellos, los lleva a la discriminación y a que sean asesinados’. Pero esta argumentación es absolutamente falsa e insostenible. ¿Quién, movido por su fe católica, ha matado a algún homosexual en México?, ¿cuántos crímenes han sucedido en el país contra estas personas por motivos religiosos? El asesinato ocurrido en Veracruz en un centro nocturno gay aún no ha sido aclarado; es decir, ni siquiera las autoridades han podido determinar las causas; así pues, ¿cómo pueden ser tan perversos en acusar a la Iglesia de estos crímenes por su oposición a este tipo de legislaciones?

DLF: Los acusan de utilizar un lenguaje de odio.

P. HVR: Yo reto a que lo demuestren; por ejemplo, están acusando al cardenal Norberto Rivera de incitar al odio. ¿En que acto lo hizo?, ¿en qué Misa?, ¿en que declaración pública o privada?, ¿en que documento lo ha escrito? Son calumnias, mentiras dichas a propósito con el fin de dañar la imagen de los obispos, no sólo la del Cardenal. Su finalidad es, sobre todo, influir en la opinión pública, de forma especial en los jóvenes, para que se queden con la idea de una Iglesia intolerante y malvada que no permite que las personas se amen libremente.

DLF: Argumentan que la doctrina católica, sus conceptos que rechazan los matrimonio entre personas del mismo sexo, constituyen un lenguaje de odio.

P. HVR: Si asumimos esa lógica, toda opinión que emita una persona en contra de otra, es odio; toda oposición es odio; todo desacuerdo es odio. Para estas personas, si yo digo que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados –siguiendo lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica–, estoy utilizando un lenguaje homofóbico; si yo predico que la unión de personas homosexuales, como si fuera una relación normal, es algo equivocado, y cito a san Pablo, eso también es odio, es homofobia, lo cual es ridículo. Entonces más bien lo que tienen estas personas es ‘cristianofobia’, un odio a Cristo, a su Iglesia, a la Biblia, y a todo aquel que se diga cristiano, sea católico o protestante.

DLF: ¿Qué es lo que pretenden con estas campañas de odio a la Iglesia?

P. HVR: Lo que buscan es marginar a la Iglesia de la vida pública, quieren meterle un complejo de inferioridad, de culpa; quieren llevarla a que prácticamente se avergüence de Cristo, de su Evangelio, de sus enseñanzas, de la moral cristiana. En el fondo es un ataque a la verdad de Dios y del hombre; a la verdad de Dios porque se le quiere hacer ver que se equivocó, que la creación no es buena como Él la hizo, sino que la verdadera creación es una creación alternativa, donde se niega la verdad del hombre; el hombre ya no es más varón y mujer, según la propia sexualidad que ha recibido, sino lo que cada uno decida ser, la sexualidad ya no es natural sino una elección que puede estar en contradicción con la propia genitalidad, la libertad consiste ya no en transgredir las leyes, sino en hacer nuevas leyes, en querer ocupar el lugar de Dios, y curiosamente, en querer destruir la razón, porque toda esta ideología de género no se sostiene en la razón. Este sí que es un pensamiento débil, líquido, carente de raciocinio, de ética, y dominado por el sentimiento. “Si se aman, ¿qué tiene de malo?” Es el argumento máximo de quién se cierra a la razón.

DLF: ¿Considera que la Iglesia debe callar para no deteriorar su imagen pública con estas campañas tan perversas?

P. HVR: La Iglesia no puede vender a su Señor por 30 monedas de plata y no puede callar; la Iglesia no vive de la imagen pública. A lo largo de su milenaria historia nunca lo ha hecho. La opinión pública, en nuestros días, generalmente se construye sobre el engaño, y la Iglesia se construye sobre la verdad, la verdad de Cristo y de su Evangelio; la Iglesia no está para contentar al mundo, el día que lo haga, empezará su fin. La Iglesia está para dar testimonio en el mundo y para combatir la mentalidad del mundo que lucha contra Dios y que busca la perdición de los hombres. Nos dicen las Sagradas Escrituras en la Carta de Santiago: “¿No saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios?” (St. 4,4) Nuestros detractores no deben tener miedo, pues la Iglesia no quita la vida a quienes no están de acuerdo con ella, más bien, la Iglesia da mártires que están dispuestos a morir por la verdad; la Iglesia, como Cristo, está para dar vida, no para quitarla.

DLF: Y si algún cristiano cree que puede despreciar a personas con tendencias homosexuales, o peor aún, quitarle la vida,  ¿se justifica?

P.HVR: Quien actúa así, simplemente no es cristiano, porque la fe en Jesús nos pide dar la vida, pero nunca quitarla; nos dice que nadie se puede acercar al altar si tiene algo pendiente contra su prójimo; es más, pide nunca devolver mal por mal, sino que exige que recemos por quienes nos odian, calumnian o persiguen. Nadie puede justificar el odio, la discriminación o el asesinato en nombre de Dios.

DLF: ¿Entonces la Iglesia no odia y discrimina a las personas con preferencias homosexuales?

P. HVR: La Iglesia no sólo no las odia, sino que las ama, quiere su salvación y su integración a la Iglesia que es madre; la Iglesia, por ejemplo, es la institución que más hace en el mundo por personas homosexuales enfermas de VIH-Sida. Ahí hay una prueba de que las ama. Hay que distinguir: se condena el pecado de homosexualidad como se condena el robo o el adulterio, pero la Iglesia por eso no odia ni al ladrón ni al adúltero, sino que a todo pecador le hace ver lo que es el pecado y sus consecuencias, y pide que se arrepienta y vuelva a Dios que siempre perdona, pero llamar mal al mal, pecado al pecado, o inmoral o lo inmoral, no sólo no es un lenguaje de odio, es un lenguaje de misericordia que advierte del peligro y la gravedad del pecado a fin de que la persona se arrepienta y se salve, y no se obstine y se pierda.

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